domingo, 17 de julio de 2016

Otro final para nuestra guerra civil.



(Publicado originalmente como epílogo al libro "Mi única patria la mar", de Miguel Aceytuno)






            El tema surgió en una charla ociosa, una tertulia de café a la que tan aficionados somos mi buen amigo Miguel Aceytuno y un servidor. ¿Hubiera sido posible, no ya una victoria republicana (que es hipótesis que roza la ciencia ficción) sino una paz negociada, con condiciones? Una suerte de "Abrazo de Vergara" que pusiera fin a las hostilidades y que uniera de nuevo las dos Españas...
            Jum.
            Bueno, sí.
            De aquella manera, sí.
            Pero no se me alegren. No es una historia con final feliz. Piensen que el famoso "abrazo de Vergara" se entendió para muchos como "la traición de Vergara", y aunque puso fin a la primera guerra carlista, no solucionó el problema ni de lejos, que, luego tuvimos otras dos, de guerras carlistas...
            Pero a lo que íbamos. Situémonos en el contexto histórico:
            Primavera de 1938.Tras la anexión de Austria en 1938, Hitler se proclama defensor de los intereses de los Sudetes, (es decir, de la región de Checoslovaquia fronteriza con la Silesia Alemana y Sajonia, capital la ciudad balneario de Karlovy Vary, por si tienen curiosidad...). Esta zona había sido poblada por colonos alemanes en el siglo XIII, con el beneplácito de los reyes de Bohemia. La minoría germana (o no tan minoría, representaban cosa del 30% de la población total del territorio de Bohemia) se sentía bastante más alemana que checa, off course. El Partido Alemán de los Sudetes (de ideología nazi, como no) había reclamado en 1935 la formación de un Estado Federal en el que se tuviera en cuenta su particularidad nacional (y la de otras etnias de otras regiones, como las de los eslovacos, ya puestos). El gobierno central se negó. Con Hitler dando su apoyo a las reivindicaciones de los Sudetes, la cosa cambiaba, claro. Por otro lado, Checoslovaquia tenía firmado con Francia  un tratado de ayuda mutua en caso de invasión militar. También contaba, al menos sobre el papel, con los apoyos de la URSS y de Gran Bretaña. En septiembre se reúnen en Munich el primer ministro inglés, Neville Chamberlain, su homólogo en Francia Edouard Daladier y Adol Hitler, con Benito Mussolini como mediador. La noche del 30 se firman los llamados "acuerdos de Munich", en los que, sin consultar con Checoslovaquia, se acepta la desmembración del país. Ya se sabe, si hay peligro de muerte no parece tan grave la sodomización... En especial si el trasero que va a ser penetrado no es el propio.
            ¿Qué hubiera pasado si esta soberana y absolutamente humillante bajada de pantalones no hubiera tenido lugar? (O, al menos, si no hubiera sido tan absoluta). Supongamos que el meapilas (con perdón) de Chamberlain da un puñetazo sobre la mesa, planta cara a Hitler y éste la única concesión que obtiene es que Checoslovaquia iniciará un proceso hacia el estado federal aceptando las reivindicaciones nacionalistas de los Sudetes (es decir, que acepta las propuestas de 1935) ¿Hubiera ido Hitler a la guerra? Es discutible. No era tan fuerte como lo fue un año después, y el ejército de Checoslovaquia estaba mejor preparado que el de Polonia. Una actitud decidida por parte de los aliados le hubiera hecho detenerse,  al menos, de momento... (Aunque con Hitler todo son especulaciones)
            ¿Y eso de qué nos sirve a los españoles? Con aires de guerra en Europa en la primavera de 1938, el gobierno republicano lanzó la contraofensiva de la batalla del Ebro. Cuatro meses (casi cinco) de luchas encarnizadas, en una batalla primero de movimientos y luego de posiciones. Unas férreas defensas organizadas por el general republicano Vicente Rojo que se derrumbaron debido a la falta de suministros y a los ataques frontales ordenados por Francisco Franco, al que no le importaban demasiado, ni las vidas de sus hombres, ni las del enemigo. En el marco de una Europa más firme contra Hitler los vitales suministros para los republicanos no se hubieran quedado bloqueados en la frontera francesa y quizá el ejército del norte del general Franco se hubiera desangrado allí.
            ¿Triunfo republicano y gloriosa contraofensiva?
            Ni mucho menos.
            Con los dos bandos exhaustos, en noviembre o diciembre de 1938 podría haber sucedido lo que sucedió en marzo de 1939: Los mandos republicanos, hartos de una guerra ya sin sentido, se alzaron contra el gobierno de la república y se rindieron a Franco. La diferencia está en que se hubiera podido llegar a unas mejores condiciones. Amnistía para los combatientes republicanos, por ejemplo. Y para los miembros de la administración que no estuvieran relacionados con crímenes de guerra. El gobierno de la república se marcharía a un exilio dorado (como de hecho sucedió) y la represión posterior de la posguerra no habría sido tan cruenta.
            Y sí, ha leído bien, querido lector. la represión. la hubiera habido, aún con rendición pactada y con condiciones.
            Nuestra guerra civil no fue una guerra de nacionales contra republicanos. Hubo una tercera fuerza: Ellos se hubieran llamado el Pueblo, y no es mal nombre. Eran aquellos que querían acabar con los privilegios de las clases opulentas y hacer la revolución aprovechando el caos de la guerra civil. Organizaciones obreras comunistas, trotskistas, anarquistas... Milicias dirigidas por Durruti, Lacalle, DelRosal... Elementos incómodos para los dos bandos, y que, a estas alturas de la guerra, ambos bandos habían ya atacado (recordemos, en el bando republicano, los "hechos de mayo" de 1937, y la represión del gobierno republicano de Negrín contra anarquistas y comunistas no estalinistas.
            Por otro lado, Franco quería culpables. No porque fuera un hombre especialmente sangriento, sino porque, como buen gallego, era eminentemente práctico. La España de 1939 arrastraba un rosario de guerras civiles (afrancesados contra borbónicos, absolutistas contra liberales, carlistas contra isabelinos...). Muchas cuentas pendientes, mucho resabiado contra las instituciones, la iglesia y el caciquismo, mucha (demasiada) costumbre de echar mano a la navaja o la escopeta para solucionar los conflictos. La solución de Franco fue ahogar las reivindicaciones en un mar de sangre, silenciar toda oposición de una forma brutal. Pues el miedo, señores, es sin duda la mejor de las mordazas. En aras de la paz, la república habría entregado a "los rojos" a Franco. A modo de chivo expiatorio, o sacrificio, o como quieran llamarlo que les suene mejor.
            ¿Y luego? Bueno, más o menos lo que sucedió. Gobierno autoritario y militarizado. Apoyo a las potencias del Eje (que habrían acabado entrando en guerra con los aliados más pronto que tarde). País exhausto  que no puede colaborar al esfuerzo bélico de la causa germana. Boicot postguerra de los vencedores, suavizado por la nueva situación de guerra fría entre capitalistas y soviéticos.
            Quizá lo más significativo de este nuevo orden de cosas fuera que la famosa Resistencia francesa hubiera perdido muchos y muy buenos combatientes, ya que no tantos republicanos españoles hubieran luchado por la Francia Libre con la esperanza de que, luego, Francia defendiera la libertad de España.
            Ya se sabe, el mundo está lleno de ilusos.


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