miércoles, 15 de diciembre de 2010

Con la muerte en la manga: El Derringer


Ted sonrió, mirando fíjamente los ojos del jugador de ventaja, como invitándole a que hiciera salir la derringer de la manga, mientras los dedos de su mano rozaban apenas su 45...

(M. L. Estefanía apócrifo)

Es un topicazo como tantos otros: el curtido aunque refinado tahúr del lejano oeste, con una manga llena de ases marcados y la otra con un derringer cargado, por su vienen mal dadas o si alguno de los “primos” que intenta desplumar se huele el percal y echa mano a la “artillería”... Y como todos los topicazos, poco tiene de verdad, que los fulleros, en la vida real, lo que preferían era tener a un “amigo” en la barra o en una mesa cercana, presto a intervenir con sus dos “razones” (calibre 45 y de seis tiros cada una) si alguien se ponía chulito. O, si iban solos, lo que tenían era una buena escopeta de cañones recortados junto a la silla, que es un argumento tan bueno como cualquier otro (era partidario de este sistema, entre otros, un sacamuelas tuberculoso de Tombstone llamado “Doc” Holliday, amigo de los hermanos Earp... pero de su historia ya hablaremos en otra ocasión)

Aunque a mediados del siglo XVIII ya pueden encontrarse pistolas de chispa de (relativo) pequeño tamaño y de dos a cuatro cañones, el antecedente del Derringer es sin duda alguna el modelo pequeño del revolver “Pepperbox” (Pimentera, caja de pimienta) fabricado tanto en Estados Unidos como en Europa a partir de 1837. De algo más de 20 cm. de longitud, constaba de cuatro a diez cañones (según los modelos). En cada uno de ellos se cebaba una bala, cuyo calibre podía oscilar entre el 22 (pequeño) al 36 (medio), según el tamaño del revólver. Era un arma muy rápida de disparar para la época, ya que, en una época en la que las armas eran de avancarga, (ya saben, chorrito de pólvora, apretar con la baqueta, echar la bala y luego disparar) el orgulloso portador de esta arma solamente tenía que apretar el gatillo, girar el tambor hasta colocar sobre el percutor otro cañón cargado y seguir disparando... Claro que, como todas las cosas de este mundo, tenía sus pegas... Podía ocurrir que al disparar una de las balas el fogonazo prendiera el resto de los cañones, con lo que el arma disparaba toda su munición a la vez... Y las más de las veces, cuando hacía eso, el arma explotaba, pues el tambor reventaba. Lo normal era, entonces, que el pistolero perdiera varios dedos, cuando no el uso de la mano entera...

La primera “Deringer” (con una sola “r”) se fabrica en Filadelfia en 1850. Su inventor, Henry Deringer, diseñó una pistola de percusión, avancarga y un disparo. Hasta aquí, lo normal. Lo que sorprende es su tamaño (15 cm) su poco peso (300 gramos) y el calibre de la bala que dispara: ¡43! Un arma pequeña y ligera, en suma, que se oculta fácilmente, que dispara una única bala capaz de hacer un agujero muy, muy grande... El arma se hizo pronto muy popular, y como el bueno de Henry no había patentado el modelo pronto el mercado se vio saturado de imitaciones, en especial las Beringer y las Derringer. Estas últimas evolucionaron posteriormente en un nuevo diseño: la pistola nudillera Derringer, apodada “Old Chap” (Amigo mío). De 10 cm. de longitud y medio kilo de peso, disparaba siete balas de pequeño calibre (cada una desde su correspondiente cañón, al igual que los modelos posteriores, aunque los accidentes “Pepperbox” eran ya mucho menos frecuentes). Su culata, al igual que el revólver “apache” francés (del que hablamos en el número anterior) tenía forma de nudillera (como últmo recurso, suponemos...)

Sea como fuere, este arma se hizo aún más popular que su antecesora, y dio nombre al modelo. Pronto los principales fabricantes americanos desarrollaron sus propias versiones del modelo “Derringer”: Sharp (famosa por sus rifles de gran alcance y grueso calibre) creó en 1859 un modelo de 12 cm. y 400 gr., de calibre pequeño (32) que disparaba cuatro balas. El arma se amartillaba tirando del cañón correspondiente hacia delante, sistema que copiaron sus dos competidores: Colt, que creó en 1870 un Derringer de 13 cm, 200 gr. y que disparaba una única bala del más que razonable calibre 41; y Remington, que desarrolló en 1866 el Derringer clásico por excelencia (y que se siguió fabricando sin cambios de diseño hasta 1935). 12 cm. de longitud, 300 gramos de peso, y dos cañones, cada uno con una bala del calibre 41.

Y ahora, barajemos de nuevo, señores...

5 comentarios:

  1. ¿Todavía recuerdas "La Balada del Español"?... ;)

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  2. No conocía yo la fascinante historia de las Derringers... y me ha encantado

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  3. Interesante. Muy interesante...

    Deduzco que las primeras "Pepperbox" de 10 cañones eran más bien poco fiables...

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  4. ¿Si la recuerdo Antonio? ¿La Balada? Al igual la arbitro de nuevo!!!

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  5. "La Balada del Español"... ¿y yo que aún no he conseguido hacerme con un ejemplar? >_<U

    Muy interesante el artículo, Ricard. :-D

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