domingo, 26 de agosto de 2018

La Historia tras la Leyenda 3. El Zorro




El personaje de “El Zorro” nace en 1919 de la pluma de Johnston McCulley, en su novela “La maldición de Capistrano”. El éxito de la misma impulsó al autor a escribir más de 60 novelas sobre el personaje, la última de las cuales, “La máscara del Zorro” se publicó ya póstumamente. Otros autores, con posterioridad, tomaron el relevo. ¡Incluso una escritora tan seria como Isabel Allende! Pero el Zorro tiene muchas vidas, no sólo la literaria. Seriales radiofónicos, tele-novelas, series de televisión, dibujos animados, cómics y sobre todo una larga serie de películas han contribuido a la popularidad del personaje.

¿Y quién es el Zorro? Se trata de un misterioso espadachín enmascarado, vestido de negro, con capa y sombrero de ala recta, según l moda en California. Defiende a los pobres e indefensos de funcionarios corruptos y de otros villanos que actúan con impunidad gracias a su poder. Bajo su máscara se esconde don Diego de la Vega, un aristócrata hispano californiano que, a la manera de Bruce Wayne en el Batman de  Bob Kane y Bill Finger, finge una personalidad frívola e indolente. Las aventuras escritas por McCulley transcurrían en Los Ángeles durante la época del gobierno mexicano (entre 1821 y 1846), aunque adaptaciones posteriores lo han situado durante la etapa virreinal española. ¡Incluso una película italiana de 1963 lo sitúa en el siglo XVII, enfrentado nada menos que a los tres mosqueteros! (Se lo juro: el film se llama “El zorro y los tres mosqueteros”. Véanla, si lo desean, bajo su propia responsabilidad)

McCulley según su propia confesión, creó el personaje basándose principalmente en un personaje histórico: El bandido Joaquín Murrieta Orozco, apodado “El Patrio”, “El Bandido de la Montaña”, “El Jinete sin cabeza”, “El Coyote”... y “El Zorro”.


Sobre su lugar de nacimiento hay dos teorías:
La más aceptada dice que nació en el estado de Sonora (México), donde el apellido Murrieta es común, y donde junto a su hermano se dedicaba a la cría de caballos.
Otra afirma que era de origen chileno, nacido en Quillota, a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de Valparaíso. Esta tésis afirma que fue soldado en la escolta de Manuel Bulnes Prieto, presidente de la República de Chile entre 1841 y 1851, teniendo que huir del país por haber dado muerte a un alto oficial del ejército chileno (que había matado a un hermano menor de Joaquín).

Sea como fuere en 1850 Joaquín Murrieta, su mujer Rosita Félix y su hermano menor Carlos se encuentran en California, en plena “fiebre del oro”. Muchos mexicanos y chilenos (junto con gentes un poco de todas partes) se han trasladado allí en busca de la quimera del oro que dicen que empiedra los ríos y se puede sacar sin esfuerzo. Evidentemente, es una exageración... pero algunos compatriotas tienen suerte. Eso no gusta en absoluto a los blancos de origen anglosajón o europeo, que consideran que el oro californiano les corresponde a “ellos” y no a desarrapados “greasers” (grasientos, nombre despectivo con el que se referían a los hispanos). La cosa fue que el gobernador de California general Persifor Smith acusó al colectivo latino de “alterar el orden” y firmó un edicto de expulsión: A partir de la notificación se les daba tres horas para irse... sin llevarse absolutamente nada más que lo puesto. Ni sus pertenencias, ni sus herramientas de buscadores de oro. Ante las protestas (y los disturbios que ocasionó la puesta en práctica de la ley) ésta se suavizó: Podían quedarse... pero como “eran extranjeros” se les impuso un impuesto especial de 20 dólares mensuales (el llamado “Foreign Miners Tax” algo que no se exigía a irlandeses, polacos, alemanes y otros europeos, por cierto). Además, las autoridades “miraban para otro lado” en los delitos causados por la población anglosajona y europea contra la población latina.
Lo más irónico es que, hasta 1848, esas tierras formaban parte de México. Los 75.000 hispanos nacidos allí se convirtieron, de un día para otro, en extranjeros en su propia patria.

En este clima de racismo y hostigamiento, Carlos Murrieta fue ahorcado sin juicio acusado del robo de un caballo. Y a Rosita Félix la violaron y la asesinaron. Hubieran matado a Joaquín, pero no estaba en casa ese día. Lamentarían (y mucho) no haberlo encontrado. Joaquín Murrieta no se molestó en denunciar el caso a las autoridades: Al fin y al cabo, era ilegal que un hispano denunciase “a un blanco” por cualquier delito, real o ficticio. En lugar de ello, decidió tomarse la justicia por su mano. Al igual que muchos otros se hizo bandido. Pronto figuró como integrante de una curiosa banda llamada “los cinco Joaquines”, ¡pues todos sus miembros se llamaban Joaquín! (Joaquín Murrieta, Joaquín Botellier, Joaquín Carrillo, Joaquín Ocomoreña y Joaquín Valenzuela). Luego se convirtió en líder de su propia banda, junto a otro bandido que se convirtió en su lugarteniente y mano derecha: Manuel García, más conocido por su alias de “Jack Tres Dedos”. Entre los años 1850 y 1853 se atribuyen a Joaquín Murrieta y sus asociados robos por un total de 100.000 dólares y más de cien caballos, así como la muerte de 22 personas (tres de ellos, agentes de la ley). Sin embargo, nunca atacaron ni robaron a un mexicano ni a otro hispano. De hecho, esa comunidad les protegía y ocultaba cuando había necesidad.

Para detener a Murrieta el nuevo gobernador de California John Bigler creó el 11 de mayo de 1853 un grupo especial de alguaciles, que fue bautizado como “Rangers de California”, al mando de un ex Ranger de Texas llamado Harry Love. En realidad eran un grupo de caza recompensas sin escrúpulos a los que el gobernador prometió inmunidad total y una recompensa de 5.000 dólares (una suma más que considerable para la época) si le traían la cabeza de Murrieta. El recién creado grupo tuvo un éxito asombroso: algo más de un mes más tarde (el 25 de julio) se enfrentaron a un grupo de bandidos mexicanos matando a dos... ¡que “casualmente” resultaron ser Murrieta y su lugarteniente, “Jack Tres Dedos”! Como prueba de la muerte de los bandidos Harry Love y sus hombres le cortaron la cabeza a Murrieta y la mano a “Tres Dedos”, colocándolos en un jarrón de Whisky para que no se pudrieran. Estos macabros trofeos fueron exhibidos en Stockton, San Francisco, y otras ciudades de California , donde la gente podía verlos previo pago de 1 dólar. Terminaron en el Golden Nugget Saloon de San Francisco, hasta que el local (y sus trofeos) fueron destruidos por el terremoto de 1906.


Aunque Harry Love y sus hombres cobraron la recompensa, hubo gente que denunció que ésa cabeza no pertenecía a Murrieta, pues el bandido tenía una cicatriz muy característica en la mejilla. Del mismo modo, aunque las autoridades lo negaron siempre, hubo quien afirmó haber visto a Murrieta participar en otros asaltos y robos, atribuidos a otros bandidos. Una tradición afirma que el bandido aprovechó la confesión de su supuesta muerte para volver a México junto a su cuñado  Jesús Félix, dedicándose a la captura y venta de potros salvajes, que luego vendían entre Sonora y Veracruz. Incluso llegó al San Francisco Herald en 1875 una carta, escrita al parecer por el mismo Murrieta, en la que afirma en tono de chanza que “aún conservo mi cabeza”. Según esta hipótesis, Murrieta murió plácidamente en algún momento entre los años 1880 y 1890. Se dice que su tumba se encuentra en el pueblo de Cucurpe, en Sonora.


domingo, 29 de julio de 2018

La Historia tras la Leyenda 2. Milady de Winter



Prototipo de mujer fatal, belleza malvada e intrigante asesina, el personaje de Milady en la novela “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas no deja a ningún lector indiferente. Incluso los hay que postulan (y me confieso entre ellos) que es el personaje más redondo de la obra. Algunos llegan a sugerir que es la verdadera protagonista. Un personaje demasiado bueno para ser real.
Aunque como decía Evaristo San Miguel “la realidad supera la ficción” (once a uno, añade mi buen amigo Miguel Aceytuno, pero eso es una broma privada entre los dos)
Y es que Alejandro Dumas (padre) tenía mucha imaginación... pero no tanta. Se basó en un personaje histórico. Una agente de Richelieu que conspiró contra Buckingham y llegó, en efecto, a robar los famosos herretes .

Se llamaba Lucy Hay, y fue condesa de Carlisle. Nacida Lucy Percy en 1599 en Londres, era hija de  Henry Percy, IX conde de  Northumberland. En 1605 sir Percy fue acusado (al parecer con bastante motivo) de haber participado en la llamada “Conspiración de la Pólvora” que quiso volar el Parlamento Inglés en 1605. El encarcelamiento de su padre marcaría el destino de la joven Lucy. Aunque era popular en la Corte por su belleza y su aguzado ingenio, ningún noble de alcurnia quería desposarse con la hija de un traidor.  Hasta que conoció al viudo sir James Hay, conde de Carlisle. A éste no le importaban las habladurías (era amigo personal del rey Jacobo I y su lealtad estaba más que probada) y tener una esposa guapa, lista y joven, de la que podía ser su padre (ella tenía 18 años y él 37), era para él motivo de orgullo más que de otra cosa. Se casaron el 6 de noviembre de 1617.

Unida a la carrera de su marido en la Corte, la joven Lucy vio con preocupación el rápido ascenso del “advenedizo” George de Villiers, que de ser un noble menor sin importancia pasaría a convertirse, en una carrera meteórica, en favorito de Jacobo I y del príncipe Carlos. Cuando lo nombraron Duque de Buckingham ya gobernaba, de facto, el reino de Inglaterra... lo que porvocó que Lucy Hay se convirtiera en su acérrima enemiga.  Y ya se sabe, “el enemigo de tu enemigo...” Lucy Hay terminó reclutada como agente al servicio del cardenal Richelieu, es decir, del primer ministro de Francia. No está claro quién dio el primer paso. A mi me gusta pensar que fue el astuto cardenal, cuando Lucy acompañó a su marido a la Corte francesa para mediar en el conflicto de los hugonotes, en 1622. Sin duda, no hubo mejor ocasión que esa.

Sea como fuere, en 1625, y a la muerte del rey Jacobo, estalla un escándalo en la Corte inglesa cuando el Parlamento acusa a Buckingham de corrupción. El ya entonces Carlos I  salva a su amigo de la quema enviándolo a Francia a mediar en el conflicto hugonote, como hiciera su padre tres años atrás con John Hay. Aunque el duque no se ocupó mucho de los hugonotes y sí de asistir a fiestas y eventos de la Corte francesa, en los que tuvo quizá demasiadas atenciones con la reina Ana de Austria... también enemiga de Richelieu, por cierto. Éste vio la ocasión de matar dos pájaros de un tiro (es decir, librarse de dos enemigos políticos simultáneamente) y esparció el malicioso rumor de que la reina y el inglés eran... “bastante más que sólo amigos”. Según se cuenta (aunque no está del todo probado) la historia de los herretes, uno de los ejes de la novela de Dumas, fue cierta: Luis XIII había regalado a su esposa un espectacular collar de diamantes que la reina, a su vez, entregó a Buckingham como prueba de su amor. Enterado de ello, Richelieu encomendó a Lucy Hay la tarea de robarlo, misión que ella realizó con éxito. Con el collar en su poder, el cuco del cardenal convenció al rey para que celebrase un baile y le dijese a la reina que luciese el costoso y magnífico regalo que él mismo le había entregado años atrás. La reina Ana no se chupaba el dedo y gracias a varios sirvientes fieles y sobre todo a su amiga la también espía Marie de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse (oscuro y desconocido personaje del que un día tengo que hablar) logró en tiempo récord una réplica aceptable de la joya, con lo que su honor quedó a salvo. Y no, no intervinieron los mosqueteros. Para nada. Como tampoco intervino Lucy Hay en el asesinato de Buckingham (ya le hubiera gustado)

Lucy Hay no terminó sus días decapitada (como Milady de Winter) tras el asesinato de  Buckingham. Tras la muerte de su marido en 1636, viuda ociosa y adinerada, volvió a las intrigas políticas y el espionaje, haciendo un doble juego que, a la larga, le tendría que costar caro. Se inmiscuyó en el conflicto entre el rey Carlos I y los puritanos, haciéndose amante de manera simultánea  de Thomas Wentworth, conde de Strafford, parlamentario de la cámara de los lores, lord Diputado de Irlanda y consejero personal del rey Carlos I.... y de  John Pym, miembro de la cámara de los Comunes y líder del Partido Puritano. Al parecer fue pasando información privilegiada de uno a otro, aunque finalmente pareció que se decantaba por los puritanos, ya que los financió con numerosas sumas de dinero. Eso no impidió que mantuviera buena relación con los realistas, ofreciéndose como al rey Carlos I como “intermediaria” entre su augusta persona y los puritanos. Cromwell acabó más que harto de ella, y la hizo encarcelar acusada de espionaje y conspiración el 21 de marzo de 1649, apenas dos meses después de la ejecución de Carlos Estuardo. Cromwell quería afianzar su dictadura, y estaba una auténtica purga de realistas (o de sospechosos de serlo). Desde la Torre de Londres (no se sabe si ocupando la misma celda que su padre) Lucy siguió conspirando, esta vez a favor del retorno de Carlos II y la caída de Cromwell, manteniendo, gracias a su hermano Algemon, una larga correspondencia a base de cartas cifradas con el pretendiente al trono, exiliado en Francia.

Lucy Hay fue liberada el 25 de septiembre de 1650, tras pagar una cuantiosa fianza (y gracias a la intervención de su hermano). Pero ya nunca fue la mujer intrigante que había sido... No por falta de ganas, sino posiblemente porque ya no gozaba de ninguna credibilidad, ni con puritanos ni con realistas. Con todo, vivió lo suficiente para ver la caída de sus enemigos: La muerte de Cromwell (1658) y la restauración de los Estuardo (abril de 1660). Murió el 5 de noviembre de 1660, dicen que de apoplejía. Y quizá hasta sea verdad. 







sábado, 30 de junio de 2018

La Historia tras la Leyenda 1. Robin Hood



La versión más conocida de la leyenda de Robin Hood es la que presentó Walther Scott en su novela “Ivanhoe” en 1820. Robin de Locksley es un noble sajón que se esconde de las injustas leyes del rey Juan Sin Tierra (que lo han declarado proscrito) en el bosque de Sherwood,  cerca de la ciudad de Nottingham. El sheriff de la ciudad trata infructuosamente de darle caza, y él, por su parte, cuenta con el apoyo del pueblo porque ayuda a los pobres y los oprimidos. Llegado el momento ayuda al rey Ricardo en su regreso al trono, así como al noble caballero Ivanhoe (supuesto héroe de la novela, aunque los otros dos secundarios se lo comen con patatas)

Las bases históricas de este personaje se encuentran, irónicamente, en épocas posteriores a las de Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra. La primera referencia a la leyenda de Robin Hood aparece en 1459, en la obra “La pequeña gesta de Robin Hood” editada por Wyrkyn de Worde, el primero en popularizar el uso de la imprenta en Inglaterra. Según esta obra los hechos son mucho más recientes a la época que nos ocupa:  En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se contaba Bob, Rob o Robin Hood (nacido en 1290), contra el Rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, lindante con el de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, (con armas escondidas y lorigas de malla bajo los hábitos) fueron a su encuentro, en un principio para prenderle. Les sorprendió que no solo no les atacaran sino que se ofrecieran a escoltarles hasta la salida del bosque. Dándose cuenta que no eran bandidos comunes, el rey reveló su identidad y prometió el perdón a Robin y los suyos si le juraban lealtad y le servían con fidelidad. Y al parecer, así lo hicieron. Hay un tal Robin en registros fechados en 1324, que prueban que recibió salarios por sus servicios al rey. Esta versión de la historia asegura que Robin Hood  se cambió el nombre a Fulke Fitz Warin, y que en 1350 (con 60 años) era conde de Hunttington.

Por otro lado “Robin Hood” puede traducirse literalmente por “Mirlo encapuchado”, “Robin el encapuchado”, o “Robin el truhan”. Robin, o su diminutivo Rob (o Bob) era una manera despectiva de los nobles normandos a la hora de referirse a los plebeyos (ya que, por otro lado, era un nombre de lo más común). Así que, si el DJ prefiere esta otra versión de la historia sí, los PJ pueden encontrase con uno o varios “Bob Hood”. Pues es el sinónimo, en la Inglaterra medieval, de un bandido. Aunque es dudoso que robe a los ricos para dárselo a los pobres...

martes, 29 de mayo de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 4. (y último). La Wicca (Brujería tradicional)






Mis buenas amigas wiccanas me van a  dar de collejas hasta en el DNI por incluir su religión en esta relación de sectas satánicas, pero en fin... No es por vosotras chicas, es por la creencia popular, que la gente no se entera. A ver si les informamos un poco. No me lancéis mal de ojo que me he echado una protección de espejo. Y recordad la ley de tres, leñe...

Para empezar... NO. Las (y los, que los hay) practicantes de la Wicca NO ADORAN AL DIABLO. Aunque lamentablemente, existe la idea comúnmente aceptada de que sí. Ya saben, brujas escoba, besarle el culo al macho cabrío...

Según sus practicantes, las raíces de la Wicca se encuentran en el Neolítico. Son las creencias “paganas” del culto a la fertilidad, anteriores al cristianismo, e incluso a la religión oficial romana (¿de dónde creen que deriva el término “pagano”? ¡Del latín “pagus”, que significa “campo”!) En las civilizadas ciudades se podía rezar a la religión oficial... pero en el mundo rural la situación era muy distinta. Convenientemente romanizadas primero y cristianizadas después, estas creencias se han mantenido hasta tiempos más recientes de lo que se piensa. Estas creencias solían ser despreciadas por la élite culta, que las tachaba de supersticiones campesinas, propias de mentes incultas que no comprendían los dogmas del pecado original, la virginidad de la Madre de Dios o el concepto de la Trinidad (ya saben, tres personas distintas y un solo Dios verdadero... No pretendan que se lo explique que yo tampoco lo entendí jamás. Y el padre Martín que nos daba la catequesis creo que tampoco. Se limitó a decirme en confianza que “en el Cielo lo entendería”)
La gente “rústica” no entendía pues los dogmas cristianos, pero veía día a día la fuerza de la naturaleza, veía las plantas morir cada invierno y renacer cada primavera, y le era más comprensible un culto basado en las fuerzas de la naturaleza, de la vida y de la muerte como parte de un ciclo de reencarnación. La Iglesia terminó asimilándolos con una política de palo y zanahoria: Por un lado, cristianizando los lugares sagrados, las romerías y ciertos ritos. Por otro, castigando con dureza a “las brujas” (y brujos, claro) como adeptos al Diablo. Vieja y socorrida idea sacada del judaísmo, que consideraba  demonios a todos los dioses que no eran el suyo...

Con todo, no nos confundamos: La Wicca (masculino, en femenino se dice Wicce, precedentes etimológicos en inglés antiguo de “Witch”) NO es la brujería antigua y medieval europea. Entre otras cosas, porque es difícil reproducir unos ritos y unas creencias de los que hay poco escrito... y lo que hay, salido de la pluma de los enemigos de esa religión.

La Wicca tan y como la conocemos hoy se debe en buena parte a Gerald Gardner, un funcionario retirado que en 1954 publica su libro Witchcraft Today (Brujería de hoy), cuya doctrina completa con su otro libro “The Meaning of Witchcraft” (El significado de la brujería) en 1959.  No es casual que sus libros salgan precisamente en la década de los 50. En 1951 fue abolida la última “Witchcraft Act” (Legislación de Brujería) existente en Gran Bretaña. Aunque databa del año 1735, leyes contra la brujería existían en Inglaterra desde el reinado de Enrique VIII (sí, ese de las seis esposas). Esa ley del siglo XVIII no condenaba a nadie a morir en la hoguera, pero sí castigaba a los autodenominados “brujos” a multas económicas, cárcel e incluso destierro.
Gardner apunta en sus libros que las tradiciones brujeríles se habían ido transmitiendo oralmente y en secreto, y él mismo había sido iniciado por el covenat (aquelarre) de brujas de New Forest, en Hampshire. Con todo, confesó que buena parte de los rituales estaban incompletos y él los había “reconstruido”.

No tardaron en salirle detractores, claro: Aidam Kely (antaño seguidor de Gardner) confesó en los 90 que los rituales de la Wicca fueron integramente inventados por Gardner, con poca o ninguna inspiración en los rituales ancestrales. De hecho, estos rituales recuerdan demasiado a la “Alta Magia” (o Magia ceremonial) de Eliphas Levi o Alberto Magnus, con toques de órdenes ocultistas e inciáticas como la Golden Down (que tampoco es tan raro teniendo en cuenta que  Aleister Crowley y Gardner habían sido amigos)

Cierto es que antropólogos serios como Margaret Murray, Robert Graves y Sir James Fracer apuntan en sus textos la existencia de un culto matriarcal prehistórico cuyas sombras y restos serían la brujería rural. Pero es dudoso que los rituales del aquelarre con el que contactó Gardner procedieran directamente de la prehistoria. Más bien, como señala Phillip Hesenton y sobre todo Doreen Valiente (que fue colaboradora de Gardner) ese aquelarre procedía de las iniciativas románticas de finales del siglo XIX en las que se ensalzaba la figura de la bruja y la brujería como contra-cultura libre, enfrentada a la Iglesia opresora. Isaac Bonewits incluso afirma que el resurgir práctico de la brujería no se produce hasta la década de 1920, cuando “algunos folcloristas se unieron con algunos rosacruces de la Golden Dawn y con supuestos brujos tradicionales familiares para producir el primer coven moderno en Inglaterra, y unieron de forma ecléctica las distintas fuentes que pudieron encontrar con el objetivo de reconstruir su pasado pagano”

¿En qué consisten exactamente las creencias wiccanas hoy en día? Bueno, al ser una religión descentralizada es difícil responder a esta pregunta. Las variantes más populares de la Wicca son la hereditaria, chamánica, gardneriana, alexandriana, céltica, tradicional, diánica-feminista, faerie y ecléctica... y seguro que me dejo más de una. Eso, sin contar las variantes locales. 

Con todo hay varios puntos en común en el credo de todos los wiccanos:
La más importante ley de esa religión es “Haz lo que quieras, sin hacer daño a los demás”. Cada persona puede vivir su vida en armonía, sin lastimar o dañar a otros. Ni meterse en sus vidas si no es invitado a ello,
También es común la “Ley de Tres”: “Aquello que hagas, tanto bueno como malo, te será devuelto por tres veces”.
Se usa magia, pero siempre blanca, en forma de bendiciones, nunca maldiciones ni mucho menos magia negra.
Tampoco creen en un Cielo o Infierno, sino en la reencarnación, y no tanto como un premio o un castigo sino como parte de un eterno ciclo vital de Muerte y Vida. 
Establecen una conexión espiritual con la Naturaleza entendida como “Gaia”, el espíritu vital de la Tierra.

Por ello, la mayoría de los cultos wiccanos que conozco están preocupados por el medio ambiente, el cambio climático y la preservación ambiental. Son ecologistas, muchos de ellos veganos y nudistas, para sentir así mayor conexión con la madre naturaleza. Y evidentemente, feministas. Suelen practicar el poliamor (como llaman ahora a esto del amor libre de mis tiempos mozos)

Celebran el día del Orgullo Pagano Mundial (el 20 de septiembre), aunque son mucho más importantes para ellos el Samhain (31 de octubre) o la fiesta de Yule (Solsticio de Invierno, 20-23 de diciembre)

En el Estado Español la Wicca está reconocida legalmente como Confesión Religiosa desde el 23/12/2011 (ya es casualidad, en plena festividad de Yule)



martes, 1 de mayo de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 3. Los Laveyanos. (Satanistas ateos).





En 1969 se publicaría un libro que sacudiría los cimientos del satanismo, al menos tal y cómo se entendía hasta entonces: La Biblia Satánica (también llamada Biblia Negra) de  Anton Szandor LaVey (nacido Howard Stanton Levey) un escritor y músico nacido en Chicago en 1930.  En ese libro resumía las creencias de su “Iglesia de Satán”, fundada por él mismo la noche de Walpurgis (30 de abril) de 1966.

LaVey postula que la verdadera naturaleza del hombre es carnal, no espiritual como dice la Iglesia cristiana. No ha de luchar contra sus impulsos y deseos, sino darles rienda suelta entendiendo que son “lo normal”. El ser humano no es más que un animal (más evolucionado que los otros, pero animal al fin y al cabo). El “pecado” no ha de entenderse como tal, sino como la verdadera liberación del ser humano. LaVey afirma que esta energía de origen carnal puede ser manipulada para fines personales mediante el uso de rituales mágicos. A esta naturaleza, esta fuerza para muchos “oscura” LaVey la llama, como tantos otros antes que él “Satán”. Es el símbolo de la inteligencia y la rebeldía: el ángel perfecto que se rebela contra su creador (Dios) al pensar por sí mismo y negarse a ser un esclavo. No obstante, LaVey deja muy claro en su obra que Satán no es ninguna entidad divina, que por lo tanto tiene que ser aceptado, pero no adorado. De hecho, desprecia a los Satanistas teístas tanto o más que a los cristianos. Así nació así el llamado “Satanismo Ateo.”

Pese a que LaVey considera al ser humano básicamente materialista e individualista (ni altruista ni solidario como abogan la mayoría de las religiones) sí sentó una serie de principios éticos para que sus seguidores pudieran vivir en sociedad. En concreto, nueve afirmaciones y once mandamientos.

Las “Afirmaciones Satánicas” de LaVey son: 

1 - Satán representa complacencia, en lugar de abstinencia
2 - Satán representa la existencia vital, en lugar de sueños espirituales
3 - Satán representa la sabiduría perfecta, en lugar del autoengaño hipócrita
4 - Satán representa amabilidad hacia quienes la merecen, en lugar del amor malgastado en ingratos
5 - Satán representa la venganza, en lugar de ofrecer la otra mejilla
6 - Satán representa responsabilidad para el responsable, en lugar de vampiros psíquicos
7 - Satán representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, otras veces peor que aquellos que caminan en cuatro patas, el cual, por causa de su "divino desarrollo intelectual", se ha convertido en el animal más vicioso de todos
8 - Satán representa todos los así llamados pecados, mientras lleven a la gratificación física, mental o emocional
9 - Satán ha sido el mejor amigo que la Iglesia siempre ha tenido, ya que la ha mantenido en el negocio durante todo este tiempo.

… Y los once “mandamientos LaVeyanos:

1 -  No des tu opinión o consejo a menos que te lo pidan.
2 -  No cuentes tus problemas a otros a menos que estés seguro de que quieran oírlos.
3 - Cuando estés en el hogar de otra persona, muestra respeto o mejor no vayas allá.
4 - Si un invitado en tu hogar te enfada, trátalo cruelmente y sin piedad.
5 - No hagas avances sexuales a menos que te sea dada consentimiento para hacerlos.
6 - No tomes lo que no te pertenece a menos que sea una carga para la otra persona y esté suplicando por ser liberada.
7 - Reconoce el poder de la magia si la has empleado exitosamente para obtener algo deseado. Si niegas el poder de la magia después de haber acudido a ella con éxito, perderás todo lo conseguido.
8 - No te preocupes por algo que no tenga que ver contigo.
9 - No hieras a niños pequeños.
10 - No mates animales (no humanos) a menos que seas atacado, o para alimento.
11 - Cuando estés en territorio neutral, no molestes a nadie. Si alguien te molesta, pídele que pare. Si no lo hace, destrúyelo.

En general, como se puede ver, una moral basada en el egoísmo y el “ojo por ojo”. Nada que ver con la caridad y aquello de “poner la otra mejilla”.

La Iglesia de Satán, donde LaVey predicaba su doctrina (y realizaba sus rituales y sus orgías) fue al principio una organización clandestina, organizada en “grottos” (de “grottas”, grutas en italiano). La principal estaba en San Francisco, (actualmente está en Nueva York) pero había otros como el Grotto babilonio en Detroit, el Grotto estigio en Dayton y el Grotto de Lilith en Nueva York. Cuando con el paso del tiempo la Iglesia de Satán fue reconocida en Estados Unidos como religión legal este sistema de club prohibido y secta clandestina desapareció... lo que le quitó encanto, según muchos.



Escisiones de la Iglesia de Satán son:

Templo de Set (1975)
Fundado Michael Aquino, uno de los hombres de confianza de LaVey. Su principal lugar de culto está en Santa Bárbara (California, Estados Unidos). Creen que el verdadero nombre del Diablo es Set, dios del Antiguo Egipto que representaba las tinieblas, la sequía y el desierto. Consideran que Set (el Diablo) no es una simple metáfora, sino una ente metafísico consciente y real. Los “setianos” practican una serie de rituales mágicos para aumentar su potenciar y auto-deificarse. Es decir, llegar a alcanzar ellos mismos la divinidad. 

Templo del Vampiro (1989)
Fundado por Lucas Martel, amigo íntimo de LaVey. Se trata de una Iglesia de voluntad internacional (y legal en los USA) dedicada a la religión Vampírica. Sus adeptos creen en la existencia de vampiros y hacen lo posible para parecerse a ellos y adoptar su forma de “vida” y costumbres... aunque en ello no está incluido el chupetearse la sangre unos de otros, para evitar acusaciones de canibalismo. Son muy estrictos con los temas de abstenerse de toda actividad criminal, comportarse de manera responsable y adulta. Muchos lo consideran un club de siniestros con cierto postureo y poco más.

Primera Iglesia Satánica (1999)
Fundada por Karla LaVey en San Francisco para  continuar con el legado de su padre, Anton LaVey. Las hijas de LaVey, Zeenna y Karla, no vieron con buenos ojos el nuevo rumbo que llevaba la secta, en especial con el liderazgo de  Peter Howard Gilmore, que trasladó la sede principal a Nueva York. Zeenna se hizo Suma Sacerdotisa del Templo de Set durante doce años (desde 1990 hasta el 2002, fecha en la que fundó su propia escisión setiana, el SLM (movimiento de liberación setiana). Karla prefirió refundar la Iglesia de su padre manteniendo su sede en California

El Templo Satánico (2013)
Con sede en Salem (Massachusetts) se define como “una organización no gubernamental dedicada al activismo político y cultural”. Aunque se confiesan Laveyanos, se diferencian de la Iglesia de satán original por su activismo político y su postura ideológica más humanista y socio-liberal. Gran parte de su activismo se mueve en torno a la separación entre la Iglesia y el Estado, el racionalismo, el escepticismo, los Derechos Humanos y los derechos de las minorías.

viernes, 30 de marzo de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 2. Los Paladistas. (Satanistas teístas).




Los “paladistas” (de Palas, el titán que en la mitología griega representaba la sabiduría) quizá sean los únicos satánicos verdaderos, o al menos los que más se acercan a la idea popular del satanismo, en el sentido de que adoran, en efecto, a Satán, al que consideran un ente sobrenatural real, y practican rituales de magia negra para conseguir su favor. Este tipo de credo también recibe los nombres de “Satanismo tradicional” o “Satanismo espiritual”.

Al contrario que la Wicca, cuyas raíces hay que buscarlas en la brujería tradicional campesina, y aún antes, en los ritos neolíticos de fertilidad de la Diosa Madre, el satanismo paladiano o teista es mucho más reciente: Surge en Europa hacia el siglo XV – XVI como contraposición a la férrea represión social, de la que es cómplice una Iglesia cristiana corrupta, que señala que el orden de este mundo injusto está dictado por Dios: Él ha puesto a los poderosos nobles, con el rey a la cabeza, en lo alto de la jerarquía social, y debajo de ellos al clero, aplaudiéndoles con las orejas y cantando alabanzas, mientras la masa popular trabaja para alimentarles a costa de morirse de hambre... En este sentido empiezan a surgir grupos que se cuestionan que la Biblia diga la verdad, y que en el conflicto de los Cielos no resultara perdedor el bando protector del hombre. Es decir, Satanás.

(Los hay que rizan el rizo y señalan como origen del satanismo la adoración del becerro de oro por parte de los judíos mientras Moisés estaba de cháchara con Dios en el monte Sinaí. Esta gente ignora -u omite a posta, que es peor- que el becerro y el toro eran representaciones comunes del dios filisteo Dagán o Dagón. Pero bueno, ya se sabe...) 

Sea como fuere las primeras referencias escritas a movimientos y grupos de adoradores de Satán se encuentran ya en el siglo XVI, en puntos concretos de Francia, Italia, Inglaterra y Rusia (En España y Portugal intentos hay, pero como está también la Inquisición... pues eso). Aunque hay que separar el grano de la paja, debido a la manía de los clérigos a llamar “discípulo del Diablo” a todo supuesto hereje que se alejara de las doctrinas impuestas por Roma (como fue el caso de los “pobres” Dulcinistas en su día) hay algunos casos a lo largo de la historia que, de no ser una perversa invención posterior, son claramente satánicos... y bastante macabros: Las misas negras y los asesinatos rituales de Giles de Rais; los baños de sangre de doncella de la condesa Elizabeth Bathory;  el muy noble parlamentario inglés Francis Dashwood, y su selecto “Club Fuego Infernal”...

Estas actividades se mantienen más o menos clandestinas y aisladas, sin una unidad doctrinal, durante los siglos siguientes, hasta que en 1821 Alexis-Vincent-Charles Berbiguier de Terre-Neuve du Thym (vaya nombrecito, llámenlo Berbiguier a secas, como hacemos todos) publica en Francia “Les Farfadets”, un tratado sobre unos supuestos duendes o demonios que atormentaban al autor. El estudio de la demonología y el satanismo se ponen de  moda entre la burguesía francesa. Jacques Collin de Plancy ha publicado un poco antes (1818) su célebre “Diccionario Infernal”, con lo que los ocultistas y satanistas disponen de un detallado listado de seres diabólicos a los que adorar e invocar (y también las fórmulas y los rituales correctos para hacerlo). Ya en la segunda mitad del siglo XIX entran en escena los demonólogos Eliphas Levi (seudónimo de Adolphe-Luis Constant, por si les interesa); Joris-Karl Huysmans y sobre todo (ya a inicios del siglo XX)  Aleister Crowley quien en 1904 publica su "Libro de la Ley", sentando las bases del satanismo teísta moderno como movimiento contra-cultural (aunque su doctrina se confunda a menudo con la de los Luciferinos).

A nivel de credo y doctrina, entre los Paladianos hay dos corrientes de pensamiento:

Los que creen que el ente llamado “Satanás” es el Mal puro y absoluto, más poderoso en la Tierra que el mismo Dios creador, y realizan diferentes ritos para conseguir su beneplácito y ganarse su favor, ya sea para ganar poder o simplemente para que el Mal no les ataque. Su doctrina es sencilla: es una negación continua de lo que la Iglesia dice que hay que hacer:  Practican el fornicio simplemente para satisfacer su lujuria, se emborrachan y se drogan, no tienen respeto por los bienes ajenos, tratan de ser ante todo egoistas y es común entre ellos la blasfemia. Su símbolo más conocido es la cruz invertida, practican misas negras usando (a veces) como altar una muchacha desnuda y en lugar de la Santa Trinidad Padre-Hijo-Espíritu Santo dirigen sus rezos a la Trinidad diabólica  Lucifer-Satanás-Belcebú. Muchos practican la Magia negra, que ellos llaman de manera eufemística “la senda de la Mano Izquierda” (en contraposición con la magia blanca, llamada “la senda de la Mano Derecha”). Si su credo ha de resumirse en una frase esta sería “hágase MI Voluntad” (en contraposición al Cristianismo que dice “Hágase la Voluntad de Dios”).

Por otro lado hay otro grupo de Paladianos, más cercanos doctrinalmente a los Luciferinos, Ellos creen que Satán es el verdadero Dios, y que el que se autodenomina así es el principio de la Mentira, que ganó la rebelión de los ángeles malvados en el Cielo y que fue Dios-Satán el que fue expulsado a la Tierra. Este segundo grupo tiene una estructura doctrinal más sofisticada y no suele realizar rituales de magia. Consideran que Satanás promueve la libertad de pensamiento, el autoconocimiento... y (como no) el éxito material. No dicta un sistema de moralidad o anti-moralidad; no es el Mal porque no entiende la diferencia entre el Bien y el Mal. Cada ser humano es responsable de sus propias acciones, no debe dar cuenta a ninguna divinidad, ni será juzgado espiritualmente por ello (a nivel de la Ley de los hombres es otra cosa, claro).

Sociedades e iglesias paladistas fueron (o son)

Club Fuego Infernal (1749-1766)
Fue una sociedad de carácter altamente elitista fundada por el Duque de Wharton en 1749. Su doctrina se basaba en el Hedonismo (es decir, la búsqueda del placer por el placer) y un absoluto desprecio hacia la Iglesia Cristiana y sus creencias, que consideraban medievales y retrógradas. El acceso a este club estaba permitido únicamente a aristócratas que hubieran destacado en los campos político e intelectual. A partir de 1752 el club pasó a estar dirigido por el Barón sir Francis Dashwood, miembro del Parlamento inglés, Tesorero Real y Canciller del Reino. Se dijo de ellos que celebraban rituales satánicos y orgías, En realidad había más de lo segundo que de lo primero. Sus reuniones solían ser una bacanal más o menos controlada de alcohol y prostitutas, más que auténticos rituales satánicos.
Fueron miembros del club destacadas figuras de la política inglesa y americana, como Duque de Wharton, Robert Vansittart, Thomas Potter, Francis Duffield, Edward Thompson, Paul Whitehead, John Montagu, Earl of Sandwich, George Bubb Dodington, William Hogarth, John Wilkes y el renombrado masón Benjamin Franklin.

Orden de los Martinistas (1890-actualidad)
Sociedad secreta creada por los ocultistas “Papus” (seudónimo de Gérard Anaclet Vincent Encausse) y  Augustin Chaboseau, siguiendo la doctrina de Martínez de Pasqually (1727-1769), autor del libro “El Tratado de la Reintegración de los Seres a sus originales virtudes, poderes y cualidades”. Profundamente intelectual, sus enseñanzas buscaban el retorno del hombre a su Divinidad, considerando que la Humanidad era hija de Satanás, y por lo tanto habían sido expulsados del Cielo y del Paraíso y perdido su Divinidad, que puede ser recuperada.

Dragon Rouge (1989-actualidad)
También conocida como “Ordo Draconis et Atri Adamantis” fue fundada en Suecia  la noche de Año Nuevo de 1989 por siete jóvenes magos, liderados por el escritor Thomas Karlsson. Esta sociedad ocultista practica la magia negra con fines absolutamente prácticos y egoístas. Básicamente, para ayudar a sus miembros tanto en lo personal como lo laboral, Si uno de ellos progresa, el “Dragón Rojo”, la energía que les une a todos, crece también, por lo que todos se benefician del éxito de su compañero. Les interesa especialmente “el lado oscuro”, es decir, lo que llamamos “el Mal” u “obra de Satán”, pues para ellos no hay existencia completa si no se exploran tanto la luz como la oscuridad. No es una sociedad secreta propiamente dicha, ya que celebra regularmente conferencias y organiza visitas a lugares cargados de poder mágico. Más privadas son las ceremonias, prácticas mágicas y cenas con velada de debate  filosófico.  Existen logias de esta sociedad en Suecia, Alemania, Italia, República Checa, Grecia y Argentina.










miércoles, 28 de febrero de 2018

Las Sectas (o Iglesias) Satánicas. 1. Los luciferinos.



Para empezar, una aclaración: En contra de los que cree mucha gente los que adoran a Satán (los satanistas, vamos)... son cristianos. O al menos, una herejía del Cristianismo, o del Judaísmo, si se prefiere. Consideran que los libros sagrados que forman la Biblia fueron escritos “por los vencedores” en su conflicto... En este caso, claro, los adeptos a Dios y a su Iglesia. Esta afirmación suele fastidiar mucho a los satanistas, así que, si os invitan a uno de sus aquelarres, no lo comentéis a modo de chiste para romper el hielo...

Los satanistas más antiguos son los Luciferinos... que se enfadan a su vez mucho si se les llama “satanistas” (otro dato para no olvidar). Y es que los Luciferinos no creen que Lucifer y Satán sean el mismo ser... sino dos muy diferentes.

Así que en lugar de llamarles directamente “satanistas” les llamaremos “herejes”, que queda así como más neutro. Sea como fuere, el nombre aparece en la historia en el siglo IV de nuestra era. En concreto hacia el año 362, en el Concilio de Alejandría. En él el obispo Atanasio solicitó el perdón y la indulgencia para aquellos sacerdotes y obispos que en su día hubieran abrazado la herejía arriana (que, básicamente, sostenía que Jesús era hombre y no Dios). A esto se opuso ferozmente el obispo de Cerdeña, Luciferus (portador de la luz) de Cagliari, provocando lo que se llamó “el cisma luciferino” al negarse a acatar la decisión del concilio de conceder tal perdón (rencorosillo que era el hombre), y seguir su ejemplo numerosos miembros del clero de Italia y la Península Ibérica, que fueron llamados, evidentemente “luciferinos”. Por otro lado este cisma (más bien pataleta tozuda) no tenía alteraciones doctrinarias, así que la cosa acabó en agua de borrajas... salvo por un pequeño detalle secundario: Uno de los amigos de Atanasio era nada menos que Eusebio Hierónimo (más conocido como san Jerónimo) que, al traducir la Biblia al latín, tradujo el hebreo “helel” (lucero) que se menciona en Isaías 14.12-14 por “Lucifero”, anatemizando para siempre el nombre de su adversario doctrinal al relacionar su nombre con el del Diablo, o al menos con el del ángel rebelde que se alzó contra Dios (y que los hebreos relacionaban con Venus, la estrella o lucero del alba).

Hasta aquí, fetén. Por razones evidentes, los padres dejaron de bautizar a sus hijos como “portadores de la luz” (Lucifer), el nombre del obispo de Cagliari quedó denostado y a otra cosa. Pero la mezquina venganza de san Jerónimo tuvo un efecto secundario con el que nadie contaba. Otra secta herética del cristianismo, los gnósticos, se quedó con el nombre de Lucifero, el portador de la luz.
Los cristianos gnósticos creían que en el origen de todo, como no podía ser de otro modo, había una diosa Madre Creadora, Sofía (la Sabiduría) o Gnosis (Conocimiento). Ella empezó la Creación poco a poco, sin prisas, para hacerla perfecta. Entonces apareció el Demiurgo (Hacedor, constructor) el dios macho, que dijo algo así como: ¡Ja! ¡Qué lenta vas! Esto lo hago yo en siete días y aún me sobra uno! Y así lo hizo. Pero como lo hizo a toda prisa, lo hizo imperfecto, y por ello hay cosas buenas y malas en el mundo. Como tonto no era, el Hacedor se quedó con la parte mejor hecha, la que había creado al principio la Sabiduría. Y para que la diosa no le molestase con las críticas al mal apaño que había hecho, la convirtió en árbol. El famoso árbol del Conocimiento. Un ángel rebelde (que los gnósticos identificaron con Lucifer, el portador de la luz) le dio el fruto de ese árbol a Eva, que a su vez se lo dio a Adán. Así se volvieron sabios, y por lo tanto rebeldes, pues el mejor esclavo y sirviente es el ignorante. Enojado el Hacedor los expulsó del Paraíso a los tres (Adán, Eva y Lucifer) obligándoles a vivir en el mundo imperfecto creado a toda prisa...

Así, según los Luciferinos, Lucifer no es el enemigo de la Humanidad sino su valedor, a la manera del Prometeo griego. El adversario del ser humano, el que busca su perdición, es Satán. ¿Y Dios, el Hacedor? Pues con un punto de vista muy oriental, de él procede tanto el Bien como el Mal. Mantiene egoistamente para sí el Conocimiento, la Gnósis, la Sabiduría, Sofía convertida en árbol del Conocimiento en mitad del Paraíso perdido. Aunque una pequeña parte de ella fuera entregada por el “Portador de la Luz”, Lucifer, a la Humanidad... que, hija de la creación del Hacedor, tiene en su mano tanto la capacidad de hacer el bien como de hacer el mal, y es las dos cosas a la vez. Para los luciferinos, la iluminación es el objetivo final. Los principios luciferinos básicos resaltan la verdad y la libertad de voluntad, adorando al ser interno y al potencial máximo de uno mismo. No hacen falta dioses, no hace falta la promesa de un premio o la amenaza de un castigo para distinguir el bien del mal y hacer el bien. Todas las ideas deben probarse antes de ser aceptadas, e incluso entonces uno debe permanecer escéptico porque el conocimiento y la comprensión son fluidos.

Lucifer es, en última instancia, un arquetipo para los denominados luciferinos “puros”: una representación del último conocimiento y exploración: el salvador de la humanidad y un campeón para el crecimiento personal continuo. (Luego están los Luciferinos “teistas” que lo consideran un ente, una deidad real, que no debe ser adorada como el Dios Hacedor Judeo cristiano, sino venerada como maestra y amiga, como “espiritu guía” hacia ese conocimiento que desde el inicio de los tiempos ha sido vedado a la Humanidad. 

Sociedades luciferinas son (o fueron en sus inicios):

La Thelema o “Escuela de Libre Pensamiento”,   fundada por el escritor británico Aleister Crowley, (que era un poco... raro) basada en el mito de muerte y renacimiento del dios egipcio Osiris, identificado por los luciferinos como la versión egipcia de Lucifer (aunque a mi me chirría bastante su lema de “Haz tu Voluntad, será toda la Ley”, lo encuentro demasiado egoísta para ser cien por cien luciferino, pero bueno...)

​La Masonería, sociedad secreta fundada en 1717, que sigue la tradición luciferina afirmando que Lucifer es el Intelecto, que fecundó a Eva de su primer hijo, Caín, y que sus descendientes, los cainitas, representan a los intelectuales que transforman la humanidad y que dotan de libertad absoluta al hombre. Aunque claro, la masonería es laica y librepensadora, y advierte que lo anterior es una fábula que no debe ser tomada al pie de la letra.

La Teosofía, doctrina de pensamiento desarrollada por  Helena Blavatsky, Henry Steel Olcott  y William Quan Judge en la segunda mitad del siglo XIX. Su propósito es desarrollar filosofía y ciencia por medio de corrientes humanistas. Lucifer, al que llaman Metatrón, representa la Luz de la Razón.  La Sociedad teosófica, fundada por ellos en Nueva York en 1875, sigue más o menos activa en numerosos países. Su revista oficial se llama, evidentemente “Lucifer”

La Orden Hermética del Alba Dorada. Una escisión de la masonería inglesa, fundada en Londres en 1888 por William Wynn Westcott y Samuel MacGregor Mathers, el Duque de Wessex. Se consideran sucesores espirituales de los templarios y de los rosacruces originales alemanes, y aunque se declaran espiritualmente Luciferinos, consideran que el relato ha de ser tomado como una parábola simbólica.

La Orden de la Estrella de la Mañana (Order of the Morning Star) fundada por la astróloga británica Madeline Montalban en 1956, también se declara luciferina... aunque de una manera un tanto... rara.  (son frikis hasta para mi)

Iglesia Neo-Luciferina. Más raros aún que la anterior. Estos mezclan la gnosis, el esoterismo occidental, el vudú, el luciferismo, la thelema y la magia

Iglesia Mayor de Lucifer. La más moderna hasta la fecha, fundada en el año 2014 en Houston, Texas, bajo el liderazgo de  Jacob No, Michael W. Ford y Jeremy Crow, (éste último también fundador de la Luciferian Research Society).  En enero de 2015, los fundadores de IML presentaron documentos en el Juzgado del Condado de Austin para hacer negocios bajo el nombre IML. Jacob No describe a la IML como una organización que "sigue una filosofía y es una religión no dogmática, que enfoca sus enseñanzas hacia el mundo práctico”.  Sin comentarios...