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domingo, 29 de enero de 2017

Los santos prohibidos: 7 (de 7) La beata Bernarda (la del coño)


En esta serie he tratado de ser riguroso, tanto con la tradición eclesiástica como con la versión histórica de las vidas de los diferentes mártires. En esta última, permítanme que me aparte un poco del dogma, y adopte una perspectiva más "ludus iocandi".

Todos hemos oído hablar del famoso “coño de la Bernarda”, en sus acepciones “Esto parece el coño de la Bernarda” o “Esto es como el coño de la Bernarda”. ¿Pero quién fue la famosa Bernarda?

Dicen unos que fue una prostituta sevillana, tan solicitada que su vagina no conoció descanso y sus piernas sólo volvieron a cerrarse ya en el ataúd, una vez difunta. Otros precisan más y dicen que la tal Bernarda fue prostituta que ejerció en Alhucemas, hacia el final de la Guerra del Rif. Las tropas españolas desembarcaron en septiembre de 1925, pero no recibieron orden de avanzar hacia el interior de Marruecos hasta primavera de 1926, entreteniendo la espera con numerosas prostitutas entre las que destacó por su buen hacer la famosa Bernarda.

Sin embargo, corre desde finales del siglo XVIII otra tradición que sitúa a la tal Bernarda en un contexto completamente diferente, no ya como prostituta pecadora sino como santera beata y digna de entrar en el santoral. Esta tradición es la que recogió Manuel Talens en su novela “La parábola de Carmen la Reina” (publicada en 1992).

Según esta tradición, la tal Bernarda ejercía como santera en el pueblo de Artefa (¿quizá Artafe, en las Alpujarras? Aunque otras leyendas relacionadas dicen que estaba el pueblo por Ciudad Real, cerca de Sierra Morena). Unos dicen que se dedicaba sólo a sanar animales, otros que también lo hacía con personas. Sea como fuera, sus curaciones eran muy milagrosas. Pues era, claro, muy religiosa, pese a ser hija de moriscos, algunos dicen que hija natural ¡del rey musulmán Abén Humeya! Que ni en las fechas se ponen de acuerdo las diferentes leyendas, que mientras unos dicen que vivió por el siglo XV, otros la sitúan cien años más tarde, en el XVI.

La santidad le venía a la buena mujer, pásmese, nada menos que de su reverendísimo coño, que según unos metió en él la mano entera san Isidro Labrador (la versión del siglo XV) y según otros el arcángel San Gabriel (la versión del siglo XVI). Y parte de la sanación que tan milagrosamente ejercía consistía en tocarle el santo coño, suponemos que con el dedo, o la mano, que la tradición no lo especifica... Y claro está, a su muerte quedó incorrupto (el coño), y las buenas gentes de Artefa lo metieron en relicario de oro y enviaron mandado al Arzobispo de Granada para que se iniciasen los trámites con Roma, para que la hiciera santa. Pero volvieron los emisarios con la siguiente respuesta:

“Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la Inquisición a façer las pesquisas oportunas”

Y ante tal cerrazón y con el lógico miedo a las pesquisas de la Santa Inquisición resolvió el cura del pueblo esconder la reliquia, a espera de tiempos más propicios para su veneración. Y ahí sigue.

Y es más, la relación de todos los hechos de la beata (y su coño) quedó escrita para la posteridad en la obrilla “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa”



Y queden ustedes con Dios... que al igual yo me he quedado con ustedes.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Los santos prohibidos. 2 (de 7) San Cucufato, el buscador.



Según la tradición, nació en Scillium, provincia romana de Cartago, en el año 270 (y por ello en algunas imágenes se le representa con la piel oscura o morena, fíjese qué cosas...). Hijo de familia pudiente, fue enviado junto con su hermano Félix a Cesarea de la Mauritania para recibir una sólida educación. La recibieron... pero también entraron en contacto con las enseñanzas cristianas, se convirtieron y se hicieron diáconos de la Iglesia. Partieron a ejercer apostolado en la península Ibérica, Félix a Gerona, Cucufato a Barcelona. Aparentemente era un simple mercader, que pronto se hizo famoso en la ciudad por sus muchas obras de caridad con los pobres y necesitados, y que en secreto predicaba el evangelio (esto sí que es  predicar con el ejemplo y no como otros que yo me sé). Delatado como cristiano, el prefecto de Barcelona, Galerio, quiso que se retractara de la fe en Cristo (con la popularidad del mercader, hubiera supuesto un mazazo importantísimo contra esa peligrosa secta de adoradores de un judío muerto). Para "convencerle" doce soldados, lo azotaron por turno desgarrándole las carnes. Finalmente lo ejecutaron abriéndole en canal y sacándole las tripas, dejándole agonizar. Esa noche los doce soldados se quedaron ciegos, y el prefecto, murió. No así Cucufato, que muy mañoso él se cosió de nuevo el vientre con un cordel.
El sustituto del prefecto se llamaba Maximiano, y era un hombre práctico: Lo que no había hecho el hierro, lo haría el fuego. Y ordenó que asaran a Cucufato a la parrilla, bien untado con vinagre y pimienta (que era carísima en aquellos tiempos, a saber de dónde la sacó). Una repentina ráfaga de viento, posiblemente soplo del Señor, apagó las llamas, no sin antes churruscar a los verdugos de Cucufato. ¿Y el prefecto Maximiano? Pues murió también, rodeado de llamas, mientras sacrificaba en el templo de Júpiter. Dicen que la estatua del dios se hizo pedazos simultáneamente...
El sustituto del sustituto de prefecto se llamaba Rufo, y se abstuvo de florituras: mandó llevar a Cucufato a un cuartel militar llamado Castrum Octavianum, cercano a la ciudad de Barcelona, y allí lo hizo degollar sin mayores ceremonias. Era el 25 de Julio del año 304. Donde se alzaba el cuartel se construyó con el tiempo un monasterio con el nombre del santo mártir, y alrededor de él una ciudad que llevó igualmente su nombre: San Cugat (Cucufato en catalán)

Históricamente el nombre de san Cucufato aparece por primera vez citado en el canto IV del Peristephanon, donde textualmente dice:  "Y tú, Barcelona, te levantarás confiada en el eximio San Cucufate". El autor, Prudencio, escribió el texto hacia el 380, y otros mártires que cita han demostrado ser históricos. De eso se basan algunos para afirmar que todos (Cucufato incluido) lo son también.
Sea como fuere a partir del siglo V ya existe una basílica con los restos del santo, que en el siglo VII se convirtió en monasterio, destruido por los musulmanes y reconstruido entre los siglos IX y XIV. Permaneció activo hasta 1835 y es visitable (y recomiendo la visita, la verdad). Se supone que las reliquias del santo que se guardaban en la arqueta (puede admirarse en el museo diocesano de Barcelona) no estaban completas:  Fulrado, abad del monasterio de San Denis, se procuró algunas (dicen que la cabeza) y las depositó en un monasterio fundado por él en Alsacia. Su nombre original era La Celle-de-FuIrad; pero se cambió entonces con el de San Cucufat.  En el año 835 el abad Hildnin hizo llevar estas reliquias a París, perdiéndose su pista
Algunas voces afirman poder detectar una devoción a San Cucufato por los alrededores de la capital gala. Se tiene constancia que en las proximidades de Rucil, en mitad del bosque, había un pequeño lago que ostentaba el nombre de Saint Cucufat o Quiquenfat., donde al parecer hubo una capilla dedicada al santo, de la que todavía en el siglo XVIII se conservaba la memoria, pues los del pueblo cercano hacían peregrinaciones hasta sus ruinas .

Lamentablemente, la edición de Nuevo Martirologio romano del año 2001 le quitó al pobre Cucufato su condición de santo. Se argumentó para ello que era un santo que ya no tenía devoción popular y que había que hacer limpieza pues la Iglesia tenía demasiados santos y beatos... Lo cual es cuanto menos paradójico teniendo en cuenta que el Papa Juan Pablo II elevó a los altares a más de 400 nuevos santos y más de 1.200 beatos...

Para identificar sus representaciones hay que fijarse en que suele llevar traje de mercader (aunque, como diácono, a veces aparece vestido de rojo), y aparte de la palma de martirio (señal que la palmo martirizado, y perdonen el juego de palabras) lleva un látigo (a veces un hacha) alusivos a su sufrimiento y muerte.

La cultura popular practica una forma de oración muy particular hacia este santo (que ya no lo es). Para recuperar un objeto que se ha extraviado hay que coger un trapo o pañuelo y hacerle un nudo en un extremo, entonando la salmodia: "San Cucufato los cojones te ato, y hasta que no aparezca lo perdido no te los desato”
El que estas líneas suscribe se lo vio hacer a su madre, aunque ella era devota de San Ramón Nonato. Supongo que para el caso...

Próxima entrega: San Jorge (el del dragón)




miércoles, 1 de junio de 2016

La Cruzada privada (y muy personal) de Martín Yáñez de la Barbuda




            Se desconoce su edad, aunque ya debería ser talludito. Personalmente, me lo imagino con cincuenta años muy cumplidos, más menos que más. Entra en la Historia y en las crónicas en 1384, distinguiéndose en la batalla de Aljubarrota entre castellanos y portugueses. Yáñez de la Barbuda era un caballero portugués desnaturalizado, ya que apoyaba al rey castellano Juan I. Había sido Maestre de la orden de Avis, o al menos un freire importante de la orden. Sea como fuere, y por estar vacante el cargo de maestre de la orden de Alcántara, el rey castellano lo premió con tal nombramiento.
Diez años más tarde, a principios de 1394, al ya Maestre de la Orden de Alcántara Martín Yáñez de la Barbuda un místico iluminado llamado Juan del Sayo le profetiza que "tomará Granada sin perder a ninguno de sus hombres de armas, pues si acepta llevar a cabo la empresa el mismo Dios cabalgará a su vera". El Maestre toma por bueno el vaticinio, reúne una reducida tropa (unos 280 caballeros más 350 peones a pie) y tras mandar aviso al rey de Castilla Enrique III su señor de sus intenciones... parte a la conquista de Granada.
            El rey se alarma, y mucho, al recibir semejante noticia. No hace nada que ha acordado un acuerdo de no agresión con Muhammad V, emir de Granada. Así que se apresura a enviar mensajeros: Unos, a interceptar la expedición y hacer entrar en razón al maestre de Alcántara. Otros... a Granada, para avisar al Emir de lo que se le viene encima y asegurarle que él no tiene nada que ver.
            Mientras tanto, el miércoles santo (15 de abril) la expedición de Yáñez de la Barbuda llega a Córdoba. Juan del Sayo y otros predicadores (franciscanos de origen portugués, según el cronista local Fernando Salmerón) que con sus exaltados sermones enfervorizaron a las buenas gentes de la ciudad y sus alrededores. Cuando Yáñez de la Barbuda alcanza el 25 de abril Alcalá la Real, ya casi en la frontera, sus efectivos son de unos 300 caballeros y cerca de 4.000 peones de infantería, la mayoría muy pobremente armados y equipados. En Alcalá la real le esperan Alonso Fernández de Córdoba, señor de Aguilar, y su hermano Diego, mariscal de Castilla. Según narra López de Ayala en su Crónica de Enrique III, los dos hermanos, en nombre del rey, le exigieron que desistiese en su empeño. Cuando el Maestre dijo que no podía hacerlo sin mengua de su honor, le propusieron una solución de compromiso: Que avanzara hasta la frontera natural del rio Azores, que separa ambos reinos, y desde allí ahí lanzase un desafío al emir moro. Si en un par de días éste no se presentaba, el deshonor sería para el infiel, y el Maestre de Alcántara podría volver con la frente bien alta. Martín Yáñez fingió hacer caso de la sugerencia... pero no cumplió. Cruzó el Azores el 26 de abril y avanzó hasta un pequeño castillo llamado "Torre Exea" que controlaba la ruta de paso a Granada. Sitió la fortaleza... y allí le encontró el ejército del emir un par de días más tarde. La crónica del Pedro de Ayala habla de 5.000 jinetes y 120.000 peones. Posiblemente exagera. Sea como fuere, la mayoría de los peones cristianos huyen en desbandada con el primer choque de armas. Apenas 1.500 vuelven a Castilla. De los caballeros, no sobrevivió ninguno.
            Del iluminado Juan de Sayo nunca más se supo. Evidentemente.


domingo, 6 de marzo de 2016

Crónica macabra 3. Manuel Blanco Romasanta, el último lobisome




            Según su partida de nacimiento, nació el 18 de noviembre de 1809 en la localidad de Regueiro, en la aldea de Santa Olaia de Esgos. Por cierto, aparece como "Manuela", aunque ocho años después, en un registro parroquial,  ya aparece como “Manuel Blanco Romasanta”. ¿Un error de transcripción en su partida de nacimiento? Para Fernando Serulla, responsable de la Unidad de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia, eso es una pista que indica que Romasanta sufría de pseudohermafroditismo. Esto habría provocado que, naciendo mujer, segregase una cantidad tan grande de hormonas masculinas que sufriera un periodo de masculinización en el que desarrollase características de hombre (vello facial y corporal) y que, debido a esa condición, su clítoris habría crecido tanto que parecería un micro-pene… Apuntala esta teoría el que el pseudohermafroditismo femenino genera episodios de fuerte agresividad, que explicarían su conducta criminal.
            Sea como fuere era un hombre bajito incluso la para época (1´37, según los registros) de facciones suaves, que tenía fama de amanerado por dedicarse a ejercer de sastre: coser, bordar, arreglar trajes y vestidos se consideraba una actividad femenina. No obstante siempre le gustaron las mujeres. Con 21 años (1831) se casó con Francisca Gómez Vázquez, vecina suya, que murió tres años más tarde sin haberle dado descendencia... Fuera por la razón que fuera. Viudo con 24 años, decide cambiar de vida, y por lo tanto de oficio: se hace buhonero, o vendedor de quincalla, que para el caso son el mismo oficio. Un oficio sospechoso para las autoridades de aquella época, por lo que conlleva de ambulante... y en este caso no es por falta de motivos. Romasanta recorre así toda Galicia, con viajes esporádicos a Portugal y a Castilla. Pronto empiezan a correr rumores: Dicen que vende ungüentos hechos con grasa de muerto. Que en Castilla mató a un criado del prior de San Pedro de Rocas. Que mató también al vendedor Manuel Ferreiro en 1834, y diez años más tarde le acusan de la muerte de Vicente Fernández, alguacil de León, que le seguía la pista. Por todas esos rumores y sospechas se resolvió que se presentase a declarar, para investigar tantos y tan graves cargos. Romasanta no se presentó ante el juez, y las fuerzas del orden fueron incapaces de encontrarle. Ante ello, fue declarado en rebeldía y condenado a diez años de cárcel el 10 de octubre de 1844 (aunque, teniendo en cuenta cómo las gastaba la justicia de la época, yo también hubiera puesto tierra de por medio. Recuerden la película de "El crimen de Cuenca", de Pilar Miró)
            ¿Y dónde estaba escondido Romasanta? En una aldea llamada Rebordechao, en Allariz (Orense), donde alterna el trabajo de jornalero con la venta ambulante o incluso el contrabando con Portugal a pequeña escala. Se le conoce como "el Canicha", por su pequeña estatura,  o "el Tendero", por su costumbre de "montar tienda" con la mercancía que trae. Es de carácter afable según sus vecinos y buen trabajador según sus amos.
            En 1846 realiza el primero de los nueve asesinatos que se le atribuyen (aunque él confesó haber cometido trece). Se ofrece a acompañar a Manuela García y a su hija Petra hasta Santander, en busca de un mejor trabajo allí. ¿Y quién mejor que el bueno de "El Tendero" que tan bien se conoce los caminos, para el viaje? Según confesó posteriormente hizo con ellas lo que haría luego con sus otras víctimas: una vez solos en el bosque las asesinó, las desnudó y devoró... pues por culpa del maleficio de una bruja se convertía en mitad lobo y mitad hombre. Otra versión, más creíble, es que descuartizaba los cuerpos para que así los devoraran con más facilidad los lobos. Sus ropas y demás posesiones, las vendía por los pueblos. Esa suerte corrieron  Benita García y su hijo Francisco, de 9 años, en 1847; Antonia Rúa y sus hijas María Dolores, de 11 años y Peregrina, de 3 años, en 1849; Josefa García y su hijo José, de 21, en 1850.
            Demasiadas muertes ya, y familiares y vecinos empiezan a sospechar del bueno de Romasanta, que se lleva a la gente a la ciudad para una vida mejor y que luego de nadie se sabe... Huyó de Galicia pero la policía estaba sobre aviso, y esta vez no pudo escapar: fue arrestado con el nombre falso de “Antonio Gómez” en Nombela (Toledo) en 1852.

    La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre.
    Manuel Blanco Romasanta,
CAUSA Nº 1778: CAUSA CONTRA HOMBRE LOBO, JUZGADOS DE ALLARIZ (ORENSE)

            El abogado defensor lo presentó como un enfermo mental. El juez, en cambio, concluyó que no era ni loco ni maniático ni idiota, y el 6 de abril de 1853 lo condenó a muerte por garrote vil. Posteriormente, y gracias a un indulto de la mismísima Isabel II, se le conmutó la pena a cadena perpetua., a cambio que un hipnólogo francés (un tal "doctor Mr. Philips") pueda estudiar su caso e interrogarle mediante hipnosis.  Se desconocen los resultados de tal experimento.
            Murió en prisión, pero no está muy claro en cuál, ni cuándo. Unos dicen que en la prisión de Allariz, en Orense. Otros, en el castillo de San Antón (en La Coruña). recientemente, han aparecido pruebas que lo sitúan en el presidio de Ceuta. Sobre la fecha más probable de su muerte, ronda entre 1854 y 1863

            ¿Qué era Manuel Blanco Romasanta? ¿Un pseudohermafrodita con ataques de agresividad, como se ha apuntado al inicio de este artículo? ¿Un asesino a sangre fría? ¿Se hizo pasar por loco para evitar la pena capital, y quizá la cárcel? ¿Se creía realmente un lobo, por padecer esquizofrenia agresiva o trastorno antisocial de personalidad, como apuntan los psiquiatras actuales?

"Manuel Blanco calcula medios, mide y combina tiempos, modos y circunstancias; no mata sin motivo, ni acomete sin oportunidad; conociendo que hace mal se oculta, seduce para robar; mata para ocultar, reza para seducir; conoce el deber y la virtud para desoírlos; luego de su conformación de sus actos, de su historia, de sus disculpas mismas se evidencia que el Manuel Blanco no es loco, ni imbécil, ni monomaniaco, ni lo fue, ni lo logrará ser mientras esté preso, y por el contrario de los datos referidos resulta que es un perverso, consumado criminal, capaz de todo, frío y sereno, sin bondad y con albedrío, libertad y conocimiento; el objeto moral que se propone es el interés; su confesión explícita fue efecto de la sorpresa, creyéndolo todo descubierto; su exculpación es un subterfugio gastado e impertinente; los actos de piedad una añagaza sacrílega; su hado impulsivo una blasfemia; su metamorfosis un sarcasmo."
INFORME MÉDICO SOBRE EL LLAMADO MANUEL BLANCO ROMASANTA , JUZGADOS DE ALLARIZ (ORENSE) - CAUSA YA CITADA-

Próxima entrega: Juan Díaz de Garayo, el sacamantecas

jueves, 4 de junio de 2015

Cuando los (malos) traductores crean fantasía...





            Dejando aparte el dragón, quizá el animal fantástico en todo el mundo más conocido sea el unicornio... ¿Y si les digo que éste animal tiene su origen en un error de traducción de la Biblia, qué me dirán?

            Posiblemente, que soy un exagerado: éste es el problema de decir verdades: Parecen tan fantasiosas, que dan poca credibilidad...



            Me explico: En el siglo II antes de Cristo Ptolomeo II Filadelfo (rey de Egipto, por si les interesa) encargó a un grupo de eruditos la traducción de la Biblia de los judíos al griego. Se encargó la traducción a 72 sabios (por eso se la conoce como la Biblia de los 70, para redondear).
            En las Escrituras originales se menciona con reverencia un animal mítico al que llaman "Reem". (En Job 39:9-12 y Números 23:22, por si tienen curiosidad). Se lo describe como fuerte, huidizo, indomable, feroz...  pero eso describe sus cualidades, no su físico. La única referencia a él era una oscura frase: al parecer era un ser "de frente cornada"...
            Actualmente los estudiosos coinciden en que los redactores de la Biblia se referían al "Bos primigenius" o Uro salvaje, un animal antepasado del ganado doméstico europeo. Pero estos setenta y dos sabios que traducían la Biblia nunca habían visto un Uro... En cambio, la descripción les recordó a un animal mítico del que sí habían oído hablar, y bastante. Y tradujeron Reem por Monokeros.
            ¿Y qué era el Monokeros de los antiguos griegos?  Un ser citado en la obra "Indica" de Ctesias de Cnido, el historiador y una vez médico del rey persa Artajerjes II. Escrito en el siglo IV AC, este fantasioso libro pasa por ser una descripción fidedigna de la India... (Ejem).  Entre otras perlas cita al Cinocéfalo, la Mantícora, el Sciópodo... cinco siglos antes que lo haga Plinio el Viejo, que es al que se le atribuye comúnmente la autoría de estos seres. Entre este bestiario Ctesias citó a "un asno salvaje de la India" con un cuerno en la frente. Sin duda alguna, se refería al rinoceronte indio, pero en fin... Lo llamó "Monokeros" (en griego, un cuerno, es decir... Unicornio)
            Aparte de la anécdota, éste error de traducción supuso que durante siglos se creyera firmemente en la existencia de los unicornios... ya que eran seres que figuraban en la Biblia y un texto sagrado no puede decir mentiras.

            Similar caso es el del ave gigante Roc: Aparece en la literatura escrita en dos cuentos de las Mil y una noches: Y son dos de los más famosos: En los viajes de Simbad y en Aladdin y la lámpara maravillosa. Pero no nos olvidemos que estos cuentos son de origen persa, no árabe. Muy anteriores al islamismo.
            Según el historiador de arte Rudolph Wittkower el origen del mito se debe a la lucha entre el ave solar Garuda y la serpiente Naga. Los poemas y cantos hablando de tan épico combate llegarían desde la India (donde es originario el mito) hasta Persia. Y en ése viaje el ave Roc crece, como señaló el conde Ángelo de Gubernatis (que además de noble era filólogo y  profesor de sánscrito en la universidad de Florencia, poca broma...) La cuestión es que el insigne orientalista ya demostró en su día que "Naga" puede traducirse por serpiente, sí... pero también por elefante. Si el Garuda, rey de las aves, podía alzar a un naga-elefante del suelo con sus garras para soltarlo a gran altura y así matarlo, sin duda tenía que ser muy, muy grande...
            Así creció el Roc. Respecto a su nombre (Roc, Ruj, Rucs, Rujjs o Rukhs) es una contracción de la palabra persa "Simurgh" que significa... (¿lo adivinan?) "rey de las aves"

Así que traductores, por favor. esmérense en sus trabajos. O no.