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domingo, 29 de marzo de 2015

Ciudades increíbles ( y III): Derinkuyu, la megalópolis subterránea.




            En la región de Capadocia (Turquía) se han descubierto nada menos que 36 ciudades subterráneas (De hecho, 37, se descubrió otra a finales del 2014 en Nevsehir, según informaron los medios turcos) . Las más famosas son Kaymakl... y Derinkuyu. La primera es más ancha, pero la segunda es más profunda... y más antigua. Los arqueólogos creen que empezó a ser excavada por los hititas hacia el 1400 antes de Cristo.


            La megalópolis se descubrió en 1963. Omer Demir, habitante de la aldea de Derinkuyu (que significa, precisamente, "pozo profundo") quiso ampliarse la vivienda... Y cómo era construcción de la zona, es decir, mitad casa y mitad cueva (no se me escandalicen, lo mismo hacíamos nosotros en el Sacromonte de Granada no hace tanto) lo hizo excavando en la roca... y al derribar la pared se encontró con una habitación... y luego con otra... y otra... El hombre había descubierto la legendaria ciudad subterránea de Melengübü, de la que ya hablara Jenofonte en la Anábasis.

            Ése mismo año (1963) se iniciaron las excavaciones... que aún no han concluido. De momento se han descubierto hasta 20 niveles subterráneos, a 40 m. de profundidad. Los más optimistas argumentan que hay niveles ¡hasta 85 m. por debajo de la superficie! Estos mismos postulan que la ciudad podría albergar sin problemas más de 20.000 personas. Sus colegas más prudentes rebajan la cifra a la mitad: 10.000, que no deja de ser un número considerable.

            Los investigadores encontraron establos, comedores comunitarios, cocinas (aún ennegrecidas por el hollín de los hogares), prensas para el vino y para el aceite, bodegas, almacenes, cisternas de agua,  espacios habitacionales, una sala que funcionaba como cementerio provisional, un templo (con un techo de más de tres metros de altura), una escuela... ¡Hasta una taberna! Todo ello conectado por espaciosos corredores (un tanto laberínticos, eso sí) con nichos para lámparas de aceite, por lo que suponen que estaban perfectamente iluminados en su momento. Si el enemigo, o la amenaza exterior de la que se resguardaban, fuera la que fuera, invadía el recinto, habían tres puntos estratégicos en los que se podía bloquear el paso con unas puertas circulares de piedra, de unos 1´5 m. de altura, 50 cm. de ancho y un peso que ronda los 500 kg. La ciudad también estaba bien abastecida de agua (contaba con un río subterráneo, además de pozos y cisternas) y un excelente sistema de ventilación: Se han encontrado hasta la fecha 52 pozos de ventilación, que mediante miles de galerías (se calculan no menos de 15.000) llevaban aire fresco a todo el recinto. Los estudiosos suponen que había dos ciudades: Una de superficie, que se usaba habitualmente, y la subterránea, donde se trasladaban en masa todos los moradores en caso de peligro. En tal sentido, han encontrado hasta 600 accesos, la mayoría de los cuales en restos de patios de viviendas de superficie. Además, un túnel de casi 8 km. de largo comunica la ciudad  con la otra gran urbe subterránea de Capadocia: Kaymakl

 
            La tesis más aceptada supone que no era un asentamiento permanente, sino más bien un refugio... ¿Pero un refugio contra qué? ¿Contra un enemigo invasor, que sólo tenía que cegar los pozos de ventilación? ¿Contra un desastre natural, como por ejemplo una erupción volcánica? Sea como fuere, construir semejante complejo parece demasiado esfuerzo para un peligro puntual, sino más bien contra una amenaza recurrente.

            La ciudad subterránea de Derinkuyu se encuentra en la localidad del mismo nombre. Está a  29 km al sur de Nevşehir, aunque los que han ido recomiendan ir desde Goreme, ya que aunque está más lejos los caminos son mejores y es apenas un paseo de media hora en coche. Están abiertos al público los ocho niveles superiores, por si están de turismo por la Capadocia y se quieren acercar...

sábado, 28 de febrero de 2015

Ciudades increíbles (II): Kowlong, el suburbio cyberpunk del siglo XX



"La ciudad de la oscuridad", "el hormiguero urbano" "ciudad anarquía" "la ciudad de las tríadas" son algunos de los nombres por los que se conocía Kowlong, el suburbio de Hong Kong que a finales del siglo XX era el lugar más densamente poblado del planeta.



La historia de Kowlong corre paralela a la de Hong Kong... Aunque, honradamente, hay que decir que es más antigua. Originalmente era un enclave fortificado construido durante la dinastía Song (siglos X al XIII) en la península de kowloon, frente a la isla de Hong Kong, refugio natural de piratas y contrabandistas que amenazaban el próspero comercio de sal de la región. Cuando en 1842, a raíz del tratado de Nankin, China cedió a los ingleses la isla de Hong Kong y éstos fundaron allí una próspera colonia, China reconstruyó la vieja fortaleza de Kowlong dotándola de una guarnición permanente de 700 soldados.

Tras las segunda convención de Pekin de 1898 China alquila a Gran Bretaña por 99 años no sólo la isla de Hong Kong sino las llamadas islas perifericas (que son más de 200, menos broma) y los territorios al sur del río Shenzhen, lo que engloba, en la práctica, la mayor parte de la península de Kowloon. Pero, por descuido o intencionadamente, el tratado no incluyó la fortaleza, que además fue reforzada con cañones para controlar el puerto inglés.... Lo que no hizo nada de gracia a los británicos, que atacaron la fortaleza al año siguiente expulsando de ella a los chinos.

          

Sin embargo, legalmente, los 20.000 metros cuadrados de Kowlong seguían siendo territorio chino. Un espacio de unos 100 metros por 200 (para hacerse una idea, un campo de fútbol para competiciones internacionales suele medir unos 75 metros por 110). Empezaron a ocuparlo varias familias chinas, gentes que huían de la cada vez más frenética vida de la colonia inglesa o, a partir de 1911, de la revolución Xinhai, que convirtió (al menos nominalmente) a China en una república. Los ingleses consintieron en que se alzara esta barriada marginal en la vieja fortaleza. Hasta hubo voces que afirmaban que "tenía su encanto" eso de tener un pedazo de la antigua China incrustado en el nuevo Hong Kong. En los años 30 Kowlong se hizo muy popular entre los turistas ingleses acomodados que viajaban a Hong Kong.

El "encanto" lamentablemente, se lo cargaron los japoneses. En 1940, a raíz de la segunda guerra mundial y la ocupación nipona de la colonia, la mayor parte del recinto amurallado fue destruido. Con sus piedras se construyó el vecino Aeropuerto Internacional Kai Tak.

Tras la guerra mundial,y sobre todo a raíz del triunfo del comunismo en China en 1949, cientos de refugiados ilegales ocuparon el perímetro, ya sin murallas, pero en el que ni las leyes ni la policía de Hong Kong tenían ningún poder. Era sólo cuestión de tiempo que las temibles triadas (las mafias chinas, por si alguno lo ignora) se hicieran con el control del recinto. Prostitución, tráfico de opio, cocaína y alcohol, casinos, contrabando de mercancías robadas, talleres e incluso pequeñas fábricas de falsificaciones con unas condiciones de trabajo dignas de una plantación de esclavos... Todo ello convivía con aquellos que por motivos políticos o por haber perdido sus hogares durante la guerra (mundial o civil, que tanto da que da lo mismo) no tenían otro lugar a donde ir. Pronto los habitantes de Kowlong se contaron por miles. En 1980 se calcula que había 35.000. Diez años más tarde, en 1993, se censaron más de 50.000 personas hacinadas allí. La densidad de población llegó a ser de cosa de 1,9 millones de habitantes por kilómetro cuadrado (en una ciudad como Madrid la densidad es de 5.0000 habitantes háganse pues una idea....) Estas gentes se instalaron como pudieron, y al no poder exceder los límites de "excepción legal" del territorio empezaron a crecer hacia arriba. El límite eran los 14 pisos, para no entorpecer el tráfico aéreo. (Los aviones del aeropuerto pasaban a menos de cien metros por encima de las azoteas de Kowlong). La población se compactó tanto que parecía un gran lingote lleno de surcos y oquedades. Las calles más anchas tenían apenas un metro de anchura, y los bloques de viviendas se apilaban uno encima de otro, construyéndose los nuevos edificios sobre las azoteas de los anteriores, tal como si fueran un castillo de naipes, y como éstos apoyándose unos en otros hasta formar,en la práctica, un único y gigantesco edificio. La luz solar no llegaba a las estrechísimas calles (mucho menos a la mayoría de las viviendas) y los fluorescentes y bombillas tenían que sustituir al sol. Por ello las viviendas más cotizadas eran las que daban a la fachada y las que tenían fácil acceso a las azoteas. Los pisos altos tenían además otras dos ventajas añadidas: eran más nuevos que los inferiores (por aquello de haberse construido a posteriori y sin planificación) y los vecinos tenían la "graciosa" costumbre de barrer dejando que todo cayera hacia abajo. Así que los pisos inferiores eran más viejos, más oscuros y más sucios. Eso sí, ratas y cucarachas, todas las que uno quisiera y más.

La entrada a Kowlong era libre.... Y lo cierto es que la visitaban diariamente bastantes hongkonitas. Y no sólo para disfrutar de los placeres prohibidos que podían ofrecerles las triadas. También iban "gourmets" con ganas de catar carne de perro asada, alimento prohibido en la ciudad y que se podía degustar en multitud de puestos de comida de Kowlong.... Y también muchos iban al dentista. Había muchos den el recinto, todos ellos muy baratos porque carecían de licencia (muchas veces, sin titulación tampoco, ya puestos....). De las condiciones higiénicas con las que trabajaban... Bueno, mejor lo dejamos correr.



También había, como en cualquier comunidad, restaurantes, bares, herbolarios (donde se podían adquirir, entre otros remedios, polvos de diente de dragón o de cuerno de unicornio), guarderías, residencias de ancianos, asociaciones de ayuda intervecinal. Y ninguna autoridad, ni ley, ni policía. De eso se tendría que haber encargado China... Que la verdad nunca se molestó. Sólo en los años 70 la policía de Hong Kong realizó algunas intervenciones (ilegales, por cierto) dentro del recinto, planificadas como incursiones militares y en las que llegaron a participar 3.000 agentes. Tampoco había, por supuesto, planificación urbanística, salvo la norma de no construir por encima de los catorce pisos (por el tema de los aviones, como ya se ha dicho) y el acuerdo de que la instalación eléctrica estuviera descubierta para poder ser abordada en caso de incendio. Asi era Kowlong. Un lugar insalubre, y caótico, donde sus habitantes se hacinaban como ratas en su madriguera, con cables y tuberías cruzando como telarañas las estrechísimas calles, tamizando la poca luz que pudiera colarse hasta abajo.


No se planteen ir a pasar sus próximas vacaciones en Kowlong. Afortunadamente, ya no existe. En 1984 las autoridades inglesas y chinas se reúnene para tratar de terminar con el problema de la ciudad hormiguero, y en 1987 se firma un acuerdo de demolición. En 1991 termina el desalojo y reubicación de los habitantes de Kowlong, y en 1993 es destruida definitivamente.



¿Qué queda hoy de Kowlong? En el espacio donde se alzaba encontramos un parque construido en 1994, el Kowloon Walled City Park, un espacio amplio y luminoso, de estilo tradicional chino, con jardines, fuentes, lagos, y su pagoda y todo. Una verdadera ironía, teniendo en cuenta lo que antes se alzaba allí.




El caos cyberpunk de Kowlong sólo puede verse hoy en día en los documentales o fotografías que se hicieron en su día (recomiendo el libro "City of Darkness: Kowloon Walled City." de Ian Lambot y Greg Girard), en varias películas de acción que se rodaron en ella (Crimen Story de Jackie Chan; y Bloodsport de Jean-Claude Van Damme son las más conocidas). Tambiéno en vídeo-juegos de acción en los que se han recreado sus angostos, oscuros, sucios y siniestros pasadizos: Shenmue II o Call of Duty: Black Ops.

sábado, 31 de enero de 2015

Ciudades increíbles (I): Ann Arbor, ciudad de humanos y hadas




            Situada a 45 millas al Oeste de Detroit y 35 millas al norte de Ohio, Ann Arbor ("El cenador de Ana", nombre de la mujer de John Allen, su fundador) es la séptima  población más grande del estado de Michigan, con 114.024 habitantes (según datos del censo del año 2000). El 32% (38.892, según la fuente consultada) son estudiantes universitarios, ya que la población alberga la prestigiosa Universidad de Michigan. En el 2014 fue elegida "la ciudad más educada de los Estados Unidos"

            Pero lo que hace más especial a la población... es que en ella las hadas conviven abiertamente con los humanos. 


            Todo empezó en 1993, cuando el escritor de cuentos infantiles Jonathan B. Wright, escribió el libro “Who's Behind the Fairy Doors?" (¿Quién está detrás de las puertas de hadas?). Como muchos escritores infantiles (por ejemplo, Tolkien) gustaba de leer los borradores de sus libros a sus hijas, y para mantener la ilusión de éstas (y de paso evitar que se asustaran por los ruidos y quejidos de la vieja casa familiar en la que vivían, de casi cien años) colocó varias pequeñas puertas de hadas en la casa. En concreto, una en la chimenea y dos en la cocina. La cosa no hubiera pasado de ahí si un amigo de las niñas, al que siempre le hizo gracia la idea, no hubiera pedido (y obtenido) permiso para colocar su propia puerta de hadas doce años más tarde, en el año 2005, cuando abrió el Sweetwaters Café. Diez días después el dueño de la tienda "Peaceable Kingdom" siguió sus pasos, pero el dueño no se limitó a poner una puerta: construyó una réplica en miniatura de la propia tienda, cuyo interior se puede ver desde unas diminutas ventanas.

            La iniciativa recibió el apoyo municipal como una forma barata de fomentar el turismo, y aparecieron varias puertas de hadas en la biblioteca municipal. Igualmente Jonathan B. Wright prestó su apoyo a la iniciativa (que no dejaba de ser una excelente publicidad para sus libros) con una página web en la que explica el mundo de las "hadas urbanas" y presenta una guía para encontrar las diez puertas ("Fairy Doors") más famosas de la ciudad. 


            Así que ya sabe, si se pasa por la Universidad de Michigan, traígase a su hijo o a su nieto de corta edad... ¡Y dedíquense a buscar rastros de hadas!

            Más información en la web de Jonathan B. Wright: http://urban-fairies.com/