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sábado, 14 de septiembre de 2013

Comiendo bíblicamente (tercera parte)



El Kosher nuestro de cada día...      
     
            Dicen que la costumbre del aperitivo, ya sea en el bar o en casa (y, por extensión, de la tapa), tiene su origen en la cultura sefardí. En concreto, en los mezzes, aperitivos que hoy en día se toman alegremente con ese licor llamado raki.
            Bueno...
            No sé yo...
            Yo ni quito ni pongo rey, me limito a dar el apunte. Pero los romanos también picoteaban lo suyo, camino de casa, en las cauponas y similares... No sé yo a qué viene relacionar la tradición judaica con la cultura del bar, pero ya que hay personas más doctas que yo que defienden la tesis, pues no soy quién para llevarles la contraria...
            En fin,  ya que nos pasamos por el bar, plato sefardí son los populares boquerones en vinagre que nos tomamos para acompañar la cervecita (no me mire con sospecha las aceitunas encurtidas, que aunque las consumían también los sefardíes lo hicieron primero los romanos, como ya se explicó). En cambio, lo mismo pasa con la nada sospechosa y archi conocida empanada o empanadilla de atún: La manera en la que se confecciona  hoy en día procede directamente de la tradición sefardí, muy prolija en empanados, tanto de pescado como de carne. Y no, no me caiga en la paranoia que las albóndigas tampoco son sefardíes, que como su nombre indica con de origen musulmán. Aquí las hemos cristianizado haciéndolas con carne del reverendo puerco, por lo que cómaselas sin miedo de que la Inquisición (en caso de que algún día reabra sus puertas) me lo tome por mal cristiano.
            Ya en casa, nos espera el cristianísimo y castizo cocido... ¿O tendríamos que llamarlo adafina? Puntos en común tiene. Aunque la costumbre de arrejuntar legumbres, verduras y carnes en una olla y darle unos cuantos hervores es demasiado universal para que nos preocupemos por autorías. Si le da vueltas la cabeza con lo que le estoy contando, por favor, no se me desgane y rechace la comida pidiendo un par de huevos fritos... Los huevos tal y cómo los hacemos nosotros, con aceite de oliva, son puramente sefardíes. (Que los buenos cristianos los freían al amor de la lumbre con unto de cerdo). Y si se empecina y los toma duros, es decir, cocidos, pues en realidad estará comiendo “huevos haminados”, aunque la receta completa sefardí sea más lenta para que salgan más cremosos, con su salsita de cebolla y tal...
            La cosa empeora a la hora de los postres: Si todo esto le está revolviendo el estómago no se lleve a la boca mazapanes, por muy de convento que sean. Las monjitas de Toledo que empezaron a cocinarlos en el siglo XVI copiaron la receta de este dulce, tradicional en las bodas sefardíes (y eso que su origen muy posiblemente sea musulmán)
            Si esto le hace sospechar de la repostería castiza, tradicional... Pues hará bien. Los pestiños tan populares en Andalucía tienen su origen en las “fijuelas” sefardíes; las receta de las torrijas es la misma que la del “pan de parida” sefardí, pero el caso más flagrante es el de los mostachones tan típicos de Utrera, que por no cambiar, no le han cambiado a la receta sefardí ni el nombre, que es “mustachudo”
            Y ya para acabar, consuélese pensando que la influencia sefardí no ha salpicado sólo a nuestra cocina: el tan francés brioche utiliza muy parecida receta del pan trenzado “challat” que se consume en el Sabbat.
            Así que siga mi consejo y disfrute de estas delicias, y agradezca a quien corresponda que hayan llegado a nuestra mesa, sin importar su procedencia, que sea el que sea, ¡su destino pasa por nuestro estómago!

martes, 25 de junio de 2013

Comiendo bíblicamente (Primera parte)




El Maná
            Y es que de desagradecidos está el mundo lleno... Andaba el Pueblo Elegido dando tumbos por el desierto, más perdidos que un pulpo en un garaje o un hippie en la Otan, y claro, sin nada que llevarse a la boca, y cuando va el buen Dios, se apiada de ellos y les da un alimento de fácil recolección y digestión... ¡Pues se quejan amargamente los muy cochinos!
            Quizá fuera (digo yo) porque con estuvieron a régimen estricto de maná y agua cuarenta años, y claro, a la larga todo cansa, incluso lo bueno. En Números 11 (versículos 4 a 6) se cuentan los amargos lamentos de "los advenedizos llevados por la gula" (sic), que suspiran por alimentos tan simples como pescado seco, puerro, cebolla, ajo... Lo que comían en Egipto, vamos.  Un poco más adelante en el mismo capítulo nos encontramos una descripción del maná en cuestión y cómo se comía: una semilla blanca parecida al cilantro que caía junto con el rocío, se recolectaba, se machacaba, se cocía la harina resultante en una olla y se hacían tortas dulces con él. ¿Y qué era realmente? Los que insisten en que la biblia es un libro histórico han creído ver el Maná en la resina del árbol del tamarisco, que los nativos del Sinaí llaman muy oportunamente man es-simma. Esta resina es parecida a la cera, se derrite con el calor del sol, es dulce y aromática al igual que la miel, es de un color amarillento... Hasta aquí perfecto. Pero... No se puede convertir en tortas. No es harinosa.
            Otro candidato al título de Maná es un liquen, el " Lecanora esculenta", que crece sobre rocas calcáreas y que cuando se seca puede ser arrancado por el viento, produciendo, literalmente "la lluvia de comida" de la Biblia. Los árabes acostumbran recoger este liquen y molerlo junto con el grano para hacer pan. Pero la Biblia no dice nada de añadidos, sino que el maná se molía solo... Y aunque de moler el liquen se hace, cierto es, una harina comestible, es de muy poca calidad y alimento...
            Por último no falta quien añade que el famoso Maná es la secreción anal dulce de la larva de la cochinilla, y añaden como prueba que hoy en día los naturales del Sinaí llaman a esta secreción "man", y la usan como edulcorante...
            Ejem...
            Qué quieren que les diga...
            Esto de buscarle tres pies al gato y terminar con que la preocupación de  Dios por el Pueblo Elegido se convierta en cagarrutas de insecto... Pues pienso que es peligroso, esto de tratar de explicarlo todo, haciendo encajar las pruebas a martillazos si es preciso. Que uno empieza con el Maná y termina explicándole a los niños lo del embarazo de una virgen debido a la fecundación de un palomo...
            ...Aunque, dicho sea en aras de la honradez,  la explicación más plausible que me han contado nunca sobre el ornitorrinco fue que nació de una orgía salvaje que se montaron un castor, un pato y una nutria en el arca de Noé...

Prohibiciones alimentarias
            Quizá a raíz de lo picajosos que se pusieron con el alimento celestial, Dios les impuso una serie de restricciones sobre qué comer... La lista completa está en el Deuteronomio, capítulo XIV, pero resumiendo, los judíos temerosos de su dios pueden comer todos los seres terrestres que tengan la pezuña hendida y rumien; todos los seres acuáticos que tengan aletas y escamas, y una lista muy específica de seres voladores. Si hemos de creer a los antropólogos (y lo cierto es que lo que dicen tiene sentido) esta clasificación no es arbitraria ni "por joder", sino que responde a unas necesidades sanitarias muy concretas: De los seres que los judíos tenían a mano, se excluyen así los carroñeros (tanto aves como cuadrúpedos) y los pescados raritos, que ni su padre conoce. Y el cerdo, que en climas tan cálidos es un portador de triquinosis con patas. Desgraciadamente, el mundo es más grande que la tierra de Canaán, por mucho que sea la Tierra Prometida, y su religión, aunque dictada con la mejor voluntad del mundo, ha impedido a los judíos de todos los tiempos degustar un montón de cosas ricas que pueblos menos elegidos degluten a dos carrillos: la langosta, el percebe, la ostra, las angulas, los calamares, la liebre, los caracoles... ¡Entre esto, y que nada más nacer ya les recortan el pito, no me extraña que los pobres tengan tan poco sentido del humor!

Próxima entrega: Lo que sí comían los judíos históricos.