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sábado, 1 de diciembre de 2018

La Historia tras la Leyenda 6. Calamity Jane



Exploradora, cazadora de bisontes, luchadora contra los indios, soldado a las órdenes de Custer, amante de Wild Bill Hickok, tahúr, bebedora, pendenciera y muy certera con las armas de fuego, Calamity Jane representa posiblemente el prototipo de mujer aventurera del Salvaje Oeste. Le han dado rostro en el cine  (entre otras) Yvonne De Carlo (“Calamity Jane and Sam Bas”, 1949); Doris Day (“Calamity Jane”, 1953) y Ellen Barkin (“Wild Bill” 1995). Más recientemente en televisión  Robin Weigert (Deadwood, 2004-2006) interpretó a una Calamity menos glamurosa, más malhablada y más que posiblemente mucho más cercana a la persona real. Una persona que alimentó su leyenda en vida, y se aseguró que prosiguiese tras su muerte.

Martha Jane Canary nació en Princeton, Misuri, posiblemente en 1852, hija de Robert y Carlotte Canary. Fue la mayor de tres hermanos (otras fuentes dicen que de seis). No recibió una educación formal, pero al menos sabía leer y escribir. A la muerte de sus padres (su madre fallece en 1866 y su padre apenas un año más tarde, en 1867) Martha, con quince años, se convierte en la cabeza de familia, haciendo lo imposible para evitar que sus hermanos mueran de hambre. Se trasladaron a Wyoming, en la frontera con el Territorio Indio. Paradójicamente, allí la vida era un poco más fácil para unos huérfanos... pues no había leyes ni agentes que se metieran en su vida. A los 17 años ya tenía experiencia como  lavandera, camarera, cocinera, enfermera y bailarina de salón (quizá hasta de prostituta ocasional). También era una experta tiradora y una consumada jinete, habilidades que le fueron muy útiles cuando, en 1870, con 18 años (aunque en su autobiografía afirmó que tenía sólo 14) y libre ya de la responsabilidad de cuidar de sus hermanos,  se alista como exploradora para el ejército. Adoptó como vestimenta parte del uniforme estadounidense, aunque seguramente nunca fue un soldado en el sentido estricto de la palabra. En los siguientes cinco años sirvió a las órdenes (principalmente) del General Crook en las guerras indias. Ella dijo que también sirvió a las órdenes de Custer, pero posiblemente es una licencia (otra más) con las que adornó su autobiografía.  Es en esa fecha donde recibe el apodo de “Calamity Jane”, Según ella, por haberle salvado la vida a su superior directo, el capitán Egan, en una emboscada de los indios en Goose Creek. Según otras fuentes, porque era tan irascible, malhablada y temperamental (sobre todo cuando iba bebida, lo que era muy habitual) que meterse con ella era arriesgarse a “sufrir una calamidad”.

En 1875 acompaña (como exploradora, evidentemente) a la expedición geológica Newton-Jenney a las Colinas Negras,  territorio sagrado de los indios. Uno de los expedicionarios, JK Lane, cirujano en funciones, escribe al regreso de la expedición un artículo para el  Chicago Daily Tribune. En él cita a Martha Jane Canary como “Calamity Jane”, iniciándose así su leyenda, en ocasiones muy apartada de la realidad. Esta descripción romántica inspiró al novelista  Edward Wheeler, que la incluyó como personaje de su novela “Deadwood Dick, The Prince of the Road” (publicada el 15 de octubre de 1877). Es una especie de pistoletazo de salida. Una legión de escritorzuelos empiezan a hacerla aparecer (con su consentimiento o, las más de las veces sin él) en las novelas de 10 centavos, describiéndola como infalible con el rifle, la pistola y el látigo, así como consumada jinete, escaladora y nadadora. Y sobre todo, gran matadora de indios. Por supuesto.

Aunque en la expedición no se realizan prospecciones, pues el único fin de la misma es cartografiar el territorio, corre la voz de que se ha descubierto oro en las montañas, lo que provoca una nueva guerra india (la Gran Guerra Siux de 1876-77, en la que fallecería Custer).
Ese mismo año llevó a cabo la hazaña (verificada) de llevar un correo miliar por 90 millas de territorio hostil, teniendo que cruzar el río Plate a nado y sufriendo una pulmonía a consecuencia de ello que casi la mató. Pese a ello no recibió ningún reconocimiento oficial. Quizá resentida por ello dimitió de su trabajo como exploradora poco tiempo después. Otros dicen que el propio Crook ordenó que la expulsaran, al descubrir que alternaba su función de exploradora con la de lavandera (lo que no era tan grave) y la de prostituta (lo que ya lo era un poco más).

En 1876 se establece en Deadwood, Dakota del Sur, en las Black Hills. Según testimonios fiables trabaja para Madame Dora DuFran, primero como una de sus “chicas” (es decir, como prostituta) y más tarde como cocinera y lavandera. Malas lenguas dicen que la mudanza de su ocupación se debió a que espantaba a sus clientes con su lenguaje y sus maneras. En Deadwood conoció a Wild Bill Hickok y Charlie Utter, (hay quienes dicen que llegó a la población en la caravana de éste último). Calamity desarrolló una fuerte admiración hacia Will Bill, obsesionándose por él. Posteriormente, y tras el asesinato de éste, Calamity llegó a afirmar que se habían casado en secreto y que había tenido un hijo suyo, que había dado en adopción.  Posiblemente, otra mentira más, destinada a alimentar su creciente leyenda. (Hickok acababa de casarse con Agnes Lake Thatcher, de Cheyenne, Wyoming, y es dudoso que se enamorara de Calamity).

Pero que las fanfarronadas de la (demasiado) bebedora Calamity no nos hagan ignorar sus buenas acciones... y lo cierto es que se hizo famosa en Deadwood principalmente por dos: Salvó a los pasajeros de una diligencia ayudándoles frente al ataque de unos indios, y cuando de resultas de la reyerta murió el conductor,  John Slaughter, ella misma condujo la diligencia hasta Deadwood.
También, a finales de 1876, a raíz de una epidemia de viruela destacó en la labor de cuidar a los enfermos de la población, afirmando que “si no me han matado las flechas indias no lo hará una (CENSURADO) enfermedad de (CENSURADO)”

En 1884, en El Paso (Texas) conoció a  Clinton Burke, un cowboy y conductor de diligencias con el que se casó en 1885. Tuvieron una hija dos años más tarde, pero no fue un matrimonio feliz, y finalmente se separaron en 1895. Al año siguiente, con 44 años de edad, fue contratada para el espectáculo del “Salvaje Oeste” de Bufalo Bill. Poco después publicó una autobiografía llena de exageraciones: “Calamity Jane's Tall Tales, Told by Herself” (escrita con ayuda de un escritor anónimo, pues ella apenas sabía leer y escribir) que hacía vender en la puerta de los espectáculos en los que participaba. También comercializó fotografías de ella misma vestida a la manera de “exploradora aventurera”. Se puede decir que se convirtió en un personaje, y lo explotó mediante el merchandising. Su última aparición pública fue Panamericana en Buffalo, Nueva York, en el verano de 1901. Quedó ciega poco después (posiblemente por una rinopatía debido a una diabetes provocada por su alcoholismo). 
Murió en el año 1903, a los 51 años, de una infección intestinal complicada con  neumonía.
Su última voluntad fue ser enterrada cerca de Wild Bill Hickok en el cementerio de Mount Moriah, en la ciudad de Deadwood.

domingo, 29 de julio de 2018

La Historia tras la Leyenda 2. Milady de Winter



Prototipo de mujer fatal, belleza malvada e intrigante asesina, el personaje de Milady en la novela “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas no deja a ningún lector indiferente. Incluso los hay que postulan (y me confieso entre ellos) que es el personaje más redondo de la obra. Algunos llegan a sugerir que es la verdadera protagonista. Un personaje demasiado bueno para ser real.
Aunque como decía Evaristo San Miguel “la realidad supera la ficción” (once a uno, añade mi buen amigo Miguel Aceytuno, pero eso es una broma privada entre los dos)
Y es que Alejandro Dumas (padre) tenía mucha imaginación... pero no tanta. Se basó en un personaje histórico. Una agente de Richelieu que conspiró contra Buckingham y llegó, en efecto, a robar los famosos herretes .

Se llamaba Lucy Hay, y fue condesa de Carlisle. Nacida Lucy Percy en 1599 en Londres, era hija de  Henry Percy, IX conde de  Northumberland. En 1605 sir Percy fue acusado (al parecer con bastante motivo) de haber participado en la llamada “Conspiración de la Pólvora” que quiso volar el Parlamento Inglés en 1605. El encarcelamiento de su padre marcaría el destino de la joven Lucy. Aunque era popular en la Corte por su belleza y su aguzado ingenio, ningún noble de alcurnia quería desposarse con la hija de un traidor.  Hasta que conoció al viudo sir James Hay, conde de Carlisle. A éste no le importaban las habladurías (era amigo personal del rey Jacobo I y su lealtad estaba más que probada) y tener una esposa guapa, lista y joven, de la que podía ser su padre (ella tenía 18 años y él 37), era para él motivo de orgullo más que de otra cosa. Se casaron el 6 de noviembre de 1617.

Unida a la carrera de su marido en la Corte, la joven Lucy vio con preocupación el rápido ascenso del “advenedizo” George de Villiers, que de ser un noble menor sin importancia pasaría a convertirse, en una carrera meteórica, en favorito de Jacobo I y del príncipe Carlos. Cuando lo nombraron Duque de Buckingham ya gobernaba, de facto, el reino de Inglaterra... lo que porvocó que Lucy Hay se convirtiera en su acérrima enemiga.  Y ya se sabe, “el enemigo de tu enemigo...” Lucy Hay terminó reclutada como agente al servicio del cardenal Richelieu, es decir, del primer ministro de Francia. No está claro quién dio el primer paso. A mi me gusta pensar que fue el astuto cardenal, cuando Lucy acompañó a su marido a la Corte francesa para mediar en el conflicto de los hugonotes, en 1622. Sin duda, no hubo mejor ocasión que esa.

Sea como fuere, en 1625, y a la muerte del rey Jacobo, estalla un escándalo en la Corte inglesa cuando el Parlamento acusa a Buckingham de corrupción. El ya entonces Carlos I  salva a su amigo de la quema enviándolo a Francia a mediar en el conflicto hugonote, como hiciera su padre tres años atrás con John Hay. Aunque el duque no se ocupó mucho de los hugonotes y sí de asistir a fiestas y eventos de la Corte francesa, en los que tuvo quizá demasiadas atenciones con la reina Ana de Austria... también enemiga de Richelieu, por cierto. Éste vio la ocasión de matar dos pájaros de un tiro (es decir, librarse de dos enemigos políticos simultáneamente) y esparció el malicioso rumor de que la reina y el inglés eran... “bastante más que sólo amigos”. Según se cuenta (aunque no está del todo probado) la historia de los herretes, uno de los ejes de la novela de Dumas, fue cierta: Luis XIII había regalado a su esposa un espectacular collar de diamantes que la reina, a su vez, entregó a Buckingham como prueba de su amor. Enterado de ello, Richelieu encomendó a Lucy Hay la tarea de robarlo, misión que ella realizó con éxito. Con el collar en su poder, el cuco del cardenal convenció al rey para que celebrase un baile y le dijese a la reina que luciese el costoso y magnífico regalo que él mismo le había entregado años atrás. La reina Ana no se chupaba el dedo y gracias a varios sirvientes fieles y sobre todo a su amiga la también espía Marie de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse (oscuro y desconocido personaje del que un día tengo que hablar) logró en tiempo récord una réplica aceptable de la joya, con lo que su honor quedó a salvo. Y no, no intervinieron los mosqueteros. Para nada. Como tampoco intervino Lucy Hay en el asesinato de Buckingham (ya le hubiera gustado)

Lucy Hay no terminó sus días decapitada (como Milady de Winter) tras el asesinato de  Buckingham. Tras la muerte de su marido en 1636, viuda ociosa y adinerada, volvió a las intrigas políticas y el espionaje, haciendo un doble juego que, a la larga, le tendría que costar caro. Se inmiscuyó en el conflicto entre el rey Carlos I y los puritanos, haciéndose amante de manera simultánea  de Thomas Wentworth, conde de Strafford, parlamentario de la cámara de los lores, lord Diputado de Irlanda y consejero personal del rey Carlos I.... y de  John Pym, miembro de la cámara de los Comunes y líder del Partido Puritano. Al parecer fue pasando información privilegiada de uno a otro, aunque finalmente pareció que se decantaba por los puritanos, ya que los financió con numerosas sumas de dinero. Eso no impidió que mantuviera buena relación con los realistas, ofreciéndose como al rey Carlos I como “intermediaria” entre su augusta persona y los puritanos. Cromwell acabó más que harto de ella, y la hizo encarcelar acusada de espionaje y conspiración el 21 de marzo de 1649, apenas dos meses después de la ejecución de Carlos Estuardo. Cromwell quería afianzar su dictadura, y estaba una auténtica purga de realistas (o de sospechosos de serlo). Desde la Torre de Londres (no se sabe si ocupando la misma celda que su padre) Lucy siguió conspirando, esta vez a favor del retorno de Carlos II y la caída de Cromwell, manteniendo, gracias a su hermano Algemon, una larga correspondencia a base de cartas cifradas con el pretendiente al trono, exiliado en Francia.

Lucy Hay fue liberada el 25 de septiembre de 1650, tras pagar una cuantiosa fianza (y gracias a la intervención de su hermano). Pero ya nunca fue la mujer intrigante que había sido... No por falta de ganas, sino posiblemente porque ya no gozaba de ninguna credibilidad, ni con puritanos ni con realistas. Con todo, vivió lo suficiente para ver la caída de sus enemigos: La muerte de Cromwell (1658) y la restauración de los Estuardo (abril de 1660). Murió el 5 de noviembre de 1660, dicen que de apoplejía. Y quizá hasta sea verdad. 







sábado, 30 de junio de 2018

La Historia tras la Leyenda 1. Robin Hood



La versión más conocida de la leyenda de Robin Hood es la que presentó Walther Scott en su novela “Ivanhoe” en 1820. Robin de Locksley es un noble sajón que se esconde de las injustas leyes del rey Juan Sin Tierra (que lo han declarado proscrito) en el bosque de Sherwood,  cerca de la ciudad de Nottingham. El sheriff de la ciudad trata infructuosamente de darle caza, y él, por su parte, cuenta con el apoyo del pueblo porque ayuda a los pobres y los oprimidos. Llegado el momento ayuda al rey Ricardo en su regreso al trono, así como al noble caballero Ivanhoe (supuesto héroe de la novela, aunque los otros dos secundarios se lo comen con patatas)

Las bases históricas de este personaje se encuentran, irónicamente, en épocas posteriores a las de Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra. La primera referencia a la leyenda de Robin Hood aparece en 1459, en la obra “La pequeña gesta de Robin Hood” editada por Wyrkyn de Worde, el primero en popularizar el uso de la imprenta en Inglaterra. Según esta obra los hechos son mucho más recientes a la época que nos ocupa:  En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se contaba Bob, Rob o Robin Hood (nacido en 1290), contra el Rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, lindante con el de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, (con armas escondidas y lorigas de malla bajo los hábitos) fueron a su encuentro, en un principio para prenderle. Les sorprendió que no solo no les atacaran sino que se ofrecieran a escoltarles hasta la salida del bosque. Dándose cuenta que no eran bandidos comunes, el rey reveló su identidad y prometió el perdón a Robin y los suyos si le juraban lealtad y le servían con fidelidad. Y al parecer, así lo hicieron. Hay un tal Robin en registros fechados en 1324, que prueban que recibió salarios por sus servicios al rey. Esta versión de la historia asegura que Robin Hood  se cambió el nombre a Fulke Fitz Warin, y que en 1350 (con 60 años) era conde de Hunttington.

Por otro lado “Robin Hood” puede traducirse literalmente por “Mirlo encapuchado”, “Robin el encapuchado”, o “Robin el truhan”. Robin, o su diminutivo Rob (o Bob) era una manera despectiva de los nobles normandos a la hora de referirse a los plebeyos (ya que, por otro lado, era un nombre de lo más común). Así que, si el DJ prefiere esta otra versión de la historia sí, los PJ pueden encontrase con uno o varios “Bob Hood”. Pues es el sinónimo, en la Inglaterra medieval, de un bandido. Aunque es dudoso que robe a los ricos para dárselo a los pobres...

sábado, 1 de abril de 2017

Lugares embrujados (o algo parecido) de España. 2. Vallgorguina, lugar de Aquelarres

Vallgorguina es un municipio de la comarca del Vallés Oriental, en la provincia de Barcelona y muy cercano a la ciudad condal (menos de 40 km). Tiene cerca de un millar de habitantes, aunque muchas de sus casas son segunda residencia. Es un municipio con más historia de la que aparenta: aparece citado, con el nombre de “Vallem Gregoriam” (o Gorgoriam, que está escrito de las dos maneras, esos escribas medievales, ya se sabe) en un documento del año 986, en el que el rey franco Lotario confirma la tenencia de esas tierras por parte del monasterio benedictino de Sant Cugat. Sobre su nombre hay varias teorías: Una, que procede de “valle de Gregorius”, quizá el propietario de un fundus en el Bajo Imperio Romano. Otra, que hace referencia a las muchas pozas de agua (gorgs, en catalán) que forma la riera (arroyo) que cruza la localidad. Y por último la explicación más romántica es que hace referencia a las supuestas goges (espíritus femeninos de las aguas) que junto con las brujas infestan la comarca.

Esta es la hipótesis que más le gustó al doctor Antoni Puigblanch, que en 1849 escribió un artículo en la revista “La Universitat” (Barcelona) sobre la tradición pagana, brujeril y satánica, que imperaba en la zona. De nada sirvió que el sacerdote escolapio Josep Rius desmintiera categóricamente tal afirmación en su libro “Memorias históricas de la ciudad de Mataró”. La semilla de la “brujería” había sido plantada. Menos de cuarenta años más tarde (1888) el historiador Josep Pellicer i Pagès ahonda sobre el tema citando, por primera vez, el lugar de reunión de las brujas: el dolmen llamado “Pedra Gentil”. Según él, las brujas se reunían alrededor del megalito, y aún más, era tradición tenida por cierta que saltaban encima convirtiéndose en nubes negras para esparcir el granizo en la comarca y destruir las cosechas, o volar hasta el mar para provocar tempestades y hundir las barcas de los pescadores de Arenys. El historiador Josep María Pons i Guri refutó las afirmaciones de Pellicer inmediatamente en un más que documentado artículo (“La cacera de bruixes als anys 1619-1621”, publicado en la revista “La Vall”) demostrando que durante el periodo álgido de la caza de brujas en el Estado hay un UNICO CASO documentado relacionado con la brujería en la zona (en concreto, una reunión de autoridades eclesiásticas de la baronía de Monclus, a la que NO pertenecía Vallgorguina, para purgar de brujerías y herejías la comarca. No lo debieron hacer muy bien, pues no se realizó ni una sola detención, ni mucho menos juicio ni ejecución, claro). Pese a que sus conclusiones fueron que la pretendida tradición brujeril de Vallgorguina era pura fantasía, el folclorista Joan Amades se hizo eco de la obra de Josep Pellicer en artículos de su Costumari Catalá (escritos entre 1917 y 1918). En ellos habla de una reina de brujas y goges (hadas de agua, recordémoslo) que cada sábado por la noche se reúnen alrededor de la Pedra Gentil. Dice que el dolmen se alza sobre una montaña, cerca de Arenys (?)

El dolmen en cuestión se encuentra en las afueras del municipio, ya dentro del Parque Natural del Montnegre i el Corredor, muy cerca de la iglesia románica (hoy desconsagrada) de Santa Eulàlia de Tapioles. El dolmen está formado por 7 megalitos verticales, que soportan un gran bloque megalítico superior horizontal. Los 7 megalitos verticales no son todos de una única pieza, sino que 3 de ellos constan de una gran piedra y otra pequeña piedra superior yuxtapuesta, uno de ellos consta de 3 partes (base inferior, gran piedra central y pequeña piedra superior). Su altura exterior es de 1,53 metros (interior: 1,28 metros). El gran megalito superior horizontal, está partido por la mitad, con una cierta separación entre sus dos partes (25 centímetros). Su longitud máxima es de 3,16 metros y su anchura, de 2,54 metros. La disposición de los megalitos es de forma circular, con una distancia entre ellos que oscila entre los 20 y 39 centímetros, dejando una gran apertura entre dos megalitos, de 81 centímetros, a modo de puerta de entrada. Su nombre popular (Pedra Gentil) tiene reminiscencias ancestrales, ya que “gentil” no se aplica como amable, sino en la acepción de pagano. De no cristiano. Otros dicen que es deformación del nombre primitivo original, “pedra gelada” (piedra helada) que como tal aparece en documentos de inicios del siglo XIX. Pero aguafiestas hay en todas partes...

Los arqueólogos no se ponen de acuerdo acerca de la antigüedad del dolmen, fechándolo en un margen muy amplio: Los más optimistas datan su construcción hacia el 3.500 AC; los más prudentes apuestan a una fecha más reciente, el 2.000 AC. Sea como fuere, es muy antiguo...

O, al menos, las piedras lo son. Existe una tradición muy arraigada de que el dolmen no se encuentra en el lugar en el que fue erigido originalmente. Dice la tradición que al labriego que cultivaba los terrenos donde se encontraba le molestaba y lo trasladó piedra a piedra, sobre sus espaldas, reconstruyéndolo donde hoy está. Y las leyendas corroboran a las leyendas: ¿Cómo podían los pescadores de Arenys ver saltar a las brujas sobre la roca y convertirse en nubes de tormenta, si de Vallgorguina a Arenys hay 11 km. a vuelo de pájaro? Este traslado legendario debíó hacerse antes de 1855, ya que en esa fecha se realizó una restauración del megalito, a cargo del propietario del terreno, Josep Pradell. Es la primera restauración de un dolmen de la que se tiene referencia en Catalunya, por cierto...
Poniéndonos serios, y entrando en el terreno de la especulación (pues no hay prueba documental) puede que fuera el propio Josep Pradell el que, con la excusa de la restauración, cambiara la ubicación del dolmen. La época de la restauración coincidió con una época de obras que mandó realizar en su finca: Ensanchar el camino (por lo que tuvo que demoler una parte de la montaña), construir un puente (que se terminó en 1868). Es posible, sólo posible, que mandara recoger las piedras de las ruinas del dolmen para recolocarlas en su ubicación actual. Y es que la Pedra Gentil es diferente de otras construcciones dolménicas catalanas: Los megalitos que forman los pilares están aislados, mientras que lo habitual es que estén juntos, formando un recinto cerrado. Además, lo habitual en estas estructuras es que tengan alrededor una serie de piedras clavadas en el suelo, formando un crómlech, (como delimitando el espacio) del cual no hay ni rastro en las cercanías de nuestro dolmen.
El dolmen ha pasado recientemente por otra reconstrucción: hacia 1936 uno de los pilares megalíticos cedió, colocándose en su lugar en noviembre de 1987, gracias a la Asociación Cultural de Vallgorguina.

Y es que los ochenta fueron muy importantes para el dolmen en particular y Vallgorguina en general, ya que volvió a ponerse de moda como lugar mágico, esotérico y “de gran fuerza telúrica”.... signifique lo que signifique. En 1983 se dice que se han visto criaturas de aspecto terrorífico en las cercanías del dolmen. Hacia 1985 un tal “Xavier C” afirma haber sido abducido por “unos seres de color gris verdoso lo habían llevado al interior de una cueva, muy cerca del Dolmen“ (no me busquen la cueva que nunca fue encontrada). Un fotógrafo aficionado llegó a captar una serie de fotografías borrosas, mostrando criaturas de aspecto bestial y manos en forma de garras. Finalmente, en 1989, se encontraron 16 huellas de “pies homínidos” dispersas por la zona. Paralelamente, el lugar adquirió cierta fama entre ocultistas y adeptos a las prácticas mágicas, que cada cierto tiempo realizaban rituales allí. Algunos de estos rituales tenían un propósito más o menos serio, otros degeneraban en orgías de sexo y drogas. El rumor de esto último atrajo curiosos. Demasiados curiosos. Hubo un par de sucesos desagradables, se habló incluso de un par de palizas e incluso de una violación, y de que a un grupo de ocultistas en pleno ritual les dispararon un par de tiros (supongo que al aire, porque no hubo heridos que se sepa)

El dolmen tiene su propia leyenda a lo “bruja de Blair”. Dicen que aquel que se acerque una noche de sábado de luna llena y no sea lo bastante pecador... amanecerá ahorcado de los árboles cercanos al día siguiente, sin duda alguna por el influjo de los fantasmas de las brujas que aún tienen maldita la comarca.

Así que ya saben.... Vayan bajo su responsabilidad, y todo eso... Y no digan que les envío yo, que al igual me conocen.


domingo, 29 de enero de 2017

Los santos prohibidos: 7 (de 7) La beata Bernarda (la del coño)


En esta serie he tratado de ser riguroso, tanto con la tradición eclesiástica como con la versión histórica de las vidas de los diferentes mártires. En esta última, permítanme que me aparte un poco del dogma, y adopte una perspectiva más "ludus iocandi".

Todos hemos oído hablar del famoso “coño de la Bernarda”, en sus acepciones “Esto parece el coño de la Bernarda” o “Esto es como el coño de la Bernarda”. ¿Pero quién fue la famosa Bernarda?

Dicen unos que fue una prostituta sevillana, tan solicitada que su vagina no conoció descanso y sus piernas sólo volvieron a cerrarse ya en el ataúd, una vez difunta. Otros precisan más y dicen que la tal Bernarda fue prostituta que ejerció en Alhucemas, hacia el final de la Guerra del Rif. Las tropas españolas desembarcaron en septiembre de 1925, pero no recibieron orden de avanzar hacia el interior de Marruecos hasta primavera de 1926, entreteniendo la espera con numerosas prostitutas entre las que destacó por su buen hacer la famosa Bernarda.

Sin embargo, corre desde finales del siglo XVIII otra tradición que sitúa a la tal Bernarda en un contexto completamente diferente, no ya como prostituta pecadora sino como santera beata y digna de entrar en el santoral. Esta tradición es la que recogió Manuel Talens en su novela “La parábola de Carmen la Reina” (publicada en 1992).

Según esta tradición, la tal Bernarda ejercía como santera en el pueblo de Artefa (¿quizá Artafe, en las Alpujarras? Aunque otras leyendas relacionadas dicen que estaba el pueblo por Ciudad Real, cerca de Sierra Morena). Unos dicen que se dedicaba sólo a sanar animales, otros que también lo hacía con personas. Sea como fuera, sus curaciones eran muy milagrosas. Pues era, claro, muy religiosa, pese a ser hija de moriscos, algunos dicen que hija natural ¡del rey musulmán Abén Humeya! Que ni en las fechas se ponen de acuerdo las diferentes leyendas, que mientras unos dicen que vivió por el siglo XV, otros la sitúan cien años más tarde, en el XVI.

La santidad le venía a la buena mujer, pásmese, nada menos que de su reverendísimo coño, que según unos metió en él la mano entera san Isidro Labrador (la versión del siglo XV) y según otros el arcángel San Gabriel (la versión del siglo XVI). Y parte de la sanación que tan milagrosamente ejercía consistía en tocarle el santo coño, suponemos que con el dedo, o la mano, que la tradición no lo especifica... Y claro está, a su muerte quedó incorrupto (el coño), y las buenas gentes de Artefa lo metieron en relicario de oro y enviaron mandado al Arzobispo de Granada para que se iniciasen los trámites con Roma, para que la hiciera santa. Pero volvieron los emisarios con la siguiente respuesta:

Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la Inquisición a façer las pesquisas oportunas

Y ante tal cerrazón y con el lógico miedo a las pesquisas de la Santa Inquisición resolvió el cura del pueblo esconder la reliquia, a espera de tiempos más propicios para su veneración. Y ahí sigue.

Y es más, la relación de todos los hechos de la beata (y su coño) quedó escrita para la posteridad en la obrilla “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa



Y queden ustedes con Dios... que al igual yo me he quedado con ustedes.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Los santos prohibidos: 6 (de 7) San Foutin, el del falo.



Seguimos con otro santo francés “peculiar”. Les pongo en antecedentes:

Según la tradición, entre los años 87 y 177 vivió en Lugdunum (la actual Lyon) un tal Potino (Photinus en latín). Tuvo el honor de ser el primer obispo cristiano de la ciudad. Como ser cristiano no estaba muy de moda fue martirizado en tiempos de Marco Aurelio. Lo cierto es que martirizarlo poco, en comparación con otros: Como el hombre estaba muy yayo (90 años, en concreto) quedó fatal de la primera paliza que le dieron y murió a los dos días escasos de su encierro. Como prueba de su existencia y martirio se conserva una carta atribuida a San Ireneo (que lo sucedió en el cargo), dando las malas noticias, y que está recogida en la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea (HE V, 1,1–4,2). Hasta aquí, fetén. Uno más, me dirán ustedes, que no anda precisamente escasa la Iglesia cristiana de mártires...

El problema está que, en francés medieval, “foutre” significa, literalmente, “joder”(en el francés actual se dice “baiser”, que es el infinitivo de besar, lo que ha dado lugar a más de una bofetada de turista escandalizada frente a españolito con problemas idiomáticos... aunque también ha dado lugar a reacciones gozosamente sorprendidas de oh la la que atrevidos son los españolos y todo eso). En catalán es raíz que se mantiene, así que si visitan mi ciudad posiblemente oirán un “no´ m fotis” que es absolutamente equivalente al castizo “no me jodas”

Bueno, sigamos. Por esta confusión lingüistica, al pobre y venerable Photinus, con el nombre de “Foutin” se le empezó a venerar como santo que “resucitaba” la virilidad perdida de los hombres. Se decía de él que ya en vida practicó muchos milagros en este sentido, y claro ¿acaso no iba a hacerlos después de muerto?

Había en Francia dos lugares de peregrinación para los seguidores del santo:

El monasterio franciscano de Les Cordeliers de Embrun, (Altos Alpes), albergaba a modo de reliquia nada menos que el falo momificado (y de considerable tamaño, por cierto) del santo. Sobre esta reliquia, muy milagrosa, se vertía vino en ocasiones especiales, se recogía de la bandeja y luego se vendía en pequeñas redomas como santa medicina contra la impotencia y la esterilidad masculina. El monasterio fue muy dañado en la Guerra de los Cien años (de hecho, hoy sólo queda la iglesia en pie, y aún muy restaurada) y la sagrada reliquia se perdió. Personalmente y por las descripciones pienso que sería el miembro viril de un caballo o burro, pero bueno, ya saben que soy un descreído.

Más importante era el santuario de Varages (Provenza), donde la devoción a san Foutin era tanta que los peticionarios colgaban cipotes de cera en su capilla, a modo de exvotos (no me atrevo a imaginar como lucía la iglesia durante la misa, que me entra la risa). El motivo de tanta devoción era una talla de madera del santo tenida por muy milagrosa: Gastaba un cipote erecto bastante considerable, y las feligesas, así disimuladamente, raspaban unas virutas del mismo para hacerselo tragar con vino a su marido y así resucitar su masculinidad. Por maravilla celestial por mucho que se raspara, el falo nunca menguaba.
No me busquen la talla en Varages, que se perdió durante la Revolución Francesa. Se conoce, eso sí, la explicación del “prodigio”: La talla estaba atravesada por un cilindro de madera a la altura de la entrepierna, y a medida que menguaba por delante le daban un martillazo por detrás para que volviera a crecer. Y cuando se acababa el cilindro, pues otro, que el bosque está lleno de madera. Sobre el origen de la talla ya entramos en el terreno de la especulación: Posiblemente una vieja estatua romana dedicada al dios Priapo, famoso por sus grandes.... atributos.

Próxima (y última) entrega: La beata Bernarda, (sí, la del coño).

lunes, 1 de agosto de 2016

Los santos prohibidos: 1 (de 7) San Expedito, el rápido.





Según la tradición, San Expedito era a finales del siglo III un tribuno de la XII legión romana (apodada "Fulminata") por aquel entonces acuartelada en Melitene, Capadocia (hoy Malatya, Turquía). Su misión consistía en defender la frontera oriental contra los ataques de los hunos. Muchos de los soldados que servían allí eran cristianos, y el tribuno Expedito, que llevaba una vida disipada, sintió interés por sus creencias pero se cuestionaba  convertirse o no. Cuando finalmente se decidió (según algunos tras una batalla especialmente sangrienta) el Diablo le envió para disuadirle a un cuervo, que se le puso a revolotear alrededor graznando "Cras, Cras, Cras" (que en latín quiere decir "Mañana", "Mañana", "Mañana"). Pues el Diablo sabía que si Expedito volvía a los cuarteles, podría tentarlo con el vino y las furcias, y quizá se le pasara tanta tontería santurrona. Pero Expedito contestó: "Hodie, Hodie, Hodie" (Hoy, Hoy, Hoy) y aplastó al cuervo con el pie izquierdo.
El emperador Diocleciano consideró su conversión como una traición y una afrenta personal (entre otras cosas porque los funcionarios de alto rango tenían que rendirle pleitesía como si de un dios se tratara). Tampoco ayudó que Expedito predicara el cristianismo entre sus tropas y entre los nativos de la zona y que protegiera a los cristianos perseguidos haciendo uso de su cargo. Fue flagelado hasta que la sangre manó de su cuerpo como si fuera un manantial y luego decapitado, como correspondía a un ciudadano romano.  Esto sucedió un 19 de abril.

Históricamente, san Expedito llega a la devoción popular bastante tarde. No es hasta 1781 en que aparece por primera vez en un martirologio italiano. Posteriormente fue proclamado patrono secundario de Achiriali, un pueblo de Sicilia, así como protector de comerciantes y navegantes.
Por su parte el escritor L. Sheppard, en su delicioso libro "The saints who never were"  (Los santos que nunca existieron), publicado en Dayton, Estados Unidos por la editorial Pflaum Press Ginger Book en 1969, (por si tienen interés). nos da una explicación un tanto "particular" sobre el origen del santo. Según él, en unas obras en la plaza de Denfert-Rochereau., en París, se descubrieron unas catacumbas cristianas con unos huesos sin identificar, que fueron llevados por correo a un convento de monjas cercano. Las monjas, al ver la palabra "Spedito" (correo expreso) lo asociaron a un mártir romano de Metilene llamado Expeditus (genitivo Expediti), del que no se sabían más datos salvo que sufrió martirio junto a   Hermágoras, Cayo, Aristónico, Rufo y Gálata. Cito el martirologio romano  tradicional:

"Melitinae, in Armenia,7 sanctorum Martyrum Hermogenis, Caji, Expediti, Aristonici, Rufi et Galatae, qüi omnes una díe sunt coronati."

La historia tiene su gracia, pero cuando investigando un poco más  nos encontramos con que otro autor anterior a Sheppard ya narró prácticamente la misma anécdota, empezamos a dudar de las fuentes. Christian Morgenstern (renombrado poeta y escritor judeo alemán, fallecido en 1914)  sitúa los hechos en la Isla Reunión (donde, por cierto, hay un fuerte culto a san Expedito) donde según él un colectivo de monjas esperaban una respuesta del Vaticano, sobre su petición acerca de la entrega de unas reliquias que hagan fortalecer la fe de su comunidad. Lo que les llegó fue una caja de huesos anónimos con las palabras "In Spedito" rotuladas. Y como San Expedito se quedó.

Sea como fuere no fue un santo muy del agrado de la Iglesia, que ya en una fecha tan temprana como  1906 el Papa san Pio X lo hizo retirar de la lista de mártires cristianos, argumentando serias dudas sobre su verosimilitud. No se salvó en la revisión de 1969 ni en la del año 2001 (todo y que en el Nuevo Martirologio Romano se incluyeron más de 30 santos que se habían caído en años anteriores).
Aunque abandonado por la Iglesia oficial, la devoción popular a este santo no ha menguado. Se le considera patrón de las causas urgentes; abogado de las causas imposibles (junto a con santa Rita y san Judas Tadeo; protector de los militares, los estudiantes, los jóvenes y los viajeros, así como patrono de las causas legales demasiado prolongadas. En mi ciudad, Barcelona, hay una imagen de San Expedito en la iglesia de sant Jaume a la que se le tiene especial devoción. La costumbre es hacer peticiones al santo escribiéndolas en papeles que antes se prendían de los barrotes de la capilla, pero ya hay tantas que se ha decidido poner un cajón de plástico donde echarlas. Estas peticiones son quemadas cada cierto tiempo durante la eucaristía.

Se le suele confundir con San Valentín, ya que los dos visten como los legionarios romanos que en su día fueron. Para diferenciar uno del otro no hay que fijarse tanto en la palma de martirio que sostiene en la mano izquierda como en la cruz que lleva en la derecha, en la que se puede leer la palabra "hodie" (hoy). Muchas veces pisa con el pie un cuervo negro. 

Por cierto, los "Huesos de San Expedito" son unos dulces sevillanos que tradicionalmente se consumen en Semana Santa. Tienen forma de dedo y poco o nada tienen que ver con el santo o su leyenda, ¡pero están buenísimos!


Próxima entrega: San Cucufato, el buscador.

domingo, 17 de julio de 2016

Otro final para nuestra guerra civil.



(Publicado originalmente como epílogo al libro "Mi única patria la mar", de Miguel Aceytuno)






            El tema surgió en una charla ociosa, una tertulia de café a la que tan aficionados somos mi buen amigo Miguel Aceytuno y un servidor. ¿Hubiera sido posible, no ya una victoria republicana (que es hipótesis que roza la ciencia ficción) sino una paz negociada, con condiciones? Una suerte de "Abrazo de Vergara" que pusiera fin a las hostilidades y que uniera de nuevo las dos Españas...
            Jum.
            Bueno, sí.
            De aquella manera, sí.
            Pero no se me alegren. No es una historia con final feliz. Piensen que el famoso "abrazo de Vergara" se entendió para muchos como "la traición de Vergara", y aunque puso fin a la primera guerra carlista, no solucionó el problema ni de lejos, que, luego tuvimos otras dos, de guerras carlistas...
            Pero a lo que íbamos. Situémonos en el contexto histórico:
            Primavera de 1938.Tras la anexión de Austria en 1938, Hitler se proclama defensor de los intereses de los Sudetes, (es decir, de la región de Checoslovaquia fronteriza con la Silesia Alemana y Sajonia, capital la ciudad balneario de Karlovy Vary, por si tienen curiosidad...). Esta zona había sido poblada por colonos alemanes en el siglo XIII, con el beneplácito de los reyes de Bohemia. La minoría germana (o no tan minoría, representaban cosa del 30% de la población total del territorio de Bohemia) se sentía bastante más alemana que checa, off course. El Partido Alemán de los Sudetes (de ideología nazi, como no) había reclamado en 1935 la formación de un Estado Federal en el que se tuviera en cuenta su particularidad nacional (y la de otras etnias de otras regiones, como las de los eslovacos, ya puestos). El gobierno central se negó. Con Hitler dando su apoyo a las reivindicaciones de los Sudetes, la cosa cambiaba, claro. Por otro lado, Checoslovaquia tenía firmado con Francia  un tratado de ayuda mutua en caso de invasión militar. También contaba, al menos sobre el papel, con los apoyos de la URSS y de Gran Bretaña. En septiembre se reúnen en Munich el primer ministro inglés, Neville Chamberlain, su homólogo en Francia Edouard Daladier y Adol Hitler, con Benito Mussolini como mediador. La noche del 30 se firman los llamados "acuerdos de Munich", en los que, sin consultar con Checoslovaquia, se acepta la desmembración del país. Ya se sabe, si hay peligro de muerte no parece tan grave la sodomización... En especial si el trasero que va a ser penetrado no es el propio.
            ¿Qué hubiera pasado si esta soberana y absolutamente humillante bajada de pantalones no hubiera tenido lugar? (O, al menos, si no hubiera sido tan absoluta). Supongamos que el meapilas (con perdón) de Chamberlain da un puñetazo sobre la mesa, planta cara a Hitler y éste la única concesión que obtiene es que Checoslovaquia iniciará un proceso hacia el estado federal aceptando las reivindicaciones nacionalistas de los Sudetes (es decir, que acepta las propuestas de 1935) ¿Hubiera ido Hitler a la guerra? Es discutible. No era tan fuerte como lo fue un año después, y el ejército de Checoslovaquia estaba mejor preparado que el de Polonia. Una actitud decidida por parte de los aliados le hubiera hecho detenerse,  al menos, de momento... (Aunque con Hitler todo son especulaciones)
            ¿Y eso de qué nos sirve a los españoles? Con aires de guerra en Europa en la primavera de 1938, el gobierno republicano lanzó la contraofensiva de la batalla del Ebro. Cuatro meses (casi cinco) de luchas encarnizadas, en una batalla primero de movimientos y luego de posiciones. Unas férreas defensas organizadas por el general republicano Vicente Rojo que se derrumbaron debido a la falta de suministros y a los ataques frontales ordenados por Francisco Franco, al que no le importaban demasiado, ni las vidas de sus hombres, ni las del enemigo. En el marco de una Europa más firme contra Hitler los vitales suministros para los republicanos no se hubieran quedado bloqueados en la frontera francesa y quizá el ejército del norte del general Franco se hubiera desangrado allí.
            ¿Triunfo republicano y gloriosa contraofensiva?
            Ni mucho menos.
            Con los dos bandos exhaustos, en noviembre o diciembre de 1938 podría haber sucedido lo que sucedió en marzo de 1939: Los mandos republicanos, hartos de una guerra ya sin sentido, se alzaron contra el gobierno de la república y se rindieron a Franco. La diferencia está en que se hubiera podido llegar a unas mejores condiciones. Amnistía para los combatientes republicanos, por ejemplo. Y para los miembros de la administración que no estuvieran relacionados con crímenes de guerra. El gobierno de la república se marcharía a un exilio dorado (como de hecho sucedió) y la represión posterior de la posguerra no habría sido tan cruenta.
            Y sí, ha leído bien, querido lector. la represión. la hubiera habido, aún con rendición pactada y con condiciones.
            Nuestra guerra civil no fue una guerra de nacionales contra republicanos. Hubo una tercera fuerza: Ellos se hubieran llamado el Pueblo, y no es mal nombre. Eran aquellos que querían acabar con los privilegios de las clases opulentas y hacer la revolución aprovechando el caos de la guerra civil. Organizaciones obreras comunistas, trotskistas, anarquistas... Milicias dirigidas por Durruti, Lacalle, DelRosal... Elementos incómodos para los dos bandos, y que, a estas alturas de la guerra, ambos bandos habían ya atacado (recordemos, en el bando republicano, los "hechos de mayo" de 1937, y la represión del gobierno republicano de Negrín contra anarquistas y comunistas no estalinistas.
            Por otro lado, Franco quería culpables. No porque fuera un hombre especialmente sangriento, sino porque, como buen gallego, era eminentemente práctico. La España de 1939 arrastraba un rosario de guerras civiles (afrancesados contra borbónicos, absolutistas contra liberales, carlistas contra isabelinos...). Muchas cuentas pendientes, mucho resabiado contra las instituciones, la iglesia y el caciquismo, mucha (demasiada) costumbre de echar mano a la navaja o la escopeta para solucionar los conflictos. La solución de Franco fue ahogar las reivindicaciones en un mar de sangre, silenciar toda oposición de una forma brutal. Pues el miedo, señores, es sin duda la mejor de las mordazas. En aras de la paz, la república habría entregado a "los rojos" a Franco. A modo de chivo expiatorio, o sacrificio, o como quieran llamarlo que les suene mejor.
            ¿Y luego? Bueno, más o menos lo que sucedió. Gobierno autoritario y militarizado. Apoyo a las potencias del Eje (que habrían acabado entrando en guerra con los aliados más pronto que tarde). País exhausto  que no puede colaborar al esfuerzo bélico de la causa germana. Boicot postguerra de los vencedores, suavizado por la nueva situación de guerra fría entre capitalistas y soviéticos.
            Quizá lo más significativo de este nuevo orden de cosas fuera que la famosa Resistencia francesa hubiera perdido muchos y muy buenos combatientes, ya que no tantos republicanos españoles hubieran luchado por la Francia Libre con la esperanza de que, luego, Francia defendiera la libertad de España.
            Ya se sabe, el mundo está lleno de ilusos.