domingo, 27 de marzo de 2016

Crónica macabra 4. Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas




De nombre completo Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, nació el 16 de octubre de 1821 en Eguilaz, pedanía del municipio de San Millán, en el nordeste de la provincia de Álava. Este asesino en serie acabó con la vida de por lo menos seis mujeres, cuatro de ellas prostitutas. A las tres últimas les causó mutilaciones post mortem, ganándose el sobrenombre de "Sacamantecas", en la creencia de que destripaba a sus víctimas para extraerles la grasa y fabricar untos, ungüentos y pociones con los que (según creencia popular) los ricos se curaban la tuberculosis (acusación que también se hizo a Romasanta, el "Lobisome" y a Enriqueta Martí "la Vampira"). Le hubieran podido llamar con más justicia "el destripador alavés", si no fuera porque los crímenes de Jack el Destripador sucedieron siete años después de su muerte (Garayo muere en 1881 y las cinco víctimas del Destripador mueren en 1888)


Era hijo de labradores, con antecedentes familiares de alcoholismo y malos tratos. Sin embargo, aunque estuvo casado cuatro veces y enviudó tres, no consta que maltratara a sus mujeres. Antes al contrario, parece que fue feliz (al menos con la primera). Mientras su vida conyugal fue normal, su temperamento se mantuvo en la normalidad: Era hosco, reservado, poco sociable y quizá demasiado amigo del vino, pero no pendenciero ni amigo de reyertas.



En abril de 1870, tras la muerte de su segunda mujer, cometió su primer asesinato:  una prostituta conocida con el mal nombre de "La Valdegoviesa" a la que estranguló y ahogó en la rivera de un arroyo llamado Errekatxiki. Allí la encontraron, desnuda y medio sumergida en el agua. Más tarde Garayo confesó que el motivo del asesinato fue una discusión sobre el precio de sus servicios: La prostituta pretendía cinco reales para satisfacer a Garayo, pero éste no quería darle más de tres.

Su segundo asesinato sucede poco menos de un año más tarde, el 12 de marzo de 1871. Se trataba de una viuda joven que ocasionalmente ejercía la prostitución. Fue encontrada estrangulada en Labizcarra, a cuatrocientos metros del anterior crimen. Según confesión del Garayo, el motivo del segundo asesinato fue el mismo que el primero: por no ponerse de acuerdo en la cantidad a pagar por sus servicios. Al poco, Garayo se casa por tercera vez, pero su mujer es enfermiza y apenas tiene con ella el sexo que necesita. Y por ello su demonio interior vuelve a estallar.

Su tercera víctima no es prostituta, sino una niña de apenas 13 años, que servía como criada en una casa en el pueblo de Gamarra Mayor. El 21 de agosto de 1872 el Garayo se cruzó con ella en la carretera de Ochadiano, y según su propia confesión verla le excitó tanto que no pudo resistirse: la atacó, la estranguló y la violó después de muerta.  

Sólo ocho días después tiene lugar su cuarto asesinato: el 29 de agosto de 1872 abordó a una joven prostituta de 23 años, que fue encontrada muerta bajo el puente de la Zumaquera. El motivo, según Garayo, el de siempre: una discusión por el precio. Pero esta vez es diferente: la muchacha se defiende con una aguja de pelo de más de 10 cm. con la que llega a herir a su agresor. Esto le enfurece, y después de matarla la apuñala con la propia aguja más de cuarenta veces. La prensa se hace eco de las habladurías de la gente, que hablan que el asesino de mujeres no es sino un "Sacamantecas".  

Se le atribuyen dos agresiones a mujeres que, afortunadamente, no terminaron en homicidio: en agosto de 1873, a una prostituta que al ser atacada empezó a gritar, alertando a unos soldados que estaban de guardia en el cercano Polvorín Viejo. El atacante se dio a la fuga. Un año más tarde, en junio de 1874 fue agredida una anciana, que se defendió y gritó, acudiendo en su ayuda dos mujeres que ahuyentaron al agresor. La descripción del atacante, en ambos casos, coincide con la de Garayo, (y con la de muchos otros, la verdad) aunque él siempre negó su implicación en ambos sucesos.

Sea por el susto de estar a punto de ser descubierto, o porque se arrepintiera de sus crímenes (como él aseguraba) está varios años sin actuar. El 3 de abril de 1876 muere su tercera esposa, y unos meses más tarde se casa con la que será la cuarta (y última): Juana Ibisate. No es un matrimonio idílico precisamente: Ella también es alcohólica y las peleas del matrimonio, sobre todo en lo referente a asuntos económicos, son constantes.

Se producen dos asesinatos más, cuya autoría también negó Garayo: el 2 de enero de 1878 fue encontrada muerta y mutilada una madre de familia de 55 años, en el camino entre Mendiola y Castillo, no lejos de Arechavaleta. Se achacó el crimen al famoso "Sacamantecas". Otro crimen similar, (que Garayo tampoco confesó), sucedió dos meses más tarde, el 28 de febrero de 1878: En su casa de Vitoria fue asaltada una niña de 11 años que le abrió la puerta a un "hombre viejo que preguntó si había en la casa algún cuarto vacio en alquiler". La atacó, abusó de ella y le causó varias heridas mortales en el vientre. Sin embargo la niña sobrevivió lo bastante para dar una descripción de su agresor antes de morir días después en el hospital. Fue apresado un vagabundo de 75 años, Venancio Sáez de Araga,  que fue identificado por la niña moribunda. Se sentenció a muerte y fue ejecutado en Vitoria en 1880. Muchos creyeron que él era el Sacamantecas. Pero la policía no pudo encontrar pruebas de que cometiera los otros crímenes.

El 1 de noviembre de 1878 Garayo vuelve a las andadas: en un molino en las cercanías de Vitoria intenta estrangular a la molinera, tras discutir violentamente con ella. Es una mujer grande y fuerte, así que puede zafarse, huir y denunciarle a las autoridades. El Garayo es detenido, pero no se le relaciona con los crímenes del Sacamantecas (¿cómo iba a ser, si lo habían ya capturado en Enero? Se achacó el conato de agresión a un ataque de furia en una discusión, y fue condenado solamente al pago de una multa en concepto de indemnización a la molinera y a dos meses de cárcel.

El 7 de septiembre de 1879 comete su quinto asesinato: Una joven soltera en la carretera entre Murguía y Vitoria. El Garayo la estrangula cuando se niega a tener relaciones sexuales con él. Y luego, haciendo honor a su mote de "Sacamantecas" le provoca terribles heridas en pecho y abdomen con una navaja. Pero se le ha acabado la suerte: Poco después dos vecinos de pueblos próximos que conocen a Garayo lo paran y charlan con él. No es muy listo, pero sabe que, con sus antecedentes de agresión a la molinera, será inmediatamente sospechoso del asesinato. Quizá por ello, en su desesperación, mata al día siguiente, 8 de septiembre, a una labradora de 52 años, que cuando va desde Araca a Nafarrate se refugia de la lluvia en un árbol hueco... donde coincide con el Garayo. Éste le propone tener sexo... Y la mata cuando se niega. Fue con la que se ensañó más: En lugar de estrangularla la mata a puñaladas, y aún viva la abre en canal.

Los temores de Garayo se confirman: el 21 de Septiembre es apresado por el alguacil Pio Fernández de Pinedo. En la cárcel, y con los brutales interrogatorios de la época, no tarda en confesar ser culpable de los seis asesinatos. En el juicio, que fue seguido con gran expectación, no le sirvió que alegara en su defensa que no sabía lo que hacía, que el demonio le había poseído y obligado a actuar. Tampoco sirvió la declaración del doctor José María Esquedo, que afirmaba que era un enfermo mental "un loco que no lo parece", según sus propias palabras. El juez dictó sentencia de muerte, y fue ejecutado públicamente por garrote vil el 11 de mayo de 1881.



Próxima entrega:  Los exorcismos de Mossén Cinto Verdaguer

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