martes, 25 de junio de 2013

Comiendo bíblicamente (Primera parte)




El Maná
            Y es que de desagradecidos está el mundo lleno... Andaba el Pueblo Elegido dando tumbos por el desierto, más perdidos que un pulpo en un garaje o un hippie en la Otan, y claro, sin nada que llevarse a la boca, y cuando va el buen Dios, se apiada de ellos y les da un alimento de fácil recolección y digestión... ¡Pues se quejan amargamente los muy cochinos!
            Quizá fuera (digo yo) porque con estuvieron a régimen estricto de maná y agua cuarenta años, y claro, a la larga todo cansa, incluso lo bueno. En Números 11 (versículos 4 a 6) se cuentan los amargos lamentos de "los advenedizos llevados por la gula" (sic), que suspiran por alimentos tan simples como pescado seco, puerro, cebolla, ajo... Lo que comían en Egipto, vamos.  Un poco más adelante en el mismo capítulo nos encontramos una descripción del maná en cuestión y cómo se comía: una semilla blanca parecida al cilantro que caía junto con el rocío, se recolectaba, se machacaba, se cocía la harina resultante en una olla y se hacían tortas dulces con él. ¿Y qué era realmente? Los que insisten en que la biblia es un libro histórico han creído ver el Maná en la resina del árbol del tamarisco, que los nativos del Sinaí llaman muy oportunamente man es-simma. Esta resina es parecida a la cera, se derrite con el calor del sol, es dulce y aromática al igual que la miel, es de un color amarillento... Hasta aquí perfecto. Pero... No se puede convertir en tortas. No es harinosa.
            Otro candidato al título de Maná es un liquen, el " Lecanora esculenta", que crece sobre rocas calcáreas y que cuando se seca puede ser arrancado por el viento, produciendo, literalmente "la lluvia de comida" de la Biblia. Los árabes acostumbran recoger este liquen y molerlo junto con el grano para hacer pan. Pero la Biblia no dice nada de añadidos, sino que el maná se molía solo... Y aunque de moler el liquen se hace, cierto es, una harina comestible, es de muy poca calidad y alimento...
            Por último no falta quien añade que el famoso Maná es la secreción anal dulce de la larva de la cochinilla, y añaden como prueba que hoy en día los naturales del Sinaí llaman a esta secreción "man", y la usan como edulcorante...
            Ejem...
            Qué quieren que les diga...
            Esto de buscarle tres pies al gato y terminar con que la preocupación de  Dios por el Pueblo Elegido se convierta en cagarrutas de insecto... Pues pienso que es peligroso, esto de tratar de explicarlo todo, haciendo encajar las pruebas a martillazos si es preciso. Que uno empieza con el Maná y termina explicándole a los niños lo del embarazo de una virgen debido a la fecundación de un palomo...
            ...Aunque, dicho sea en aras de la honradez,  la explicación más plausible que me han contado nunca sobre el ornitorrinco fue que nació de una orgía salvaje que se montaron un castor, un pato y una nutria en el arca de Noé...

Prohibiciones alimentarias
            Quizá a raíz de lo picajosos que se pusieron con el alimento celestial, Dios les impuso una serie de restricciones sobre qué comer... La lista completa está en el Deuteronomio, capítulo XIV, pero resumiendo, los judíos temerosos de su dios pueden comer todos los seres terrestres que tengan la pezuña hendida y rumien; todos los seres acuáticos que tengan aletas y escamas, y una lista muy específica de seres voladores. Si hemos de creer a los antropólogos (y lo cierto es que lo que dicen tiene sentido) esta clasificación no es arbitraria ni "por joder", sino que responde a unas necesidades sanitarias muy concretas: De los seres que los judíos tenían a mano, se excluyen así los carroñeros (tanto aves como cuadrúpedos) y los pescados raritos, que ni su padre conoce. Y el cerdo, que en climas tan cálidos es un portador de triquinosis con patas. Desgraciadamente, el mundo es más grande que la tierra de Canaán, por mucho que sea la Tierra Prometida, y su religión, aunque dictada con la mejor voluntad del mundo, ha impedido a los judíos de todos los tiempos degustar un montón de cosas ricas que pueblos menos elegidos degluten a dos carrillos: la langosta, el percebe, la ostra, las angulas, los calamares, la liebre, los caracoles... ¡Entre esto, y que nada más nacer ya les recortan el pito, no me extraña que los pobres tengan tan poco sentido del humor!

Próxima entrega: Lo que sí comían los judíos históricos.

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