domingo, 20 de diciembre de 2020

Jultomten, el Santa Claus de Suecia

 



Jultomten, también llamado "Tomten" o Tomte, es el equivalente a Papá Noel en Suecia, que visita las casas por la tarde en Nochebuena (que es más importante que la Navidad en Suecia ) para dejar regalos a los niños (y a los que no lo son tanto).
Es fácil distinguirlo de Santa Claus, ya que:

    • Vive en el bosque (no en el Polo Norte)
    • Tiene mujer e hijos
    • No baja por la chimenea de noche a hurtadillas, sino que golpea la puerta principal
    • Hace siempre la pregunta tradicional: Finns det några snälla barn här? (¿Hay niños buenos aquí?),
    • Entrega los regalos a los niños directamente, antes que se vayan a la cama
    • Viaja con un saco de regalos, acompañado de una cabra que le ayuda a llevar la carga
    • Le gusta que le den a modo de regalo un cuenco de avena con mantequilla, no el pastel de carne y la copita de jerez que habitualmente se deja a  Santa Claus

Aparte de ello, ambas figuras son también diferentes en su aspecto físico: Ambos llevan un gorro rojo y lucen barba blanca, pero ahí terminan  las similitudes: El Jultomten es mucho menos corpulento, viste ropas grises o verdes y tradicionalmente es bastante más bajito: Cosa de 1´20 como mucho.

Según los folcloristas, este personaje nace de dos tradiciones precristianas que terminaron fusionándose:

Por una parte tenemos a los Tomtar (plural de Tomte). Se trata de los espíritus de los difuntos dueños de la tierra, el espíritu ancestral del primero que la labró, estableciendo con ella un vínculo eterno. Por eso siguen vigilando sus antiguos dominios, de ahí su nombre (tomt significa “parcela de tierra”). Para aplacarles en “Jul” (Yule, el solsticio de invierno, equivalente a la Navidad) se les hacían ofrendas de comida y bebida. 


Con el paso del tiempo estos espíritus pasaron a ser considerados criaturas faéricas, elfos o duendecillos domésticos que recibían el nombre de Nissen, o Tomten. Custodiaban el granero, el establo y la casa. Eran invisibles para los adultos, pero no para los animales ni para los niños. Cuentan que tenían el tamaño de un niño de tres o cuatro años, pero su rostro era el de un anciano. Vestía toscas ropas de tono grisáceo y un gorro rojo. Si los dueños de la granja eran hacendosos les hacía el trabajo más fácil. Si por contra eran descuidados o perezosos hacía que la leche se agriara, el ganado enfermara, aparecieran goteras en el techo, se pudriera el grano o la paja o fueran frecuentes los accidentes domésticos. Tampoco les gustaba que se usara lenguaje soez dentro de la granja. Para tenerlo contento era costumbre  dejarle de cuando en cuando un tazón de avena con una cucharada generosa de manteca encima. Si el tazón estaba vacío por la mañana era un excelente augurio: El Tomten estaba satisfecho y había aceptado con agradecimiento el regalo. Se hizo tradicional dejar ese presente precisamente la noche de la festividad de Yule. El cuenco vacío por la mañana auguraba un año de prosperidad y felicidad.

Por otro lado estaba el “Julbock”, literalmente, “el macho cabrío de Yule”. Yule era una festividad muy importante entre los antiguos pueblos escandinavos.  En esos días (pues era una fiesta larga) se daba la bienvenida al nuevo año, celebrando el renacimiento del sol. Se comía y se bebía mucho, pues así se aseguraban de que el año nuevo fuera próspero. Y comida (en especial carne) no solía faltar: Los animales se metían en el establo en invierno (si la casa era muy pobre, compartiendo espacio con el resto de la familia) y almacenar grano y paja para todos era difícil, así que justo antes de Yule era tiempo de la matanza, para reducir al mínimo el número de animales a los que alimentar. Posiblemente formando parte del culto al dios pagano Thor (que viajaba por el cielo en un carro tirado por dos machos cabríos) era tradicional en Yule hacer una cabra (en realidad un cabrón) con la paja del último paquete de grano de la cosecha anual. Esa paja contenía el espíritu de la cosecha, que así reviviría junto con el sol para garantizar una cosecha nueva. Para ello tras las festividades el Julbock se deshacía esparciendo la paja por el suelo de la casa. Pensemos que la práctica de esparcir paja limpia en el suelo de la casa era una práctica habitual en un país donde la lluvia (o la nieve) formaban abundante barro, que evidentemente ensuciaba el calzado de la gente. Un suelo con paja evitaba estar todo el día barriendo tierra (o cosas peores)  
El Julbock entraba en la casa de manera mágica y misteriosa: Se oía un fuerte golpe en la puerta, cuando toda la familia estaba reunida a punto de festejar el Yule, y al abrir la puerta se encontraba la cabra de paja. Posteriormente junto con la cabra empezaron a encontrarse pequeños regalos. Dulces, chucherías, y cosas así, para los niños. No en vano en sueco “regalo de Navidad” se dice “julklapp”, que significa literalmente “golpe de Navidad”. Hoy en día los julbockar (cabras de Yule) siguen siendo muy populares en Suecia como adornos navideños. Las versiones modernas están atadas con cintas rojas y suelen colocarse debajo del árbol de Navidad. Y en las poblaciones se hacen muchas veces versiones muy grandes, que se suelen colocar en la plaza del ayuntamiento o en lugares céntricos. (A la manera de nuestros belenes municipales navideños).

En el siglo XIX, posiblemente por la influencia del vecino Sant Nikolaus, se unen ambas tradiciones en la figura del Jultomten (literalmente “el duende de Yule”). Originalmente era un hombre con una máscara de paja representando (más o menos)  una cabra que entraba en las casas repartiendo regalos “a los niños buenos”. A los niños malos, solo les daba un puñadito de arroz u otro cereal.

Pero quién realmente terminó de definir la figura del Jultomten moderno fue la ilustradora Jenny Nyström (1854 – 1946), famosa por sus postales navideñas.  Añadió elementos tipicos de Santa Claus a su Jultomten, convirtiéndolo en un adulto de tamaño normal, sonriente y amistoso, que llevaba una bolsa de regalos en la espalda y suele ir acompañado de una cabra y de elfos ayudantes.
A finales del siglo XIX este Jultomten había desbancado ya al cabrón de la Navidad (vamos, al Julbock) de los hogares suecos.

Por cierto, una tradición del Jultomten muy divertida para los niños es esconder chucherías y dulces por toda la casa, y animar a los más pequeños a ir en su busca. Puede ser una excelente manera de animar una velada navideña con la familia.

Y felices fiestas, y todo eso...


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