martes, 30 de octubre de 2018

La Historia tras la Leyenda 5. V


El personaje de “V de Vendetta”, con su característica máscara, apareció por primera vez en un cómic, publicado en la revista inglesa Warrior en 1982. Sus autores, Alan Moore (guión) y David Lloyd (dibujos), lo enmarcaron en un futuro cercano distópico: Quince años en el futuro (de 1982, es decir, estamos en 1997) el mundo ha sido parcialmente destruido por una guerra nuclear. Las islas británicas, que han salido más o menos bien paradas de la contienda, están bajo el férreo control de un gobierno de corte fascista-totalitarista. Un héroe de origen misterioso, que se esconde  tras una máscara de Guy Fawkes, lucha contra los sicarios del régimen tratando de destruir el Parlamento (símbolo del gobierno británico, tanto en esa ficción, como en el pasado o el presente reales) como tratara de hacer Fawkes. Pero el personaje de V  no presenta una alternativa al gobierno. Quiere que la gente se sacuda el yugo que les oprime pero, con un subtexto plenamente anarquista, no ofrece sustituirlo por nada. Eso depende de la gente. Ser libre implica la opción de pensar y decidir, no de limitarse a obedecer o aceptar sin más lo que se les proponga. V no lucha por o para el Pueblo. V ES el Pueblo. Bajo su máscara puede estar cualquiera, y de hecho están todos.
El personaje se hizo aún más popular con la película del año 2005 (aunque se redujo bastante el mensaje anarquista) y en el 2008, cuando la máscara de “V” fue adoptada como imagen por el grupo Anonymus.

Posiblemente al Guy Fawkes histórico le daría una apoplejía si resucitara y se diera cuenta de lo que  simboliza actualmente su imagen. 





Nacido en 1570 en el seno de una familia anglicana, se convirtió al catolicismo (por influencia de su padrastro) en 1586, con 16 años recién cumplidos. Cinco años después vendió las propiedades que había heredado de su padre y marchó a Europa para hacerse soldado y combatir en el muy católico ejército español del archiduque Alberto de Austria. Allí aprendió, entre otras cosas, a manejar explosivos, una habilidad que luego encontraría muy útil. Hacia 1600 visita España, donde castellaniza su nombre a “Guido”.
Hacia 1604, volvió a Inglaterra, reclutado por su amigo de la infancia John Wright  para una conspiración liderada por el católico Robert Catesby: los conjurados pretendían nada menos que volar el Palacio de Westminster con explosivos (en concreto, 36 barriles de pólvora, unos 800 kilogramos) que colocados en un sótano justo debajo de la Cámara de los Lores asesinarían al rey Jacobo I de Inglaterra junto a mucha de la aristocracia protestante. Aprovechando la confusión y que varios de ellos estaban infiltrados en el Palacio secuestrarían a los infantes reales, eliminarían o obligarían a renuncikar al trono al príncipe Carlos y colocarían en el trono a la joven  Isabel Estuardo, hija del rey Jacobo, que por su edad (en el momento de la conspiración tenía nueve años) sería fácilmente manipulada por ellos. Así lograrían derrocar a la Iglesia anglicana y devolver a Inglaterra al seno de la Iglesia católica, de la que se había separado cien años antes. (Se sospechó, aunque nunca se pudo demostrar, que la conspiración fue financiada al menos en parte por España, el enemigo natural de Inglaterra, y bien que pudiera ser cierto, aunque oficialmente se negó siempre).

Algunos de los conspiradores habían formado parte de la rebelión del conde de Essex contra Isabel I, en 1601. Otros se sentían decepcionados por el nuevo rey, que pese a ser hijo de una católica devota (la reina María Estuardo de Escocia) no había derogado las leyes anti-católicas dictadas por Enrique VIII. De hecho, las endureció, expulsando del país a los sacerdotes católicos y dictando una ley por la que se prohibía a los católicos recibir rentas o hacer testamentos (por lo que, al morir sin testar, sus posesiones pasarían a ser propiedad de la Corona). Otros, finalmente, eran nacionalistas ingleses o escoceses que quería abortar por todos los medios una supuesta unión entre ambos países, ahora que ambos tenían un mismo rey. En total eran trece los conjurados, aunque el “núcleo duro” lo formaban el cabecilla Robert Catesby, su primo Thomas Wintour, John Wright, Thomas Percy y el propio Guy Fawkes.

Sin embargo, la conspiración fue descubierta en el último momento, tras dieciocho meses de cuidadosa planificación. Uno de los conjurados,  Francis Tresham, envió una carta anónima a su primo Lord Monteagle avisándole de que no asistiera a la reunión del parlamento el 5 de Noviembre. Éste era católico, pero leal al rey, por lo que informó del anónimo al primer ministro, poniendo así al gobierno en alerta. Guy fue arrestado hacia la medianoche del 4 de noviembre de 1605, al ser descubierto en los sótanos del Parlamento, junto a los explosivos. Acusado y condenado por traición a la Corona, se decretó la ejecución más cruel de la ley inglesa, reservada para estos casos: Ser colgado (que no ahorcado, se le ponía la soga y se izaba, con lo que el cuello no se movía sino que se ahogaba lentamente, pataleando entre 5 y 10 minutos, en algunos casos hasta 15). Pero la ejecución no acababa ahí... sólo empezaba.
Cuando el reo dejaba de patalear (lo que indicaba que estaba prácticamente muerto) se le descolgaba y se dejaba que se reanimara un poco. Entonces lo ataban a unos caballos que lo arrastraban por las calles, cuidando de que tampoco muriera, sólo sufriera laceraciones por todo el cuerpo. Y finalmente era descuartizado lentamente. Tal suplicio mereció Thomas Wallace, el rebelde escocés “Braveheart”, y los amantes de Catalina Howard, la quinta esposa de Enrique VIII, entre otros. Pero Guy Fawkes burló a sus verdugos. Logró zafarse y saltó del patíbulo, que estaba bastante alto, para que todos vieran su ejecución. Se rompió el cuello y murió en el acto.
Los demás conjurados sufrieron peor suerte: Robert Catesby, Thomas Percy,  John Wright y su hermano Christopher murieron al ser detenidos (o murieron a consecuencia de las heridas sufridas). Los otros ocho conjurados fueron capturados, más o menos heridos, y condenados a la muerte de la que logró zafarse Guy.

La llamada “Conspiración de la pólvora” trajo como consecuencia un recrudecimiento de las leyes anti-católicas: Se les prohibió servir como oficiales del ejército o en la marina y se negó su derecho al voto, ley que no se levantaría hasta 1829,

Y por decreto real, cada 5 de Noviembre por la noche es recordada la conspiración de Guy Fawkes en la llamada “Noche de las Hogueras” (Bonfire Night), también llamada “Noche de  Guy Fawkes”. Se encienden hogueras, se queman en ellas peleles que representan al conspirador y se hacen estallar petardos y fuegos artificiales. Una celebración que a algunos nos recuerda mucho la Noche de San Juan.


domingo, 30 de septiembre de 2018

La Historia tras la Leyenda 4. Red Sonja




Sí, ya sé, la compañera de Conan con su característico bikini de cota de malla no se basa en ninguna persona real... pero pocas veces una ficción ha sido tan tergiversada como con este personaje.

La primera aparición de Red Sonja se produce en el número 23 (febrero de 1973) de la colección de cómics Conan el Bárbaro, de Marvel Comics, nacida del lápiz del dibujante inglés Barry Windsor-Smith y de la imaginación del guionista estadounidense Roy Thomas. Quizá les sorprenderá a algunos, pero esta primera Red Sonja, (alter – ego femenino de Conan) tiene formas de gacela y unas larguísimas piernas de infarto... pero lleva una cota de malla muy funcional, que le cubre todo el torso.  No se me extrañen. El Conan de  Barry Windsor-Smith es atlético pero delgado en comparación con la masa abultada de músculos que será más tarde, con Buscema. Y suele ir mejor protegido: Un característico casco con cuernos, a menudo una cota de malla o cuero y muchas veces un escudo. Nada del pack “taparrabos, sandalias y espada” que luego se convertiría en el uniforme pseudo oficial del personaje.
¿Y de donde sale el bikini de cota de malla de Red Sonja? Pues de los pinceles de nuestro compatriota Esteban Maroto, que le envió a Roy Thomas (por entonces editor de  Savage Sword of Conan)  una ilustración en la que Red Sonja lucía un cuerpo más voluptuoso apenas cubierto por un escueto bikini de cota de malla, muy en el estilo de Maroto en los 70. Y con el famoso bikini se nos quedó la moza... Con una imagen muy diferente a la que en su día concibió Robert Howard.


El personaje original de Howard nunca pisó la tierra de Hiboria. Su nombre es Sonya “la Roja” de Rogatino, y aparece en un único (pero magnífico) relato de ficción histórica: “La sombra del buitre”, ambientado en el asedio de Viena por parte de los turcos en el año 1529.  El Sultán Suleimán lanza contra la ciudad entre 100.000 y 200.000 atacantes, entre los que se encuentran las tropas de élite turcas, los jenízaros. No tienen artillería (debido a un muy oportuno accidente) pero las murallas de la ciudad no son en absoluto formidables. De hecho, son tan bajas que los Vieneses llaman a la muralla “el seto”.
Defienden “el seto” 20.000 combatientes austríacos, auxiliados por 1.000 lansquenetes alemanes dirigidos por el conde Nicolás de Salm, y 700 arcabuceros españoles, puestos bajo el mando de Felipe Palgrave... Y entre ellos, como una igual, se encuentra Sonya la Roja. Cedo la palabra a Robert Howard:

Era alta, magnífica, y, aunque delgada, demostraba una gran fortaleza.  Bajo el casco de acero sobresalían unos cabellos rebeldes que caían sobre sus amplios hombros, como una cascada de oro rojizo reluciendo al sol. Las botas altas de cuero cordobés alcanzaban hasta la mitad de su muslo, sobre unos pantalones holgados; introducida en ellos, lucía una fina coraza anillada de fabricación turca.  Ceñía su delgado talle con un cinturón ancho de seda verde en el que llevaba cruzadas dos pistolas, una daga y, colgando, un largo sable de Hungría.  Una capa escarlata caía indolente desde sus hombros.”

Sonya de Rogatino odia a los turcos, en parte por vergüenza, y los combate para limpiar el honor familiar. Pues ella es hermana de la odalista favorita del Sultán, Roxelana, de nombre musulmán Hürrem... que sí es un personaje histórico.



Nacida como  Aleksandra Lisowska nació en Rohatyn, (“Rogatino”), Ucrania, en 1504. Con apenas seis años es raptada por los tártaros, vendida como esclava en Crimea. Convertida a la fe musulmana y ya con el nombre de “Hurren” fue regalada al Sultán Otomano Selim I, pasando a formar parte de su harem. Cuando el Sultán murió en 1520 ocupó el trono su hijo Suleiman “el Magnífico”, que convirtió  a Hurren en la jefa del harem y en su odalisca favorita. Para escándalo de todos terminó casándose con ella en 1528. Fue su única esposa legítima, y la primera mujer en el imperio turco que ostentó el título de “Haseki” (el equivalente a Sultana). Le dio seis hijos a su esposo, (cinco de ellos antes de ser coronada) y participó activamente en el gobierno del imperio como la más fiable consejera del Sultán. Sin duda fue una mujer formidable, conocida en occidente como “Rojelana” o “Roxelana”, debido al intenso color rojizo de su larga cabellera. Vamos, que Howard hizo los deberes y por lo menos se leyó un par de libros de Historia a la hora de documentarse para su novela corta (que ya es más que lo que hacían muchos de sus colegas).

¿Hubo mujeres combatientes como Sonya la Roja en la Europa del siglo XVI? Sí, por supuesto, aunque eran discretas y se hacían pasar por hombres. La más célebre fue Brita Olofsdotter, una mujer finlandesa que destacó por su valentía en la caballería sueca. Siendo viuda se alistó (posiblemente por la paga) y participó en la guerra de Livonia. Murió en una batalla en 1569, y fue al amortajar su cadáver que se descubrió su verdadera identidad. El mismo rey  Juan III de Suecia ordenó que fuera enterrada con honores militares, como la valiente soldado que había sido, y que las pagas atrasadas fueran entregadas a su familia, como se hacía con los otros soldados.


domingo, 26 de agosto de 2018

La Historia tras la Leyenda 3. El Zorro




El personaje de “El Zorro” nace en 1919 de la pluma de Johnston McCulley, en su novela “La maldición de Capistrano”. El éxito de la misma impulsó al autor a escribir más de 60 novelas sobre el personaje, la última de las cuales, “La máscara del Zorro” se publicó ya póstumamente. Otros autores, con posterioridad, tomaron el relevo. ¡Incluso una escritora tan seria como Isabel Allende! Pero el Zorro tiene muchas vidas, no sólo la literaria. Seriales radiofónicos, tele-novelas, series de televisión, dibujos animados, cómics y sobre todo una larga serie de películas han contribuido a la popularidad del personaje.

¿Y quién es el Zorro? Se trata de un misterioso espadachín enmascarado, vestido de negro, con capa y sombrero de ala recta, según l moda en California. Defiende a los pobres e indefensos de funcionarios corruptos y de otros villanos que actúan con impunidad gracias a su poder. Bajo su máscara se esconde don Diego de la Vega, un aristócrata hispano californiano que, a la manera de Bruce Wayne en el Batman de  Bob Kane y Bill Finger, finge una personalidad frívola e indolente. Las aventuras escritas por McCulley transcurrían en Los Ángeles durante la época del gobierno mexicano (entre 1821 y 1846), aunque adaptaciones posteriores lo han situado durante la etapa virreinal española. ¡Incluso una película italiana de 1963 lo sitúa en el siglo XVII, enfrentado nada menos que a los tres mosqueteros! (Se lo juro: el film se llama “El zorro y los tres mosqueteros”. Véanla, si lo desean, bajo su propia responsabilidad)

McCulley según su propia confesión, creó el personaje basándose principalmente en un personaje histórico: El bandido Joaquín Murrieta Orozco, apodado “El Patrio”, “El Bandido de la Montaña”, “El Jinete sin cabeza”, “El Coyote”... y “El Zorro”.


Sobre su lugar de nacimiento hay dos teorías:
La más aceptada dice que nació en el estado de Sonora (México), donde el apellido Murrieta es común, y donde junto a su hermano se dedicaba a la cría de caballos.
Otra afirma que era de origen chileno, nacido en Quillota, a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de Valparaíso. Esta tésis afirma que fue soldado en la escolta de Manuel Bulnes Prieto, presidente de la República de Chile entre 1841 y 1851, teniendo que huir del país por haber dado muerte a un alto oficial del ejército chileno (que había matado a un hermano menor de Joaquín).

Sea como fuere en 1850 Joaquín Murrieta, su mujer Rosita Félix y su hermano menor Carlos se encuentran en California, en plena “fiebre del oro”. Muchos mexicanos y chilenos (junto con gentes un poco de todas partes) se han trasladado allí en busca de la quimera del oro que dicen que empiedra los ríos y se puede sacar sin esfuerzo. Evidentemente, es una exageración... pero algunos compatriotas tienen suerte. Eso no gusta en absoluto a los blancos de origen anglosajón o europeo, que consideran que el oro californiano les corresponde a “ellos” y no a desarrapados “greasers” (grasientos, nombre despectivo con el que se referían a los hispanos). La cosa fue que el gobernador de California general Persifor Smith acusó al colectivo latino de “alterar el orden” y firmó un edicto de expulsión: A partir de la notificación se les daba tres horas para irse... sin llevarse absolutamente nada más que lo puesto. Ni sus pertenencias, ni sus herramientas de buscadores de oro. Ante las protestas (y los disturbios que ocasionó la puesta en práctica de la ley) ésta se suavizó: Podían quedarse... pero como “eran extranjeros” se les impuso un impuesto especial de 20 dólares mensuales (el llamado “Foreign Miners Tax” algo que no se exigía a irlandeses, polacos, alemanes y otros europeos, por cierto). Además, las autoridades “miraban para otro lado” en los delitos causados por la población anglosajona y europea contra la población latina.
Lo más irónico es que, hasta 1848, esas tierras formaban parte de México. Los 75.000 hispanos nacidos allí se convirtieron, de un día para otro, en extranjeros en su propia patria.

En este clima de racismo y hostigamiento, Carlos Murrieta fue ahorcado sin juicio acusado del robo de un caballo. Y a Rosita Félix la violaron y la asesinaron. Hubieran matado a Joaquín, pero no estaba en casa ese día. Lamentarían (y mucho) no haberlo encontrado. Joaquín Murrieta no se molestó en denunciar el caso a las autoridades: Al fin y al cabo, era ilegal que un hispano denunciase “a un blanco” por cualquier delito, real o ficticio. En lugar de ello, decidió tomarse la justicia por su mano. Al igual que muchos otros se hizo bandido. Pronto figuró como integrante de una curiosa banda llamada “los cinco Joaquines”, ¡pues todos sus miembros se llamaban Joaquín! (Joaquín Murrieta, Joaquín Botellier, Joaquín Carrillo, Joaquín Ocomoreña y Joaquín Valenzuela). Luego se convirtió en líder de su propia banda, junto a otro bandido que se convirtió en su lugarteniente y mano derecha: Manuel García, más conocido por su alias de “Jack Tres Dedos”. Entre los años 1850 y 1853 se atribuyen a Joaquín Murrieta y sus asociados robos por un total de 100.000 dólares y más de cien caballos, así como la muerte de 22 personas (tres de ellos, agentes de la ley). Sin embargo, nunca atacaron ni robaron a un mexicano ni a otro hispano. De hecho, esa comunidad les protegía y ocultaba cuando había necesidad.

Para detener a Murrieta el nuevo gobernador de California John Bigler creó el 11 de mayo de 1853 un grupo especial de alguaciles, que fue bautizado como “Rangers de California”, al mando de un ex Ranger de Texas llamado Harry Love. En realidad eran un grupo de caza recompensas sin escrúpulos a los que el gobernador prometió inmunidad total y una recompensa de 5.000 dólares (una suma más que considerable para la época) si le traían la cabeza de Murrieta. El recién creado grupo tuvo un éxito asombroso: algo más de un mes más tarde (el 25 de julio) se enfrentaron a un grupo de bandidos mexicanos matando a dos... ¡que “casualmente” resultaron ser Murrieta y su lugarteniente, “Jack Tres Dedos”! Como prueba de la muerte de los bandidos Harry Love y sus hombres le cortaron la cabeza a Murrieta y la mano a “Tres Dedos”, colocándolos en un jarrón de Whisky para que no se pudrieran. Estos macabros trofeos fueron exhibidos en Stockton, San Francisco, y otras ciudades de California , donde la gente podía verlos previo pago de 1 dólar. Terminaron en el Golden Nugget Saloon de San Francisco, hasta que el local (y sus trofeos) fueron destruidos por el terremoto de 1906.


Aunque Harry Love y sus hombres cobraron la recompensa, hubo gente que denunció que ésa cabeza no pertenecía a Murrieta, pues el bandido tenía una cicatriz muy característica en la mejilla. Del mismo modo, aunque las autoridades lo negaron siempre, hubo quien afirmó haber visto a Murrieta participar en otros asaltos y robos, atribuidos a otros bandidos. Una tradición afirma que el bandido aprovechó la confesión de su supuesta muerte para volver a México junto a su cuñado  Jesús Félix, dedicándose a la captura y venta de potros salvajes, que luego vendían entre Sonora y Veracruz. Incluso llegó al San Francisco Herald en 1875 una carta, escrita al parecer por el mismo Murrieta, en la que afirma en tono de chanza que “aún conservo mi cabeza”. Según esta hipótesis, Murrieta murió plácidamente en algún momento entre los años 1880 y 1890. Se dice que su tumba se encuentra en el pueblo de Cucurpe, en Sonora.


domingo, 29 de julio de 2018

La Historia tras la Leyenda 2. Milady de Winter



Prototipo de mujer fatal, belleza malvada e intrigante asesina, el personaje de Milady en la novela “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas no deja a ningún lector indiferente. Incluso los hay que postulan (y me confieso entre ellos) que es el personaje más redondo de la obra. Algunos llegan a sugerir que es la verdadera protagonista. Un personaje demasiado bueno para ser real.
Aunque como decía Evaristo San Miguel “la realidad supera la ficción” (once a uno, añade mi buen amigo Miguel Aceytuno, pero eso es una broma privada entre los dos)
Y es que Alejandro Dumas (padre) tenía mucha imaginación... pero no tanta. Se basó en un personaje histórico. Una agente de Richelieu que conspiró contra Buckingham y llegó, en efecto, a robar los famosos herretes .

Se llamaba Lucy Hay, y fue condesa de Carlisle. Nacida Lucy Percy en 1599 en Londres, era hija de  Henry Percy, IX conde de  Northumberland. En 1605 sir Percy fue acusado (al parecer con bastante motivo) de haber participado en la llamada “Conspiración de la Pólvora” que quiso volar el Parlamento Inglés en 1605. El encarcelamiento de su padre marcaría el destino de la joven Lucy. Aunque era popular en la Corte por su belleza y su aguzado ingenio, ningún noble de alcurnia quería desposarse con la hija de un traidor.  Hasta que conoció al viudo sir James Hay, conde de Carlisle. A éste no le importaban las habladurías (era amigo personal del rey Jacobo I y su lealtad estaba más que probada) y tener una esposa guapa, lista y joven, de la que podía ser su padre (ella tenía 18 años y él 37), era para él motivo de orgullo más que de otra cosa. Se casaron el 6 de noviembre de 1617.

Unida a la carrera de su marido en la Corte, la joven Lucy vio con preocupación el rápido ascenso del “advenedizo” George de Villiers, que de ser un noble menor sin importancia pasaría a convertirse, en una carrera meteórica, en favorito de Jacobo I y del príncipe Carlos. Cuando lo nombraron Duque de Buckingham ya gobernaba, de facto, el reino de Inglaterra... lo que porvocó que Lucy Hay se convirtiera en su acérrima enemiga.  Y ya se sabe, “el enemigo de tu enemigo...” Lucy Hay terminó reclutada como agente al servicio del cardenal Richelieu, es decir, del primer ministro de Francia. No está claro quién dio el primer paso. A mi me gusta pensar que fue el astuto cardenal, cuando Lucy acompañó a su marido a la Corte francesa para mediar en el conflicto de los hugonotes, en 1622. Sin duda, no hubo mejor ocasión que esa.

Sea como fuere, en 1625, y a la muerte del rey Jacobo, estalla un escándalo en la Corte inglesa cuando el Parlamento acusa a Buckingham de corrupción. El ya entonces Carlos I  salva a su amigo de la quema enviándolo a Francia a mediar en el conflicto hugonote, como hiciera su padre tres años atrás con John Hay. Aunque el duque no se ocupó mucho de los hugonotes y sí de asistir a fiestas y eventos de la Corte francesa, en los que tuvo quizá demasiadas atenciones con la reina Ana de Austria... también enemiga de Richelieu, por cierto. Éste vio la ocasión de matar dos pájaros de un tiro (es decir, librarse de dos enemigos políticos simultáneamente) y esparció el malicioso rumor de que la reina y el inglés eran... “bastante más que sólo amigos”. Según se cuenta (aunque no está del todo probado) la historia de los herretes, uno de los ejes de la novela de Dumas, fue cierta: Luis XIII había regalado a su esposa un espectacular collar de diamantes que la reina, a su vez, entregó a Buckingham como prueba de su amor. Enterado de ello, Richelieu encomendó a Lucy Hay la tarea de robarlo, misión que ella realizó con éxito. Con el collar en su poder, el cuco del cardenal convenció al rey para que celebrase un baile y le dijese a la reina que luciese el costoso y magnífico regalo que él mismo le había entregado años atrás. La reina Ana no se chupaba el dedo y gracias a varios sirvientes fieles y sobre todo a su amiga la también espía Marie de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse (oscuro y desconocido personaje del que un día tengo que hablar) logró en tiempo récord una réplica aceptable de la joya, con lo que su honor quedó a salvo. Y no, no intervinieron los mosqueteros. Para nada. Como tampoco intervino Lucy Hay en el asesinato de Buckingham (ya le hubiera gustado)

Lucy Hay no terminó sus días decapitada (como Milady de Winter) tras el asesinato de  Buckingham. Tras la muerte de su marido en 1636, viuda ociosa y adinerada, volvió a las intrigas políticas y el espionaje, haciendo un doble juego que, a la larga, le tendría que costar caro. Se inmiscuyó en el conflicto entre el rey Carlos I y los puritanos, haciéndose amante de manera simultánea  de Thomas Wentworth, conde de Strafford, parlamentario de la cámara de los lores, lord Diputado de Irlanda y consejero personal del rey Carlos I.... y de  John Pym, miembro de la cámara de los Comunes y líder del Partido Puritano. Al parecer fue pasando información privilegiada de uno a otro, aunque finalmente pareció que se decantaba por los puritanos, ya que los financió con numerosas sumas de dinero. Eso no impidió que mantuviera buena relación con los realistas, ofreciéndose como al rey Carlos I como “intermediaria” entre su augusta persona y los puritanos. Cromwell acabó más que harto de ella, y la hizo encarcelar acusada de espionaje y conspiración el 21 de marzo de 1649, apenas dos meses después de la ejecución de Carlos Estuardo. Cromwell quería afianzar su dictadura, y estaba una auténtica purga de realistas (o de sospechosos de serlo). Desde la Torre de Londres (no se sabe si ocupando la misma celda que su padre) Lucy siguió conspirando, esta vez a favor del retorno de Carlos II y la caída de Cromwell, manteniendo, gracias a su hermano Algemon, una larga correspondencia a base de cartas cifradas con el pretendiente al trono, exiliado en Francia.

Lucy Hay fue liberada el 25 de septiembre de 1650, tras pagar una cuantiosa fianza (y gracias a la intervención de su hermano). Pero ya nunca fue la mujer intrigante que había sido... No por falta de ganas, sino posiblemente porque ya no gozaba de ninguna credibilidad, ni con puritanos ni con realistas. Con todo, vivió lo suficiente para ver la caída de sus enemigos: La muerte de Cromwell (1658) y la restauración de los Estuardo (abril de 1660). Murió el 5 de noviembre de 1660, dicen que de apoplejía. Y quizá hasta sea verdad. 







sábado, 30 de junio de 2018

La Historia tras la Leyenda 1. Robin Hood



La versión más conocida de la leyenda de Robin Hood es la que presentó Walther Scott en su novela “Ivanhoe” en 1820. Robin de Locksley es un noble sajón que se esconde de las injustas leyes del rey Juan Sin Tierra (que lo han declarado proscrito) en el bosque de Sherwood,  cerca de la ciudad de Nottingham. El sheriff de la ciudad trata infructuosamente de darle caza, y él, por su parte, cuenta con el apoyo del pueblo porque ayuda a los pobres y los oprimidos. Llegado el momento ayuda al rey Ricardo en su regreso al trono, así como al noble caballero Ivanhoe (supuesto héroe de la novela, aunque los otros dos secundarios se lo comen con patatas)

Las bases históricas de este personaje se encuentran, irónicamente, en épocas posteriores a las de Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra. La primera referencia a la leyenda de Robin Hood aparece en 1459, en la obra “La pequeña gesta de Robin Hood” editada por Wyrkyn de Worde, el primero en popularizar el uso de la imprenta en Inglaterra. Según esta obra los hechos son mucho más recientes a la época que nos ocupa:  En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se contaba Bob, Rob o Robin Hood (nacido en 1290), contra el Rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, lindante con el de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, (con armas escondidas y lorigas de malla bajo los hábitos) fueron a su encuentro, en un principio para prenderle. Les sorprendió que no solo no les atacaran sino que se ofrecieran a escoltarles hasta la salida del bosque. Dándose cuenta que no eran bandidos comunes, el rey reveló su identidad y prometió el perdón a Robin y los suyos si le juraban lealtad y le servían con fidelidad. Y al parecer, así lo hicieron. Hay un tal Robin en registros fechados en 1324, que prueban que recibió salarios por sus servicios al rey. Esta versión de la historia asegura que Robin Hood  se cambió el nombre a Fulke Fitz Warin, y que en 1350 (con 60 años) era conde de Hunttington.

Por otro lado “Robin Hood” puede traducirse literalmente por “Mirlo encapuchado”, “Robin el encapuchado”, o “Robin el truhan”. Robin, o su diminutivo Rob (o Bob) era una manera despectiva de los nobles normandos a la hora de referirse a los plebeyos (ya que, por otro lado, era un nombre de lo más común). Así que, si el DJ prefiere esta otra versión de la historia sí, los PJ pueden encontrase con uno o varios “Bob Hood”. Pues es el sinónimo, en la Inglaterra medieval, de un bandido. Aunque es dudoso que robe a los ricos para dárselo a los pobres...

martes, 29 de mayo de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 4. (y último). La Wicca (Brujería tradicional)






Mis buenas amigas wiccanas me van a  dar de collejas hasta en el DNI por incluir su religión en esta relación de sectas satánicas, pero en fin... No es por vosotras chicas, es por la creencia popular, que la gente no se entera. A ver si les informamos un poco. No me lancéis mal de ojo que me he echado una protección de espejo. Y recordad la ley de tres, leñe...

Para empezar... NO. Las (y los, que los hay) practicantes de la Wicca NO ADORAN AL DIABLO. Aunque lamentablemente, existe la idea comúnmente aceptada de que sí. Ya saben, brujas escoba, besarle el culo al macho cabrío...

Según sus practicantes, las raíces de la Wicca se encuentran en el Neolítico. Son las creencias “paganas” del culto a la fertilidad, anteriores al cristianismo, e incluso a la religión oficial romana (¿de dónde creen que deriva el término “pagano”? ¡Del latín “pagus”, que significa “campo”!) En las civilizadas ciudades se podía rezar a la religión oficial... pero en el mundo rural la situación era muy distinta. Convenientemente romanizadas primero y cristianizadas después, estas creencias se han mantenido hasta tiempos más recientes de lo que se piensa. Estas creencias solían ser despreciadas por la élite culta, que las tachaba de supersticiones campesinas, propias de mentes incultas que no comprendían los dogmas del pecado original, la virginidad de la Madre de Dios o el concepto de la Trinidad (ya saben, tres personas distintas y un solo Dios verdadero... No pretendan que se lo explique que yo tampoco lo entendí jamás. Y el padre Martín que nos daba la catequesis creo que tampoco. Se limitó a decirme en confianza que “en el Cielo lo entendería”)
La gente “rústica” no entendía pues los dogmas cristianos, pero veía día a día la fuerza de la naturaleza, veía las plantas morir cada invierno y renacer cada primavera, y le era más comprensible un culto basado en las fuerzas de la naturaleza, de la vida y de la muerte como parte de un ciclo de reencarnación. La Iglesia terminó asimilándolos con una política de palo y zanahoria: Por un lado, cristianizando los lugares sagrados, las romerías y ciertos ritos. Por otro, castigando con dureza a “las brujas” (y brujos, claro) como adeptos al Diablo. Vieja y socorrida idea sacada del judaísmo, que consideraba  demonios a todos los dioses que no eran el suyo...

Con todo, no nos confundamos: La Wicca (masculino, en femenino se dice Wicce, precedentes etimológicos en inglés antiguo de “Witch”) NO es la brujería antigua y medieval europea. Entre otras cosas, porque es difícil reproducir unos ritos y unas creencias de los que hay poco escrito... y lo que hay, salido de la pluma de los enemigos de esa religión.

La Wicca tan y como la conocemos hoy se debe en buena parte a Gerald Gardner, un funcionario retirado que en 1954 publica su libro Witchcraft Today (Brujería de hoy), cuya doctrina completa con su otro libro “The Meaning of Witchcraft” (El significado de la brujería) en 1959.  No es casual que sus libros salgan precisamente en la década de los 50. En 1951 fue abolida la última “Witchcraft Act” (Legislación de Brujería) existente en Gran Bretaña. Aunque databa del año 1735, leyes contra la brujería existían en Inglaterra desde el reinado de Enrique VIII (sí, ese de las seis esposas). Esa ley del siglo XVIII no condenaba a nadie a morir en la hoguera, pero sí castigaba a los autodenominados “brujos” a multas económicas, cárcel e incluso destierro.
Gardner apunta en sus libros que las tradiciones brujeríles se habían ido transmitiendo oralmente y en secreto, y él mismo había sido iniciado por el covenat (aquelarre) de brujas de New Forest, en Hampshire. Con todo, confesó que buena parte de los rituales estaban incompletos y él los había “reconstruido”.

No tardaron en salirle detractores, claro: Aidam Kely (antaño seguidor de Gardner) confesó en los 90 que los rituales de la Wicca fueron integramente inventados por Gardner, con poca o ninguna inspiración en los rituales ancestrales. De hecho, estos rituales recuerdan demasiado a la “Alta Magia” (o Magia ceremonial) de Eliphas Levi o Alberto Magnus, con toques de órdenes ocultistas e inciáticas como la Golden Down (que tampoco es tan raro teniendo en cuenta que  Aleister Crowley y Gardner habían sido amigos)

Cierto es que antropólogos serios como Margaret Murray, Robert Graves y Sir James Fracer apuntan en sus textos la existencia de un culto matriarcal prehistórico cuyas sombras y restos serían la brujería rural. Pero es dudoso que los rituales del aquelarre con el que contactó Gardner procedieran directamente de la prehistoria. Más bien, como señala Phillip Hesenton y sobre todo Doreen Valiente (que fue colaboradora de Gardner) ese aquelarre procedía de las iniciativas románticas de finales del siglo XIX en las que se ensalzaba la figura de la bruja y la brujería como contra-cultura libre, enfrentada a la Iglesia opresora. Isaac Bonewits incluso afirma que el resurgir práctico de la brujería no se produce hasta la década de 1920, cuando “algunos folcloristas se unieron con algunos rosacruces de la Golden Dawn y con supuestos brujos tradicionales familiares para producir el primer coven moderno en Inglaterra, y unieron de forma ecléctica las distintas fuentes que pudieron encontrar con el objetivo de reconstruir su pasado pagano”

¿En qué consisten exactamente las creencias wiccanas hoy en día? Bueno, al ser una religión descentralizada es difícil responder a esta pregunta. Las variantes más populares de la Wicca son la hereditaria, chamánica, gardneriana, alexandriana, céltica, tradicional, diánica-feminista, faerie y ecléctica... y seguro que me dejo más de una. Eso, sin contar las variantes locales. 

Con todo hay varios puntos en común en el credo de todos los wiccanos:
La más importante ley de esa religión es “Haz lo que quieras, sin hacer daño a los demás”. Cada persona puede vivir su vida en armonía, sin lastimar o dañar a otros. Ni meterse en sus vidas si no es invitado a ello,
También es común la “Ley de Tres”: “Aquello que hagas, tanto bueno como malo, te será devuelto por tres veces”.
Se usa magia, pero siempre blanca, en forma de bendiciones, nunca maldiciones ni mucho menos magia negra.
Tampoco creen en un Cielo o Infierno, sino en la reencarnación, y no tanto como un premio o un castigo sino como parte de un eterno ciclo vital de Muerte y Vida. 
Establecen una conexión espiritual con la Naturaleza entendida como “Gaia”, el espíritu vital de la Tierra.

Por ello, la mayoría de los cultos wiccanos que conozco están preocupados por el medio ambiente, el cambio climático y la preservación ambiental. Son ecologistas, muchos de ellos veganos y nudistas, para sentir así mayor conexión con la madre naturaleza. Y evidentemente, feministas. Suelen practicar el poliamor (como llaman ahora a esto del amor libre de mis tiempos mozos)

Celebran el día del Orgullo Pagano Mundial (el 20 de septiembre), aunque son mucho más importantes para ellos el Samhain (31 de octubre) o la fiesta de Yule (Solsticio de Invierno, 20-23 de diciembre)

En el Estado Español la Wicca está reconocida legalmente como Confesión Religiosa desde el 23/12/2011 (ya es casualidad, en plena festividad de Yule)



martes, 1 de mayo de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 3. Los Laveyanos. (Satanistas ateos).





En 1969 se publicaría un libro que sacudiría los cimientos del satanismo, al menos tal y cómo se entendía hasta entonces: La Biblia Satánica (también llamada Biblia Negra) de  Anton Szandor LaVey (nacido Howard Stanton Levey) un escritor y músico nacido en Chicago en 1930.  En ese libro resumía las creencias de su “Iglesia de Satán”, fundada por él mismo la noche de Walpurgis (30 de abril) de 1966.

LaVey postula que la verdadera naturaleza del hombre es carnal, no espiritual como dice la Iglesia cristiana. No ha de luchar contra sus impulsos y deseos, sino darles rienda suelta entendiendo que son “lo normal”. El ser humano no es más que un animal (más evolucionado que los otros, pero animal al fin y al cabo). El “pecado” no ha de entenderse como tal, sino como la verdadera liberación del ser humano. LaVey afirma que esta energía de origen carnal puede ser manipulada para fines personales mediante el uso de rituales mágicos. A esta naturaleza, esta fuerza para muchos “oscura” LaVey la llama, como tantos otros antes que él “Satán”. Es el símbolo de la inteligencia y la rebeldía: el ángel perfecto que se rebela contra su creador (Dios) al pensar por sí mismo y negarse a ser un esclavo. No obstante, LaVey deja muy claro en su obra que Satán no es ninguna entidad divina, que por lo tanto tiene que ser aceptado, pero no adorado. De hecho, desprecia a los Satanistas teístas tanto o más que a los cristianos. Así nació así el llamado “Satanismo Ateo.”

Pese a que LaVey considera al ser humano básicamente materialista e individualista (ni altruista ni solidario como abogan la mayoría de las religiones) sí sentó una serie de principios éticos para que sus seguidores pudieran vivir en sociedad. En concreto, nueve afirmaciones y once mandamientos.

Las “Afirmaciones Satánicas” de LaVey son: 

1 - Satán representa complacencia, en lugar de abstinencia
2 - Satán representa la existencia vital, en lugar de sueños espirituales
3 - Satán representa la sabiduría perfecta, en lugar del autoengaño hipócrita
4 - Satán representa amabilidad hacia quienes la merecen, en lugar del amor malgastado en ingratos
5 - Satán representa la venganza, en lugar de ofrecer la otra mejilla
6 - Satán representa responsabilidad para el responsable, en lugar de vampiros psíquicos
7 - Satán representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, otras veces peor que aquellos que caminan en cuatro patas, el cual, por causa de su "divino desarrollo intelectual", se ha convertido en el animal más vicioso de todos
8 - Satán representa todos los así llamados pecados, mientras lleven a la gratificación física, mental o emocional
9 - Satán ha sido el mejor amigo que la Iglesia siempre ha tenido, ya que la ha mantenido en el negocio durante todo este tiempo.

… Y los once “mandamientos LaVeyanos:

1 -  No des tu opinión o consejo a menos que te lo pidan.
2 -  No cuentes tus problemas a otros a menos que estés seguro de que quieran oírlos.
3 - Cuando estés en el hogar de otra persona, muestra respeto o mejor no vayas allá.
4 - Si un invitado en tu hogar te enfada, trátalo cruelmente y sin piedad.
5 - No hagas avances sexuales a menos que te sea dada consentimiento para hacerlos.
6 - No tomes lo que no te pertenece a menos que sea una carga para la otra persona y esté suplicando por ser liberada.
7 - Reconoce el poder de la magia si la has empleado exitosamente para obtener algo deseado. Si niegas el poder de la magia después de haber acudido a ella con éxito, perderás todo lo conseguido.
8 - No te preocupes por algo que no tenga que ver contigo.
9 - No hieras a niños pequeños.
10 - No mates animales (no humanos) a menos que seas atacado, o para alimento.
11 - Cuando estés en territorio neutral, no molestes a nadie. Si alguien te molesta, pídele que pare. Si no lo hace, destrúyelo.

En general, como se puede ver, una moral basada en el egoísmo y el “ojo por ojo”. Nada que ver con la caridad y aquello de “poner la otra mejilla”.

La Iglesia de Satán, donde LaVey predicaba su doctrina (y realizaba sus rituales y sus orgías) fue al principio una organización clandestina, organizada en “grottos” (de “grottas”, grutas en italiano). La principal estaba en San Francisco, (actualmente está en Nueva York) pero había otros como el Grotto babilonio en Detroit, el Grotto estigio en Dayton y el Grotto de Lilith en Nueva York. Cuando con el paso del tiempo la Iglesia de Satán fue reconocida en Estados Unidos como religión legal este sistema de club prohibido y secta clandestina desapareció... lo que le quitó encanto, según muchos.



Escisiones de la Iglesia de Satán son:

Templo de Set (1975)
Fundado Michael Aquino, uno de los hombres de confianza de LaVey. Su principal lugar de culto está en Santa Bárbara (California, Estados Unidos). Creen que el verdadero nombre del Diablo es Set, dios del Antiguo Egipto que representaba las tinieblas, la sequía y el desierto. Consideran que Set (el Diablo) no es una simple metáfora, sino una ente metafísico consciente y real. Los “setianos” practican una serie de rituales mágicos para aumentar su potenciar y auto-deificarse. Es decir, llegar a alcanzar ellos mismos la divinidad. 

Templo del Vampiro (1989)
Fundado por Lucas Martel, amigo íntimo de LaVey. Se trata de una Iglesia de voluntad internacional (y legal en los USA) dedicada a la religión Vampírica. Sus adeptos creen en la existencia de vampiros y hacen lo posible para parecerse a ellos y adoptar su forma de “vida” y costumbres... aunque en ello no está incluido el chupetearse la sangre unos de otros, para evitar acusaciones de canibalismo. Son muy estrictos con los temas de abstenerse de toda actividad criminal, comportarse de manera responsable y adulta. Muchos lo consideran un club de siniestros con cierto postureo y poco más.

Primera Iglesia Satánica (1999)
Fundada por Karla LaVey en San Francisco para  continuar con el legado de su padre, Anton LaVey. Las hijas de LaVey, Zeenna y Karla, no vieron con buenos ojos el nuevo rumbo que llevaba la secta, en especial con el liderazgo de  Peter Howard Gilmore, que trasladó la sede principal a Nueva York. Zeenna se hizo Suma Sacerdotisa del Templo de Set durante doce años (desde 1990 hasta el 2002, fecha en la que fundó su propia escisión setiana, el SLM (movimiento de liberación setiana). Karla prefirió refundar la Iglesia de su padre manteniendo su sede en California

El Templo Satánico (2013)
Con sede en Salem (Massachusetts) se define como “una organización no gubernamental dedicada al activismo político y cultural”. Aunque se confiesan Laveyanos, se diferencian de la Iglesia de satán original por su activismo político y su postura ideológica más humanista y socio-liberal. Gran parte de su activismo se mueve en torno a la separación entre la Iglesia y el Estado, el racionalismo, el escepticismo, los Derechos Humanos y los derechos de las minorías.