miércoles, 31 de enero de 2018

En busca del tesoro de los templarios 7. (y último) La Isla del Roble




Teniendo en cuenta la relación entre Enrique el Navegante de Portugal y la Orden de Cristo (que en la práctica eran los templarios con otro nombre) por un lado, y los misteriosos bajorrelieves de la capilla de Rosslyn en los que algunos han creído ver mazorcas de maíz (es decir, un producto básicamente americano) por otro... algunos señalan que el tesoro de los templarios fue escondido mucho más lejos aún: en el llamado “Pozo del dinero” de la isla del Roble.

La Isla del Roble (en inglés, Oak Island) está situada frente a las costas de Nueva Escocia, Canadá. Es una isla de poca altura (11 metros en su punto más alto) y no muy grande, unos 570 metros cuadrados. En un principio, no destaca demasiado entre las otras 360 pequeñas islas e islotes de la bahía de Mahone.

La historia del famoso “pozo del dinero” se remonta a 1795. Un adolescente, Daniel McGinnis, encontró una polea que colgaba de una gruesa rama de un roble. Y justo debajo, una hendidura u hondonada en forma de circulo. Junto con dos amigos empezaron a cavar pensando en tesoros escondidos por piratas. Encontraron una capa de lajas de piedra a 30 cm. En las paredes del pozo también hallaron marcas de que había sido excavado artificialmente. A 3 metros. Se toparon con  una capa de troncos. Siguieron sacando tierra y finalmente, a los 10 metros. de profundidad, abandonaron la excavación al no encontrar nada. 





Cinco años más tarde, en 1803, una compañía prospectora, la Onslow Company, se interesó por la historia de los muchachos y excavó hasta los 27,43 metros de profundidad. Cada tres metros encontraban troncos o marcas, y sacaron  mantos de carbón, masilla y ¡fibra de coco! a 12, 15 y 18 metros. A 27 metros encontraron una piedra plana con símbolos escritos, que alguien tradujo como “14 pies abajo, 2,000,000 de libras esterlinas están enterradas” (No me busquen mucho esa famosa piedra, no hay fotos ni dibujos de ella y desapareció en 1912. Luego voy a ello). Parecía prometedor, pero entonces el túnel se inundó de agua hasta una profundidad de 10 metros y las obras fueron abandonadas.

Hubo otro intento en 1849, por parte de la Truro Company. Drenaron el pozo y siguieron cavando. La perforación atravesó una capa de madera a 30 metros, una capa de “fragmentos metálicos”, otra de madera, otra de metal, dos capas de madera más y algo más de 2 metros de arcilla

Bien... pues hasta aquí no se sabe a ciencia cierta qué parte es verdad y cual fabulación. La primera referencia escrita que tenemos de todo lo dicho anteriormente data de octubre de 1856, cuando el periódico Liverpool Transcript la publicó. Otros periódicos, a posteriori, se hicieron eco de la historia, pero tomando como única fuente de referencia este primer artículo.

Sea como fuere, las perforaciones se dispararon a raíz de la publicación de la historia: Están documentados trabajos de excavación y perforación en 1861 por la Oak Island Association, la cual llegó hasta una caverna natural. La empresa se declaró en quiebra en 1864, sin encontrar ni una mísera moneda. Otros tomaron el relevo en 1866, 1893 y 1909 (la  Old Gold Salvage group, de la que era accionista el propio presidente de los USA Franklin Delano Roosevelt)



En 1931 un tal William Chappell encontró a 50 metros de profundidad un hacha, un ancla y un pico. Pero tras tantos años de excavaciones y derrumbes, se dudó de que fueran herramientas originales de los que enterraron el tesoro, y no deshechos de excavaciones anteriores.

Entre 1935 y 1936, estuvo escarbando aún a mayor profundidad Gilbert Hedden, un magnate del acero que estaba convencido que ahí estaba enterrado el tesoro del capitán Kidd.

En 1959 la familia Restall también trató de llegar al supuesto tesoro. Apenas unos meses después de los inicios de las excavaciones el pozo se derrumbó sobre cuatro trabajadores que murieron asfixiados.

En 1965 Robert Dunfield empleó una grúa de 70 toneladas para agrandar el pozo si peligro de derrumbes... Tampoco encontró nada.

En 1967 la Triton Alliance, Ltd. compró casi toda la isla. En 1971 se excavó hasta los 72 metros de profundidad gracias a un pozo de cimentación de acero. Se alcanzó  un lecho rocoso. Se introdujeron unas cámaras que  descubrieron restos humanos, cofres y herramientas... pero las imágenes no eran claras en absoluto, y el pozo volvió a colapsar. La empresa, ¡oh qué sorpresa! quebró (y van...). Se iniciaron una serie de pleitos entre los deudores y los socios de Triton acerca de la propiedad de la isla, que se prolongaron varias décadas. Finalmente, la parte de la isla “interesante” fue comprada en el 2005 por 7 millones de dólares a un grupo financiero estadounidense... que a su vez especuló con el terreno vendiéndolo (por una cantidad no revelada) en abril del 2006.

Aún en el 2017 los hermanos Rick y Marty Lagina  estaban hurgando en el “pozo del dinero” esperando llegar al supuesto tesoro. Su prospección, popularizada por un documental de varios episodios del Canal Historia descubrió en febrero de ese mismo año una pieza de metal  de gran tamaño que podría haber formado parte de un cofre del tesoro.

¿Y en qué consiste el supuesto tesoro tan profundamente enterrado? Los hay que sugieren que el de los templarios, como ya se ha dicho. Ya saben: el Arca de la Alianza y, en su interior, el Santo Grial.
Los que justifican esta teoría dicen que los masones (considerados herederos de la mística templaria) mencionan en numerosos textos la alegoría de que ciertos secretos han de permanecer ocultos (“enterrados” dicen literalmente) ya que los no iniciados no están preparados para conocer la verdad... Personalmente lo encuentro un poco cogido por los pelos, pero bueno...
Pero los templarios no son los únicos “candidatos” a ser los que escondieron esas supuestas riquezas:

Un supuesto experto en lenguas antiguas, el profesor Barry Fell, indicó que los caracteres de la losa que la Onslow Company, encontró a 27 metros de profundidad en 1803 ¡eran nada menos que caracteres de un dialecto copto! Es decir, la “lengua común” o escritura sencilla que usaban los antiguos egipcios. Según esto, lo que estaría escondido en el fondo del pozo del dinero sería un tesoro de tiempos de los faraones... (Aunque vaya viajecito que se pegaron para esconderlo).
Sobre la famosa losa (ya les dije que volvería a ella) pasó al parecer de mano en mano, como objeto curioso. Se dice que un tal Smith, accionista de la Onslow Company, la tenía decorando su salón, sobre la chimenea. Se dijo también que tiempo después fue vista como decoración en el descansillo de la entrada del taller de un librero en Halifax. En algún momento estuvo en manos del Reverendo A.T. Kempton de Cambridge, Massachusetts, ya que éste le entregó una copia de los símbolos de la piedra al historiador Edward Rowe Snow, en 1951. que los reprodujo en su libro “True Tales of Buried Treasure,”

Otra leyenda afirma que lo que esconde son ¡las joyas de María Antonieta! Según esta teoría una criada fiel de la reina francesa escapó con las joyas escondidas en su ropa, por orden expresa de la reina. La criada huyó a Inglaterra ayudada por oficiales de la marina francesa. El plan era que cuando los reyes escapasen de Francia (cosa que, en efecto, trataron de hacer en 1791) ella se reuniría con ellos devolviéndoles el tesoro. Cuando estos fueron guillotinados partió a América y con ayuda de franceses monárquicos escondió profundamente el tesoro, en un lugar llamado “Acadia” con la idea de que cuando se restaurase la monarquía francesa se pudiera recuperar el tesoro. Según esta teoría Daniel McGinnis espió los trabajos de excavación y por ello se puso a cavar precisamente en ese lugar en 1795

En 1953 Penn Leary publica el libro “The Oak Island Enigma: A History and Inquiry Into the Origin of the Money Pit”, en el que afirma que el “tesoro” es en realidad ¡los textos originales de las obras de Shakespeare! firmadas por su verdadero autor, Sir Francis Bacon. Por increíble que parezca, esta teoría esta respaldada por dos investigadores noruegos:  Erlend Loe y Petter Amundsen

Suponiendo que haya un tesoro (cosa en la que, personalmente, tengo muy serias dudas) la hipótesis  más lógica sería la que pensaron originalmente los tres adolescentes que empezaron a cavar: Que el pozo esconde un tesoro pirata, de Edward Teach (Barbanegra), Henry Avery, o (el que tiene más defensores) el del capitán William Kidd, que tras su travesía como corsario por el Índico y al enterarse en Nueva York que lo acusaban de piratería enterró una parte del botín obtenido en  Isla Gardiners, (cerca de East Hampton) que fue recuperado gracias a la confesión de uno de los que le ayudaron a ocultarlo. Pero la mayor parte del tesoro que llevaba en las bodegas de su barco nunca fue encontrado, por lo que Kidd debió esconderlo en otro lugar ¿Quizá Oak Island? Sea como fuere, interrogado (antes de ser ejecutado) sobre el aparadero de dicho tesoro William Kidd se jactó diciendo que estaba “ donde nadie más que Satán y yo mismo pueda encontrarlo”

Los geólogos serios afirman desde 1911 que la hondonada del “Pozo del dinero” es de origen natural. La Isla del Roble descansa sobre un lecho calcáreo surcado por corrientes de agua tanto salada (del mar) en las orillas como dulce en el interior, filtrada por la lluvia de verano o la nieve de invierno. Estas aguas, en contacto constante con la piedra caliza, la van disolviendo, creando las constantes inundaciones naturales, así como cuevas naturales. Y si una cueva se crea muy cerca de la superficie, es posible que se hunda todo el terreno, creando una pequeña hondonada como la que encontraron  Daniel McGinnis y sus amigos en 1795. De hecho, hay hondonadas de mayor o menor tamaño repartidas por toda la isla.

Una leyenda dice que cuando mueran 7 personas en el pozo se descubrirá el tesoro. De momento, han muerto 6 (que se sepa). Yo, que ustedes, no iría a cavar ahí, no sea que sean la séptima víctima. Además, actualmente toda la isla es propiedad privada. Si quieren aunque sólo sea visitarla, necesitarán un permiso de los actuales dueños.

Hay una octava hipótesis sobre el tesoro de los templarios que dice que fue llevado por orden de Enrique el Navegante ¡hasta Madagascar! Y que de ahí la obsesión de los portugueses por costear toda África y tal y pascual. Pero aún está más cogida por los pelos que esta locura del pozo del dinero. Que el nombre está bien escogido, la verdad. Varias fortunas se han gastado sacando barro de un pozo en el que no hay ninguna prueba sólida que contenga nada.

Pero nadie dijo que la ambición humana fuera lógica ¿verdad?




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